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Según esta teoría, Bob Dylan podría no haber leído ‘Moby-Dick’, uno de sus libros favoritos

El cantante leyó extractos del clásico de Herman Melville en su discurso de entrega del Premios Nobel, pero algunas partes no aparecen en el libro original

En su momento, la noticia de que el Nobel de Literatura iba a concedérsele a Bob Dylan causó mucho revuelo —aquí mismo, recogimos las reacciones más bestias que suscitó la decisión de la Academia Sueca—.

Pese al tumulto, las cosas siguieron su orden natural: el jurado del Nobel se mantuvo firme; Dylan aceptó la distinción; se ofició una lectura donde el cantante repasó los pasajes de sus lecturas predilectas, entre las que se contaban La Odisea o Sin novedad en el frente de Remarque.

Oh, y también de Moby-Dick. O algo parecido a Moby-Dick.

El primero en notar que lo pasajes de Moby-Dick que leyó Dylan no eran, digamos, ortodoxos, fue Ben Greenman. “Había un párrafo en concreto que no recordaba haber leído nunca”, escribe Greenman, que corrió a consultar el libro original de Herman Melville. “No encontré ese pasaje. Mire otra edición, y tampoco lo encontré”. ¿Kindle? Ni rastro, asegura Ben en su blog.

Esto puso en alerta a la periodista Andrea Pitzer, de Slate, que inició una investigación con un resultando sorprendente: al parecer, Dylan habría utilizado una versión resumida de Moby-Dick que puede encontrarse online en SparkNotes, una página web literaria para millenials.

¿Dylan tirando de Cliffs Notes? ¿De un resumen online para estudiantes a lo Rincón del Vago, en lugar de ponerse a rebuscar entre su biblioteca? Qué queréis que os diga: yo quiero vivir en un mundo así. Las pruebas que aporta Pitzer son consistentes –las comparaciones entre el speech de Dylan y el resumen de SparkNotes hablan por sí solas–; aún así, Dylan todavía no ha confirmado ni desmentido la ‘acusación’ de la periodista.

Los que sí han emitido ya su juicio son los medios de comunicación, que, a raíz del hallazgo de Slate, han empezado a informar masivamente de la polémica utilizando la palabra 'plagio'. Podemos ir incluso más lejos, y elucubrar sobre si Dylan ha leído o no Moby-Dick; también podemos reflexionar sobre si los que hemos leído una traducción de la obra maestra de Melville podríamos ser, eventualmente, acusados de lo mismo. El debate que genera la pieza de Slate, sin embargo, es otro muy distinto.

Por un lado, que existe una policía-de-la-cita-literaria, capaz de localizar si un pasaje de libro existe o no. Si un extracto ha sido modificado. O inventado. “Esa frase no estaba en Moby-Dick”. Un libro de 200.000 palabras. Acordarse de todas. Ser lector a tiempo completo. Repito: yo quiero pasar el día y la noche en un mundo así.

Por otra parte, Bob Dylan se ha marcado un buen tanto. Si su elección por parte del jurado del Nobel marcó el fin de la distinción académica entre baja y alta cultura, su discurso sigue la misma línea. El compositor de Like a rolling stone, si damos por buena la tesis de Slate, ha demostrado volver de allí cuando todos estábamos yendo. Se ha tomado la preparación de su speech como se prepararía un adolescente un examen de literatura: tirando de Cliffs Notes online, poco sudor, y dedos cruzados para que nadie le descubra.

En plan,

Yes, here’s the story of the Hurricane

The man the authorities came to blame

For somethin’ that he never done.

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