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¡Que vienen los guiris!

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“El objetivo ideal no es acabar con el turismo, sino no acabar como Venecia, convertida en un Disneyland del turismo”

Ricardo Dudda

08 Agosto 2017 10:29

Turista siempre es el otro. Lo mismo ocurre con la gentrificación. Uno viaja éticamente y toma té de matcha en Lavapiés de manera inofensiva, y escribe sobre cómo ha cambiado el barrio de su abuelo en un medio digital que nadie de su barrio leería. El debate sobre la turistificación de las ciudades en España era de esperar en un país tan dependiente del turismo. Lo ha abierto Arran, la organización política de jóvenes cercana a la CUP, con varias acciones reivindicativas y vandálicas en Barcelona, Valencia y Palma de Mallorca: bengalas, pintadas en autobuses de turistas, pinchazos de bicicletas y buses. En El Diario, Victòria Oliveres explica quiénes son y qué reivindican: “Sus ejes ideológicos son el independentismo, el feminisimo y el socialismo, por lo que se declaran anticapitalistas y tienen en su punto de mira, entre otros, la industria turística.” Aunque, como escribe Manuel Arias Maldonado en El Mundo, “es absurdo describir el turismo contemporáneo como expresión de la lucha de clases: el turismo es masivo porque la clase trabajadora viaja también.”

Los efectos materiales son escasos, pero el efecto simbólico enorme: se habla de turismofobia (es un término que considera que la crítica a la desregulación y el turismo sin control es equiparable a la crítica a todo el turismo), en los medios reaparece el término gentrificación (“la población original de un sector o barrio, generalmente céntrico y popular, es progresivamente desplazada por otra de un nivel adquisitivo mayor”), poco debatido en España. Pero antes hay que tener cuidado con el uso indiscriminado del concepto gentrificación. En CityLab, Richard Florida habla de un estudio que observa una enorme disparidad entre lo que es gentrificación para sociólogos y expertos y lo que es para los periodistas: “todavía es un término vago, impreciso y cargado ideológicamente.” Como ocurre con muchos conceptos, la prensa los usa porque se nos pegan, y no tanto porque sean rigurosos. En The Atlantic, Joe Cortright escribe que es más importante la concentración de pobreza en ciudades que la gentrificación, y cita varios estudios que reducen su efecto.

En El Mundo, Marta Ley explica con datos cómo ha cambiado el barrio madrileño de Lavapiés: la zona ha perdido un 11% de población desde 2010. “Los inmigrantes son los más desplazados, que pasan de ser el 33% de la población en 2010 al 24% en enero de 2017”. ¿Quiénes los sustituyen? Aunque no hay datos exactos de renta que nos indiquen si se ha producido una “elitización”, el nivel de estudios es un buen atajo: “en el barrio de Lavapiés-Embajadores los titulados superiores se han incrementado cerca del 9% en cinco años, cuatro puntos por encima de la media de la ciudad.” Pero hay un efecto que va más allá de la gentrificación: “‘No se trata de un proceso clásico de gentrificación’.  ‘El factor determinante es el turismo’, que, añade, desplazaría a los vecinos en favor de una población flotante.” Se va una población y la sustituye una no-población.

En España dependemos demasiado del turismo. En El Confidencial explican que uno de cada cuatro empleos creados en España en la lenta recuperación de la crisis son en el turismo. Y en Cataluña, Baleares y Comunidad Valenciana es casi un 40%. Pero los empleos son muy precarios: “En la época de temporada alta el 66% de los ocupados de entre 16 y 29 años tiene un contrato temporal, porcentaje que baja al 61% en temporada baja. Esto es casi triplicar el nivel de precariedad del conjunto de la economía, cifras que son inaceptables para un sector de tanto peso.”

El objetivo ideal no es acabar con el turismo, sino no acabar como Venecia, convertida en un Disneyland del turismo. Según Andrés Pérez Mohorte en Magnet, “desde 1950 hasta la actualidad, la ciudad (su casco histórico, la comuna incluye otras localidades en la Venecia continental y en las islas aledañas) ha perdido alrededor de ¡100.000 habitantes! Venecia es una ciudad en progresiva decadencia demográfica donde los turistas han sustituido (literalmente) a los vecinos, y que podría morir tan pronto como 2040.”

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