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Mapa de ideas para entender el 1-O desde la trinchera

Un referéndum, muchas perspectivas: 9 maneras de abordar el independentismo

Decir que estás a favor o en contra de la independencia no significa nada; tampoco que te definas como no nacionalista o que empuñes la democracia; o incluso que consideres legítimo o ilegítimo el referéndum. Son todas declaraciones vacías. Lo que importa es por qué estás a favor de una u otra, bajo qué conceptos categorizas tu posición política y cómo los articulas. Roland Barthes decía que el lenguaje es fascista: nos somete, habla por nosotros, nos obliga a decir cosas que no pensamos. Y cuando hablamos de política —cuando somos hablados por el lenguaje de la política— esto es todavía más importante, dado que se supone que nuestras declaraciones son performativas: acciones que persiguen un objetivo, que buscan operar un cambio, ya sea en la sociedad o en los demás.

Por todo ello, frente al debate por el referéndum del 1-O, quizá valga la pena que nos tomemos la temperatura, que diagnostiquemos nuestras propias concepciones, las sumisiones conceptuales, los apegos intelectuales. Si la pregunta es "¿qué, el referéndum?", el trasfondo de la respuesta debe pensarse por lo menos desde la intersección de tres ejes distintos: i) si esa cosa llamada "nación" existe, y qué implica su existencia o inexistencia; ii) qué es la política y cuáles son sus límites; iii) qué modelo de encaje territorial y convivencial escogemos.

Las diez posiciones que presentamos a continuación no son las únicas. Tampoco son unitarias: en muchos aspectos, algunas no deberían diferenciarse de las otras. Y los portavoces que hemos escogido quizá no sean los más representativos en todos los casos, aunque sí los que mejor tejen su discurso. Con todo, este abanico de opciones puede sernos muy útil para entender el tumultuoso momento que vivimos:

1.

Pau Llonch, la bestia horizontal

Activista, cantante de hip-hop y militante de las CUP, Llonch defiende una emancipación nacional y de las clases populares que reivindique el concepto de "patria" contra una interpretación esencialista y romántica de la misma. Su posición se podría resumir en un verso de Inadaptats: "'nación' es palabra solidaria si implica revolución". Como explicaba en su última intervención en La Klau, Llonch parte de la recepción republicana de la tradición socialista. Entiende la patria como una forma de fraternidad revolucionaria que busca romper con los vínculos de sumisión patriarcal. Emanciparse es "hermanarse horizontalmente", romper con las jerarquías verticales: el nacionalismo de izquierdas no solo no sería una contradicción, sino que sería la más fiel representación de la "bestia horizontal" de la que hablaba Robespierre.

Desde esta perspectiva, el patriotismo es reivindicar la incorporación a la sociedad de los excluidos, una defensa de  los derechos sociales. La política se extendería, pues, mucho más allá de lo institucional y lo parlamentario. El referéndum —y, en general, el proceso independentista— sería una oportunidad única para disputar la construcción de la nación, para tejer un estado más justo, más feminista, más tolerante con la diferencia.

2.

Manuel Delgado, la ciudad contra el ciudadano

El antropólogo Manuel Delgado es una de las figuras más controvertidas e incómodas de la izquierda catalana. Su defensa del referéndum prescinde totalmente del marco nacional. Afirma desear la independencia para poderse proclamar antinacionalista: para combatir el nacionalismo como mecanismo de homogeneización de territorios culturalmente diversos. De hecho, lo equipara a la religión, ya que su función social también sería de cohesionadora.

En su caso, la importancia del referéndum depende del hecho que permite romper la ilusión postpolítica: permite que emergan divisiones ideológicas y se reavive la lucha de clases. Delgado piensa contra lo que llama "ciudadanismo", contra el imperio de la sociedad civil y el espacio público. Se niega a que los individuos sean codificados como ciudadanos, entramados en un orden jurídico y reducidos a entes abstractos cargados de derechos y responsabilidades naturales: "el ciudadanismo eleva al individuo a su máximo nivel de eficacia simbólica como personaje conceptual, puesto que reconoce en él la imagen del ser humano desnudo, sin atributos, desfilando, solo cúmulo de potencialidades de acción y desarrollo".

La ciudad es un espacio de violencia y exclusión, donde la "pluralidad" no convive armónicamente, ni se puede blanquear mediante la idea que todos somos "libres e iguales". Por ello, dado que la preocupación de Delgado es la justicia social, entiende el independentismo como una movimiento disruptor que puede romper con la ilusión postpolítica y confrontar seriamente la desigualdad que esconde nuestro ordenamiento social.

3.

Núria Alabao, el aplazamiento de la política

Periodista y activista, Alabao es quien mejor ha tejido un relato de izquierdas que se oponga al proceso independentista. Si Guillem Martínez, con sus crónicas desde el parlamento, ha documentado la evolución de la política catalana, es ella quien ha puesto las ideas que vertebran un contrarrelato a la visión revolucionaria y desobediente del movimiento secesionista. Su posición podría resumirse con la imagen que sirve de pórtico a uno de sus artículos en CTXT: una figura oscura barriendo la corrupción, el fraude y el clientismo de la clase política bajo la estelada. Lejos de ser una opción rompedora, una oportunidad única para romper con el régimen del 78 y la cultura de la transición, el proceso de construcción nacional implicaría una suspensión de la política real: se configura como una guerra cultural que conlleva la exclusión de las clases populares.

Alabao no solo rechaza el potencial subversivo de la "patria", sino que defiende que se trata de un marco teórico que falsea el debate, facilitando el aplazamiento de las cuestiones sociales, así como el blanqueamiento de los partidos tradicionales bajo una nueva marca ideológica. El "procés" como eterno día de la marmota, y el referéndum como una estrategia de dilación que la única brecha que es capaz de abrir es aquella que permitirá a las élites encontrar una salida y refundarse.

4.

Jordi Graupera, lealtades posnacionales

Profesor de filosofía y tertuliano radiofónico, Graupera puede considerarse uno de ideólogos del actual referéndum del 1-O: fue de los primeros en señalar la necesidad de legitimar el proceso de independencia con un referéndum que pusiera el derecho de autoderminación en un primer plano. Para él, se trata de una opción pragmática. La votación provocará que el conflicto con el estado deje de ser entre dos autoridades para pasar a ser entre legalidad y legitimidad: "la legitimidad es el nombre que la libertad da a su encarnación política, el fondo de la cosa. La autoridad es la forma de su ejercicio práctico. En democracia, fondo y forma se dan la razón mutuamente, excepto en el momento originario, cuando el fondo prevalece sobre la forma".

Graupera no asume la nación como marco teórico, sino que plantea el debate desde el marco liberal del derecho de autodeterminación. Para hablar del caso catalán, utiliza el concepto de "posnacionalismo". Niega que la patria pueda ser delimitada, que la identidad nacional pueda ser uniforme y claramente identificable: "no creo, en definitiva, en ninguna metafísica nacional". Sin embargo, inspirado por Richard Rorty y la convicción que los problemas de justicia son también problemas de lealtades, entiende que, para mayor justicia, la reconfiguración territorial debe depender de las lealtades escogidas.

5.

Enric Juliana, el caballero del Verde Gabán

Eterno corresponsal de La Vanguardia en Madrid, Enric Juliana es la encarnación política del gris, del equilibrio, del posibilismo. ¿Qué piensa Enric Juliana? ¿En qué posición debemos adscribirlo? Nunca se sabe. Tras el estallido de la crisis en 2008, escribió Modesta España. Paisajes después de la austeridad, un libro que iba más allá de la contingencia económica y, a través de los personajes del Don Quijote, planteaba distintas figuras que podían servir como arquetipos de comportamiento político. Especialmente destacaba el caballero del Verde Gabán, un personaje que rehuía el idealismo y se desentendía de la persecución de una edad de oro pasada: prefería mirar el presente y el futuro. Así, frente a la locura cómica de los nacionalismos, Juliana propone la discreción; frente a la megalomanía, equilibrio de poder.

Aunque en nuestro imaginario esté asociado a la derrota, al encogimiento y a la pobreza de espíritu, la modestia sería la virtud política por excelencia. "La solución definitiva no existe" - dice Juliana sobre el referéndum-, pero si es posible un nuevo equilibrio vendría de la mano de Europa". Cada vez más cercano al espacio político de Podemos, ante el referéndum Juliana sigue habitando un claroscuro político, lo que muchos llamarán "equidistancia".

Para él, la política es pacto, es acuerdo. Es principalmente parlamentarismo y civilidad. En una de sus últimas intervenciones, llamaba a desdramatizar Catalunya: menos idealización, más caballero del Verde Gabán.

6.

Victòria Camps, el federalismo es más que una federación

Catedrática emérita de filosofía moral y senadora por el PSC entre 2002 y 2008, Victòria Camps es un referente tanto político como teórico del federalismo. Fue una de las figuras que lideró Federalistes d'esquerres, una asociación nacida en 2012, en los primeros compases del proceso independentista, que se erigía como una tercera vía no rupturista que apostaba por una reforma de la Constitución que "permitiera desarrollar un sistema federal en base a los principios de la cooperación, la lealtad institucional y la solidaridad entre los pueblos de España."

Sin embargo, para Camps la propuesta federal no es solo una solución de contingencia que pretenda salvar la situación. La estructura jurídico-constitucional es necesaria, pero no suficiente. En su libro ¿Qué es el federalismo?, recuerda que etimológicamente se refiere a la construcción política de la confianza mediante el pacto entre iguales. La descentralización de la soberanía, que es la forma institucional del federalismo, responde a "la formulación de la unidad en la diversidad cultural y nacional, fundada en identidades no excluyentes, conforme a los principios de libertad, igualdad, fraternidad y cooperación".

Camps lanza su propuesta contra la interpretación jacobina de la nación y la fraternidad que erige una sola soberanía como representante del pueblo. Es fácil ver que el referéndum de autodeterminación, desde esta perspectiva, no puede ser sino un instrumento para mantener separado lo diverso.

7.

Félix Ovejero, la república contra cromagnon

Profesor de economía, ética y ciencias sociales y uno de los fundadores de Ciudadanos, a Félix Ovejero podemos ubicarlo en el espacio que media entre liberalismo político y republicanismo. " El republicanismo puede caracterizarse como una doctrina que reivindica una reconceptualización del concepto de libertad, en lucha permanente contra la tiranía, una dignificación de la política como medio natural de autogobierno democrático, y un rescate a una idea de virtud ciudadana como motor fundamental del engranaje político de un Estado." Aunque, como él mismo resume en 'Republicanismo: el lugar de la virtud', si el liberalismo tiende a atrincherar los derechos frente a la democracia, el republicanismo corre el riesgo contrario: amenaza con suprimir libertades por querer maximizar la virtud.

El nacionalismo es precisamente la exacerbación de una visión política particular que amenaza con suprimir las libertades en nombre de una supuesta virtud que trasciende el marco político que permite la convivencia. Es una ideología reaccionaria y excluyente, incompatible con la democracia: esta se funda tanto en la libertad como en la igualdad entre los ciudadanos. En este sentido, Ovejero es tajante: "no es que el nacionalista, de pronto, se comporte mal. El mal está en su naturaleza."

Como explica en 'Contra Cromagnon', la secesión —que es lo que se busca mediante el referéndum de autodeterminación—, solo estaría justificada ante una situación de injusticia. Sin embargo, como él mismo ha explicado en multitud de artículos, el independentismo catalán construye sus reclamaciones sobre un fantasía que ha terminado por permear la opinión pública: ni su identidad cultural ha sido ignorada y despreciada, ni son una amplia mayoría, ni están explotados económicamente. Así, no es solo que las reclamaciones de independencia carezcan de fundamento social, sino que además no existe hecho diferencial alguno que justifique una propuesta federal. No hay asimetría.

8.

Juan Ramón Rallo, el derecho del individuo a decidir

Profesor de economía y director del Instituo Juan de Mariana, Rallo adopta una de las posiciones más heterodoxas del panorama aquí expuesto, dado que se ajusta una perspectiva teórica que se desentiende de apegos e identidades. Fiel a su visión liberal, estructura el debate mediante una simple oposición: la que se da entre las reclamaciones de soberanía nacional y las reclamaciones de soberanía individual. 

Como no puede ser de otra forma, Rallo escribe contra soberanía nacional.  Lo deja claro: "el sujeto de derecho no es el grupo, arbitrariamente definido, sino la persona". Por ello, rechaza que la soberanía resida tanto en la nación española como en la nación catalana, y entiende que el ordenamiento jurídico no debería ser un candado estructural: "cualquier persona debería disponer de la opción de secesionarse del Estado español y coaligarse voluntariamente con otros individuos para conformar su comunidad política independiente".

Sin embargo, y a pesar de su defensa del derecho a la libre asociación, no considera que el referéndum del 1-O sea una opción sensata: no se puede forzar unilateralmente la secesión situándose al margen del contexto institucional vigente. Lo que se tiene que hacer es modificar ese orden para que permita el respeto a tal derecho.

9.

Cayetana Álvarez de Toledo, constitución contra la barbarie

Miembro del patronato de la Fundación FAES y diputada del PP entre 2008 y 2015, Cayetana Álvarez de Toledo propone una defensa furibunda del orden constitucional vigente. En uno de sus escritos, recuerda la frase del historiador John H. Elliott: "quizá más que una reforma constitucional lo que necesita este país es una cura de autoestima". Una idea -la de la bajo autoestima de la nación española- que puede recorrerse en la historiografía, desde la Mater dolorosa de Álvarez Junco hasta La dejación de España de Helena Béjar. Álvarez de Toledo rubrica esta idea: "la cura de autoestima del nacionalismo es el independentismo. El de la nación cívica, la verdad y la ley".

Contrapone el patriotismo constitucional a un nacionalismo bárbaro y vulgar, que sería el que predominaría en Cataluña. El nacionalismo sería una involución política hacia formas incivilizadas de hacer política, una falta de civilización que identifica con lo campestre. Como afirma en su artículo en El Mundo, "también la violencia ha asomado sobre sus sucias cabezas. El campo ha culminado su conquista de la ciudad." El nacionalismo es una ideología cuya culminación es la guerra: se basa en el victimismo, pero es él quien deja víctimas a su paso.

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