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Estafas, fiestas y pasteles: ¿Fue María Antonieta un “monstruo femenino”?

La otra cara de la mujer que perdió la cabeza por Francia

Como sabía Auguste Dupin, el famoso detective de Poe, no hay mejor forma de esconder algo que dejarlo donde todo el mundo pueda verlo.

De la misma forma, la manera de que nunca se sepa la verdad sobre un asunto podría ser hablar constantemente de él.

O al menos, así parece sugerirlo el caso María Antonieta: a pesar de las toneladas de libros que se publican cada año sobre la controvertida reina de Francia, pocas cosas nos quedan claras sobre ella.

Los testimonios dudosos, las arengas interesadas ideológicamente y las leyendas que la han rodeado desde su trágica muerte hacen que sea muy difícil distinguir la verdad de la ficción.

¿Fue una ninfómana entregada a todo tipo de lujos obscenos? ¿Fue una incomprendida que buscaba solamente el cariño de sus semejantes? ¿Una déspota cuyos tejemanejes políticos aceleraron la caída de la monarquía gala? ¿Una cabeza de turco? ¿Una víctima del machismo tanto de revolucionarios como de conservadores?

Según revela el libro María Antonieta contada por los que la conocieron, publicado recientemente en los Cahiers Rouges de la editorial Grasset, posiblemente haya un poco de todo ello.

Al poco de llegar a la corte de Versalles los nobles franceses ya la apodaron como "l'Autrichienne", un juego de palabras entre "la austriaca" y "l'autre-chien", es decir, la otra perra.

María Antonieta de Austria, hija del emperador Francisco I del Sacro Imperio Romano Germánico, se casó con tan solo 15 años con el delfín del trono francés, el futuro Luis XVI.

Sobre las fuerzas que han deformado su historia hasta hacerla irreconocible, quizá el dato más revelador sea que al poco de llegar a la corte de Versalles los nobles franceses ya la apodaron como "l'Autrichienne", un juego de palabras entre "la austriaca" y "l'autre-chien", es decir, la otra perra.

Se ha dicho en diversas ocasiones que el enorme descrédito de María Antonieta ante sus súbditos fue uno de los principales desencadenantes de la Revolución Francesa y, quizá por ello, resulta irónico que los que primero la rechazaran fueran los viejos nobles.

Quizá por una falta de tacto, quizá por una sencilla ingenuidad, en cuanto llegó a Versalles la futura reina se rodeó de una camarilla de jóvenes hombres y mujeres de todo el reino, lo que hizo que la antigua corte del Rey se viera despreciada y comenzara a odiarla.

Muchos de estos cercanos amigos (y algunos enemigos) son los que nos han dejado el verdadero testimonio de María Antonieta y de su época: gente como la baronesa de Oberkirch, autora de las Memorias de la corte de Luis XVI; Madame Vigée Le Brun, la pintora oficial de la reina; el duque de Croÿ; Madame Campan, primera ayuda de cámara de la reina, o la fiel duquesa de Tourzel (que nunca abandonaría a María Antonieta, ni siquiera en sus momentos más bajos) componen entre todos un cuadro contradictorio y cambiante que arroja luz sobre el complejo personaje de la reina.

Es difícil no simpatizar hasta cierto punto con una niña que es enviada a un país extranjero para casarse con un muchacho enfermizo e impotente.

Es precisamente esta Madame Campan quien da cuenta de la vida sexual de la pareja real. Según afirma en sus memorias, los monarcas franceses pasarían 7 años casados antes de consumar su matrimonio a causa de una "malformación" de los genitales de Luis XVI que tardó demasiado tiempo en operarse.

Es difícil no simpatizar hasta cierto punto con una niña que es enviada a un país extranjero para casarse con un muchacho enfermizo e impotente.

Con la muchacha hundida en mitad del tedio supremo de rituales, miriñaques y reverencias que solo quiso divertirse.

Y si a esto le sumamos el liberal ambiente sexual de la nobleza francesa del siglo XVIII, los malos consejos de sus familiares austriacos y del embajador imperial en París —que llevaría a que se acusara a María Antonieta de ir en contra de los intereses galos—, su evidente ingenuidad política y el machismo de la época ( en palabras de la libertina Théroigne de Méricourt, "lo más parecido a un machista conservador es un machista revolucionario"), está claro que María Antonieta fue una inocente decapitada por las expectativas de una sociedad que se juzgaba a sí misma.

Pero ¿esto fue así de verdad?

Según se deja ver en María Antonieta contada por los que la conocieron, la realidad no resulta tan sencilla.

Aunque no hay pruebas que indiquen que María Antonieta tuviera multitudinarias relaciones lésbicas con sus cortesanas, como se le ha atribuido en repetidas ocasiones, lo que sí parece bastante probable es que tuviera una vida sexual al margen de su fallido matrimonio.

Tampoco se cree que María Antonieta fuera la estúpida inconsciente que nos han presentado en muchas ocasiones, sino que parecía ser inteligente y encantadora.

En el volumen publicado por Grasset encontramos por primera vez las cartas de amor que cruzó con el Conde Fersen, y en ellas no queda duda de que mantuvieron una intensa relación amorosa (que, de hecho, algunos consejeros del rey quisieron utilizar para que este se divorciase de la reina cuando la reputación de la pareja ya estaba por los suelos y los revolucionarios amenazaban su seguridad).

Tampoco parece que María Antonieta fuera la estúpida inconsciente que nos han presentado en muchas ocasiones, sino que parecía ser inteligente y encantadora, como demuestra su muy buen conocimiento de las distintas artes. Su juicio artístico era muy respetado y de hecho tuvo un papel fundamental en la financiación de diversos proyectos teatrales

Igualmente, sí que parece que estuvo envuelta en muchos de los asuntos políticos que ocasionaron la caída de Felipe VI. Independiente, agresiva y bastante impulsiva, destituía ministros, encerraba a cardenales y causaba fascinación y odio a partes iguales.

¿Dijo María Antonieta la infame frase "si no tienen pan, que coman pasteles" cuando el pueblo de París se moría de hambre?

Influía mucho a su timorato marido, y aunque nunca se supo qué parte de las decisiones reales provenían de ella, los cortesanos creían que muchas de las desafortunadas acciones impulsadas por Luis XVI se debían a las ideas de la reina.

¿Dijo María Antonieta la infame frase "si no tienen pan, que coman pasteles" cuando el pueblo de París se moría de hambre?

Por lo que sabemos, no. Es una frase que se le atribuyó después, ayudando a colorear ese mito machista del "monstruo femenino" que se crearía a posteriori.

No deja de ser curioso que los dos grandes eventos que hicieron la figura de María Antonieta más odiosa para los ciudadanos franceses fueran construcciones ficticias: la reina no dijo la frase de los pasteles y tampoco tuvo nada que ver con el "escándalo del collar" (un complot multimillonario urdido por una estafadora de remoto parentesco con la familia real que salpicó de forma espectacular a altos cargos de la Iglesia, al joyero real y a los monarcas), aunque sí es cierto que fue la mala gestión del asunto lo que acabó por minar la popularidad de Luis XVI y su esposa.

Quizá nunca podamos distinguir entre el personaje legendario y la persona física que fue decapitada un 17 de octubre de 1793: está claro que todos los que hablaron sobre ella tenían sus propios intereses, y que la reina "austríaca" poseía también sus luces y sus sombras.

Sin embargo, por lo que libros como María Antonieta contada por los que la conocieron tienen valor es porque nos hacen preguntarnos si su propio proyecto es posible.

Y quizá solamente el hecho de que podamos hacernos esta pregunta ya sea una victoria.

María Antonieta contada por los que la conocieron

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