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Joaquín Sabina es el peor poeta que le podía haber pasado a España

Este 2017 Joaquín Sabina sacará un nuevo disco, pero desde aquí le pedimos que, por favor, no publique más libros de poesía

Lo que no voy a decir es que Joaquín Sabina es el peor poeta de España, entre otras cosas porque sabe medir los endecasílabos, y también porque eso sería imposible de valorar, ya que son tantos los poetas malos que hay en este mundo que hacer un ranking por abajo sería sin duda un atrevimiento.

Sin embargo, de entre los poetas malos, pocos han llevado la mediocridad poética tan lejos, con tanta medianía y tanto savoir faire como Joaquín Sabina. Esto es sin duda una virtud, sobre todo cuando lo que se desea es llegar al mayor número de personas y penetrar en ellas como una aguja aceitada en un bizcocho (piense en la inexistente marca que deja, la facilidad con la que opera, la ternura del paciente). Pero también supone una tropelía ante la tan extendida idea de que las ventas miden con sus cifras la calidad. Y más ahora, que la opinión pública es más democrática que nunca.

Por eso mismo creo que es necesario mencionar-recordar de vez en cuando ciertas cosas. Por ejemplo la siguiente: La poesía de Joaquín Sabina es muy pero que muy mala.

Algunos dirán que estoy en mi derecho de decirlo, pero que por qué se me ocurre afirmar que es el peor poeta que le podía haber pasado a España.

Y yo les diré que es porque su poesía es muy peligrosa, porque es mala, muy mala, pero no es lo suficientemente mala como para que la gente no pueda decir que le gusta sin resultar absolutamente ridícula.

Y es que sus poemas están correctamente escritos, sin faltas gramaticales y adornados de vez en cuando con palabras que al común de los mortales le resultarán poco menos que exóticas. Poemas vacuos en su justa medida, con el mensaje claro como un prospecto. Profundos pero seguros, como una piscina para bebés. Cursis y algo horteras como marca la tradición popular. Graciosetes y algo irónicos, sin piruetas, como un buen chascarrillo de bar. Cipotudos también, ¿a que sí? Y además, con rima, nada menos que sonetos, perfecto envoltorio intelectualoide para que cualquiera se lo trague sin preguntar y corra a aplaudir al gran vate de Úbeda.

¿Se dan cuenta de lo peligroso que es esto? Es un arma imparable. Como una enfermedad prácticamente indetectable, penetra en el aparato cultural español y ahí se queda, limando, entre disco y disco, entre concierto y concierto, cavando y cavando cada vez un agujero más grande en el que pueda caber Marwan, Diego Ojeda, Luis Ramiro, Rayden, y el etcétera es tan largo que me quedo sin palabras.

Joaquín Sabina es a la poesía lo que El Club de la Comedia a la comedia. Al principio te ríes. Te metaríes. Pero después tienes a Dani Rovira presentando tres galas de los Goya, a Leo Harlem anunciando tres marcas de jamón distintas y a un gallego protagonizando Gym Tony. Y entonces te preguntas, ¿qué ha pasado?

En la comedia no lo sé. Pero en la poesía, cuando alguien con tamaña fama, tan buena reputación dentro de la música (y de la cultura), con tan buenos referentes, tan buenas amistades y tan buena presencia, cuando alguien tan respetado introduce en el mercado de la poesía (que es un género representado por todo lo contrario a lo que representa Joaquín Sabina) una poética tan justamente mediocre, tan medidamente plana, tan bien camuflada y tan eficazmente pop, acaba por rebajar los términos de la poesía de la misma forma que el agua del grifo, con su dureza del veinte o del treinta, rebajaría un vaso de Grey Goose. O de un buen whiskey, si el que lo tuviese entre las manos se llamase Ángel González.

En fin, como músico y letrista no lo sé, pero como poeta, como el propio Joaquín Sabina dice: “escribe siempre la misma canción”.

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