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Ricardo Cavolo: vagabundos humildes y putas brillantes para explorar la periferia

Ricardo Cavolo publica ‘Periferias’, una oda a “lo otro”

“Ayúdenme, por favor; sólo quiero un bocadillo y un café con leche”, dice Rafael. “La vida en la calle es muy dura: tengo que buscar comida en la basura. Rebuscando en los containers, muchas veces me encuentro con mierda de perro”.

Si sé que se llama Rafael, es porque nos lo ha dicho —a mí y al resto de tripulantes del vagón de metro— al principio de su espontánea intervención. También, en repetidas ocasiones, nos pide disculpas por estar causándonos molestias con su speech.

A mí —como al resto de tripulantes— me va la vida en no alzar la vista, por aquello de morirme de la puta vergüenza. En lugar de levantar los ojos, los mantengo fijos en la página 201 de Periferias; la página que Ricardo Cavolo, autor del libro, dedica al cangrejo yeti.

Aunque mi cabeza no está en la 201; está 130 páginas atrás, en la 71.  

“Los indigentes son los guardianes de la noche”, escribe allí Cavolo. “Cuidan de la ciudad cuando las sombras se apoderan de las calles y luchan contra las bestias primigenias venidas del este cuando se esconde el sol”, añade. “Por pura humildad, nunca dirán ni una palabra de este hecho”.

En Periferias, el artista Ricardo Cavolo construye una guía de lo marginal —humano, geográfico, animal, vegetal—, en la que los datos objetivos y empíricos se mezclan con otros puramente fantasiosos. Así, los kiwis nacieron cuando “una singular piedra se hartó (…) y decidió convertirse en (…) un ser ligero, con plumas, y que vuela”; las prostitutas callejeras, por su parte, tienen una estrella asignada que, al dar con ella durante “esas interminables esperas nocturnas en la calle mirando al cielo”, les hará encontrar “un modo de cambiar de vida de manera instantánea . Una nueva vida que la haga más feliz y brillar como una estrella en el firmamento”.

La mirada de Cavolo, ¿es miseria convertida en circo de tres pistas o realismo mágico a lo García Márquez?  

“Respeto que alguien piense que el libro frivoliza ciertas problemáticas, pero no lo comparto en ningún caso”, responde Ricardo Cavolo. “Hay que tener muy pocos dedos de frente para no darse cuenta: mi libro es un ejercicio de amor y cariño absolutos. No me gusta la situación que se vivía en la Jungla de Calais, por ponerte otro ejemplo del libro; y ojalá que esa gente tenga la mejor vida posible”, añade. “Pero con Periferias, sólo he intentado coger todo eso y, de forma proactiva, crear algo bello”.

“Y sí: confieso que me encantan Big Fish, Emir Kusturica y Gabriel García Márquez”.

Acogiendo entre sus páginas a homosexuales africanos, a la comunidad trap, y a mujeres soldado kurdas, es tentador, conociendo tan solo su premisa, acusar a Periferias de apropiación cultural; más aún, si se desconocen los orígenes de Cavolo. “Estuve diez años viviendo con gitanos”, apunta, sobre una etnia a la que también le dedica espacio en su libro.

“Mis padres se divorciaron cuando yo era pequeño. Cada uno rehízo su vida, y mi madre la rehízo casándose con un hombre gitano”, me cuenta Ricardo. “Así que mi padrastro era gitano, y nosotros dos, mi madre y yo, pasábamos mucho tiempo con su familia. La mayor inmersión fue cuando ella se fue a vivir a una barriada de gitanos en Salamanca; a un pequeño poblado llamado Ciudad Rodrigo”.

He vivido en sitios donde no había cuarto de baño y tenías que ir bajo un puente a hacer tus necesidades. Me he bañado en barreños y he ido a la Cruz Roja a pedir comida. Las ‘periferias’, además de interesarme, han sido mi hogar

“He vivido en sitios donde no había cuarto de baño y tenías que ir bajo un puente a hacer tus necesidades. Me he bañado en barreños y he ido a la Cruz Roja a pedir comida. Las ‘periferias’, además de interesarme, han sido mi hogar”.

De la periferia, como hizo Ricardo, se sale; pero la periferia rara vez sale de uno. “Hay gente que le gusta pasar horas mirando Instagram”, dice Cavolo, “pero yo prefiero pasarlas buscando información sobre tribus del Nepal que comen monos”.

Además de clavar las rodillas en el extrarradio, en Periferias también hay espacio para los artistas que habitan los márgenes, como el dibujante Robert Crumb o el escritor H.P. Lovecraft. “Nunca encontré a nadie que quisiera jugar conmigo a La Llamada de Cthtulhu, el roleplay basado en el universo de Lovecraft”, rememora Cavolo, sobre aquellos días en los que armaba partidas de Dragones y Mazmorras y plastificaba cartas de Magic.

“Para mí, el género espada-y-brujería es un pilar absoluto”, confiesa el ilustrador. Esa obsesión por los hechizos y el acero cubierto de sangre tiene su origen, me cuenta Ricardo, en los estantes de casa de su padre, el también artista Álvaro García-Miguel. “Él tenía cómics de Crumb en casa; pero, sobre todo, de Conan el Bárbaro. Conan supuso mi primer acercamiento al cómic: sin siquiera saber leer todavía, devoraba esas páginas en blanco y negro”.

Con los años, los cómics de Conan y Crumb empezaron a chocar, a lo bruto, con el barroco de Caravaggio y, muy especialmente, con el arte románico. “Esos colores bestias y salvajes me encantan”, asegura Cavolo, “y me inspira mucho más Beato de Liébana o el arte tribal que cualquier ilustrador contemporáneo”.

Cavolo lleva su desinterés por el arte moderno hasta las últimas consecuencias: el único tatuador en el que confía tiene 85 años, vive en Montreal y se llama Tony Danesa. “No puedes llevarle un diseño para que te lo tatúe, sino que debes elegir uno de su catálogo; un catálogo que no ha variado desde 1954”.

Aunque el prólogo Periferias corra a cargo de Jean Dubuffet Santi Balmes, no es precisamente Love of Lesbian el grupo que Ricardo prefiere tener como hilo musical en su estudio. “Para dibujar me pongo rap, que es algo así como mi patria musical; el estilo que descubrí por mí mismo”, asegura. “El primer CD que me compré fue uno de Cypress Hill”.

Sí: Cavolo es capaz de dibujar a Daniel Johnston escuchando Kanye West o dedicar unas líneas a Charlie Patton mientras suena Hotline Bling. “Supongo que soy bipolar musicalmente: mis gustos van del country de Hank Williams al trap de Dellafuente o C Tangana”.

Ahora Cavolo está teniendo la oportunidad de devolverle al (t)rap todo lo que el estilo le ha aportado a lo largo de su carrera. “El productor canadiense Kaytranada me pidió una cover, y ahora estoy trabajando con Swizz Beatz”, dice, del colaborador de Jay Z y marido de Alicia Keys. “He conseguido introducirme en el mercado de USA gracias a la música que más me flipa, y además con trabajos de los que estoy muy orgulloso”.

Pese a todo, y volviendo irremediablemente a la periferia, Ricardo reconoce que el libro “es el mejor trabajo que haré en mucho tiempo. Hasta hace no demasiado, trabajaba sólo lo estético; pero con Periferias he intentado abrirme en canal y enseñar las tripas”, dice, del que sin duda es su obra más atrevida hasta fecha. “Supongo que ya no me da vergüenza mostrar aquello que me emociona, ni aquello que me entristece”.

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