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Sólo un macho repulsivo te recomendaría a David Foster Wallace

A propósito de la polémica columna "Los hombres me recomiendan a David Foster Wallace" de Deirdre Coyle

El lunes 17 se removían los cimientos del entorno literario por obra y gracia de un artículo publicado en Electric Lit por Deirdre Coyle. El artículo, de nombre Men Recommend David Foster Wallace to me, es, en esencia, una reseña de Entrevistas breves con hombres repulsivos y los pensamientos que preceden a la reseña.

Con una estructura que recuerda a un programa de telerrealidad tipo First Dates, en el inicio de la pieza Coyle destaca que muchos de los (peores) hombres que han pasado por su vida le han recomendado fervientemente a DFW.

Esta parte se podría condensar en un refrán que, adaptado al ámbito literario, diría algo así como: “Dime qué lees y te diré quién eres”, o, mejor dicho: “Recomiéndame un libro y te diré quién eres”. Y, si eres un hombre y tu recomendación es un libro del autor de La Broma Infinita, todo apunta a que tu lectura de cualquiera de sus libros ha sido en clave de sujeto hípster, algo machirulo y cocainómano —porque ese es el prototipo de persona que le recomienda libros de Wallace a la autora—.

Elevado a la figura de presunto referente del cipotudismo, Coyle rechaza a Wallace antes de leerlo y el fragmento previo a la reseña, da a entender que su lectura está ya condicionada.

Con lo cual, los fantasmas no se abandonan en la crítica: el balance final tiene como resultado un análisis agridulce. Habla Coyle de familiaridad y repulsión como sentimientos enfrentados tras la lectura. Reconoce también en DFW la capacidad de construir frases bonitas e inteligentes y de llegar a decepcionarse con algunas historias. Y termina guiando todo a, ¿qué tenía que enseñarme Wallace para que tuviese que leerlo con tanta urgencia?

Y no tiene nada en contra de Wallace. Más bien mantiene esa inquina hacia el lector hípster, machirulo y cocainómano que lo suele usar como bandera. 

Pero toda la idea del texto de Coyle se podría resumir en un párrafo:  

“Ese es el punto: yo no dudo que Wallace sea un genio. Y tampoco es que crea que no hay valor en las obras auto indulgentes de los hombres. Es que no estoy muy interesada en ellas. Estos hombres parecen pensar que estoy diciendo que lo que les gusta es malo, cuando en realidad estoy diciendo que no me importa lo que les guste”.

Desde aquí, en cambio, no somos capaces de extraer indulgencia de Entrevistas breves con hombres repulsivos.

Es más, en el libro de Wallace que se intuye toda una crítica a la masculinidad exacerbada: los protagonistas son hombres estereotipados, casi una parodia de lo que se entiende en España de un tiempo a esta parte como el cuñado español. Un abuso de tópicos en la creación de personajes detestables con opiniones detestables.

Y después de la polémica, nos preguntamos, ¿no será que los amantes de David Foster Wallace están sufriendo una extraña metamorfosis hacia los personajes desagradables que él mismo retrataba?

Por si acaso, amigos, mucho cuidado.

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