Cultura

El día en el que los animales del zoo eran... humanos

Una nueva exposición rememora la historia de los zoológicos humanos, atracciones turísticas no tan lejanas en el tiempo que atrajeron a miles de visitantes interesados en observar, alimentar o acariciar a africanos y aborígenes

Quién sabe si dentro de unos siglos, las futuras generaciones verán vejatorio que hoy en día los zoológicos actuales sigan confinando a centenares de animales salvajes en espacios ridículos.

Este sentimiento de rechazo es el que experimentamos hoy cuando nos obligan a sacar del pozo del olvido unas atracciones turísticas que hoy nos parecen tan insólitas como denigrantes: los zoológicos que exhibían seres humanos.

La etapa álgida de los zoológicos humanos se dio durante la década de 1870, y se extendió hasta los años treinta. Se trataba de exposiciones públicas en las que se exhibía a indígenas en las metrópolis europeas y también de los Estados Unidos. A esos indígenes se les solía exhibir en entornos que reproducían sus condiciones "naturales". A veces compartían espacio con otros animales.

La exposición Human Zoos: Putting People on Display, que se celebra en el Kuumba Imani Millennium Centre en Liverpool dentro del marco del festival Being Human, rememora esa barbarie costumbrista. Un conjunto de carteles y fotografías pretenden mostrar que "tales eventos se basaron en la ciencia falsa y racista y que ayudaron a justificar el colonialismo y las jerarquías entre los grupos étnicos", explica Charles Forsdick, miembro líder del Traslado de Culturas en la Universidad de Liverpool.

Durante el periodo entre la Primera y Segunda Guerra mundial, la popularidad de estos parques humanos se desvaneció debido a un creciente sentimiento anticolonialista. Sin embargo, la exhibición de africanos y aborígenes continuó siendo una realidad en las exposiciones y ferias internacionales hasta mediados del pasado siglo.

Un ejemplo, y quizá el más aterrador por su cercanía a la actualidad, es el belga. En 1958, la exposición universal tuvo por sede la capital de Bélgica, donde en un intento de mostrar todas las culturas del mundo se exhibió a familias enteras africanas en pequeñas jaulas de bambú.

Un total de 41 millones visitantes pudieron acercarse a observar, alimentar y acariciar a los prisioneros  . Nadie se alarmó ni levantó la voz contra aquella exhibición de humanos.

"Ahora, en un clima político global tenso, las fotografías y carteles de los espectáculos revelan la facilidad con la que el racismo puede normalizarse en la cultura popular" afirma Fordick, quien nos recuerda que " no nacemos racistas, sino que nos convertimos".

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