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Por qué cientos de miles de personas siguen leyendo 'El guardián entre el centeno' cada año

Algunos usuarios de Reddit discuten sobre la imposibilidad de explicar por qué esta obra de Salinger genera tanta devoción

Pasar más de tres horas con un adolescente que dice frases como “me alegro de que inventaran la bomba atómica: así si necesitan voluntarios para ponerse debajo cuando la lancen, puedo presentarme el primero” no parece el mejor de los planes.

Y, aun así, cada año 250.000 lectores de todo el mundo compramos El guardián entre el centeno —el año pasado yo mismo se lo regalé a mi primo de 14 años— y otro número de personas, literalmente incalculable, lo volvemos a leer.

De hecho, quien ha leído esta popular obra de J.D. Salinger durante su adolescencia, sabe que ésta es la edad óptima para acercarse a El guardián entre el centeno: la empatía con las aparentemente nimias tribulaciones de Holden Caulfield alcanza su mayor grado entre los 15 y los 20 años.

Dicho en palabras del periodista español Iñako Díaz-Guerra: “Identificarte con un intensito eminentemente gilipollas como Holden es inevitable y hasta deseable a los dieciocho, pero sería patético con treinta y ocho. Mejor no probar”

Lo de la identificación durante la adolescencia es algo normal. Salinger hace saber a quienes lo leen que lo que están viviendo es un proceso, si no normal, extensible a otras personas de su edad. Da una respuesta velada al cambio social, físico y mental del adolescente.

En lo velado del planteamiento es probable que esté la respuesta a un debate que se ha generado recientemente en un hilo de Reddit: “No puedo explicar por qué me parece tan bueno El guardián entre el centeno”, eran las palabras con las que el usuario titulaba su teoría.

“Igual que la única forma de explicar una emoción es el nombre de la emoción, la única forma de explicar El guardián entre el centeno es El guardián entre el centeno, cualquier otro análisis es absurdo”.

Para muchos usuarios, se trata simplemente de un sentimiento irracional: “No supe explicar por qué me gustó tanto en su día y no sabría explicarlo ahora porque no hay una forma coherente”, dice uno.

Y añade otro: “Es muy difícil de explicar. Analizarlo es inútil. El libro transmite una emoción inexplicable, una emoción que nunca he visto en ningún otro libro”.

La madeja de comentarios termina por convertirse en un punto de encuentro de opiniones similares: todos coinciden en que la mayoría de las personas de su entorno consideran El guardián entre el centeno un libro sobrevalorado.

¿Por qué, entonces, un libro sobrevalorado y de consumo apropiado para adolescentes sigue generando artículos entre adultos y ocupando un lugar visible en la librería de todo hijo de vecino?

El malditismo que rodea a la novela sería, sin duda alguna, uno de los reclamos más atractivos entre potenciales y morbosos lectores: Mark David Chapman, tras cargarse a John Lennon dijo: “Estoy seguro de que la mayor parte de mí es Holden Caulfield. El resto de mí debe ser el Diablo”.

John Hinckley Jr., que intentó matar a Reagan, estaba obsesionado con el libro; Sirhan B. Sirhan lo llevaba cuando trató de asesinar a Robert F. Kennedy; igual que Robert John Bardo cuando disparó a quemarropa a Rebecca Schaeffer.

Que el libro estuviera vetado durante tanto tiempo en Estados Unidos y que el profesorado de las escuelas se dividiera entre quienes lo prohibían y entre quienes lo incluían en su programa, también es una circunstancia que ha servido para generar interés.

Otra razón sería la que esgrime Enric González en un artículo que coincide con el medio siglo de vida del libro: “El misterio que envuelve a Jerome David Salinger, el autor, contribuye sin duda al éxito continuado de esa novela breve e inquietante”.

En la misma pieza, González alude a otra posibilidad: “El protagonista de El guardían entre el centeno mantiene su extraña pureza juvenil, generación tras generación, y no deja de atraer devotos”.

No es casualidad que el autor de Memorias Líquidas use una palabra como "devoto", de origen y significado religioso. Porque así es como se quiere y se defiende a El guardián entre el centeno: con la ceguera y la pasión de quien ama a Dios.

Con la certeza de que no hay por qué saber explicar un sentimiento.

salinger

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