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Los últimos guerrilleros de España llevaban traje y escribían poemas en el monte

Se publica 'Cuaderno del paisaje', un libro donde el cineasta Ramón Lluís Bande cuenta la historia de la guerrilla republicana en Asturies

En la primavera de 1943 cuatro hombres trajeados —con el tiro alto y la corbata pequeña y ancha, como dictaba la moda de la época— comían en el monte con una familia de la zona y un fotógrafo, de nombre Constantino Suárez, cuya tarea pasaba por registrar aquel momento festivo.

El mantel era blanco, y en la imágenes se distingue lo que parecen copas, una jarra y una botella de sidra.

Si no fuera por este pequeño indicio, que indica que el encuentro tiene lugar en la turbulenta Asturies inmediatamente posterior a la Guerra Civil, podríamos pensar que se trata del pic-nic campestre de un grupo cualquiera de amigos. Que la fotografía es la imagen de una vida rutinaria.

Y en cierta medida lo era, porque aquellos cuatro hombres, conocidos como los Caxigales, eran guerrilleros antifranquistas que llevaban ya seis años en el monte tratando de salvar sus vidas y esperando la ayuda de los aliados internacionales, que nunca llegó, y los miembros de la familia eran los necesarios enlaces que los fugaos mantenían con la sociedad civil.

Según Ramón Lluís Bande, gran defensor de la memoria republicana y autor de películas como Vida vaquera o El nome de los árboles, así como del reciente ensayo cinematográfico Cuaderno del paisaje (Shangrila) , Constantino Suárez fue uno de los fotógrafos más importantes a la hora de representar la guerrilla que resistió al fascismo en el norte de España.

Suárez había acudido a Llaviana para inmortalizar la lucha de esos hombres , que aquel día decidieron vestirse de gala para enviar un molesto mensaje a la prensa extranjera —a quien incomodaba de forma creciente la existencia de guerrilleros en España, porque era una peligrosa prueba de la ilegitimidad de ese régimen franquista que los aliados toleraron primero y fomentaron después—.

En el momento en que fotografió a los Caxigales, a uno de ellos (Casimiro Álvarez) le quedaba un año de vida. A Manolín el de Llorío, otro de los fugaos, le esperaban aún dos años en el monte y 13 en prisión, y su experiencia de la guerrilla constituiría uno de los materiales fundamentales sobre los que trabaja Cuaderno del paisaje.

Los otros dos hombres eran los hermanos Manolo y Aurelio Caxigal, que serían asesinados por la Guardia Civil en los años 1950 y 1948 respectivamente, después de convertirse en figuras fundamentales de la resistencia antifranquista.

Cuando rodaba estas películas, Ramón Lluís Bande dio por casualidad con "El cuaderno del monte ", el manuscrito de unos poemas escritos por los hermanos Caxigal mientras combatían a las fuerzas golpistas en bosques y montañas.

Los textos, de clara raíz popular, habían estado olvidados hasta el descubrimiento de Bande, y según afirmó el cineasta en la presentación de Cuaderno del paisaje en Barcelona, la publicación de poemas como "Sucedió en Les Llinariegues" o "Canción" ya justifica por si sola la existencia del libro:

A la montaña elevada

por su ladera trepé,

allí refugio encontré

bajo una roca nevada.

¡Ay, ay, dolor!

Toda mi vida es amarga,

tras una grieta escondido,

todo lo más ocultado,

con el corazón helado,

duermo el sueño del rendido.

¡Ay, ay, dolor!

Madrugo por la mañana,

que es hora de vigilar,

alguna vez hay sorpresa,

corro como un venado

y me escondo en la maleza.

¡Ay, ay, dolor!

No hay más ruido

que el del viento

al chocar contra la roca,

alguna vez me sofoca

y hasta me quita el aliento.

¡Ay, ay, dolor!

Tan solo los pajaritos

son los que a mí me rodean,

alguna vez aletean,

como si fueran chiquillos.

¡Ay, ay, dolor!

Si es que al nacer y al morir,

que todos somos iguales,

para qué dejar vivir

a fascistas criminales.

¡Ay, ay, dolor!

Tras una reja sombría

tengo a mi madre y mi hermano,

por una lengua villana

que me ha de pagar un día.

¡Ay, ay, dolor!

En el libro ¿Qué fue la Guerra Civil? Nuestra historia explicada a los jóvenes, también publicacado recientemente, los pensadores Carlos Fernández Liria y Silvia Casado Arenas desmontan el mito de la equidistancia al respecto de la Guerra Civil: los dos bandos no fueron igualmente perversos, y tratar de situarse a la misma distancia de la víctima y del verdugo supone alinearse con el verdugo.

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Esto lo sabe bien Ramón Lluís Bande, cuyas películas sobre el tema —siendo tal vez la más destacada Equí y n'otru tiempo , en la que retrata con planos fijos los lugares en que la Guardia Civil asesinó a guerrilleros— adoptan siempre una posición en la que ética, política y estética son indistinguibles.

Como dice Bande en los diarios que también recoge en Cuaderno del paisaje, Manolín el de Llorío siempre resumía los 8 años que vivió huido, acosado por la Fuerza, dando golpes para poder comer y viendo caer a sus amigos, como "una vida pésima".

Y quizá nuestra responsabilidad ahora sea intentar —con la complejidad, el dolor y el respeto necesarios— recordarlo.

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