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La ignorancia, la obsesión o el odio: ¿se puede justificar un incesto?

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De 'Edipo rey', a 'Diario de un incesto' pasando por 'Juego de Tronos': un repaso los distintos tipos de incesto en la literatura

Alberto Del Castillo

07 Septiembre 2017 06:00

Hace poco alguien contó en una fiesta una anécdota sobre su trabajo como comadrona en un hospital de maternidad. Por lo visto, recientemente presenció un parto poco común: la comadrona tuvo que ayudar a que una mujer trajera al mundo al niño que esta había tenido con su propio padre.

La reacción entre los asistentes fue unánime: el asco y la desaprobación reinaba en los comentarios: pocos temas tan polémicos cuentan con tanto consenso en su rechazo.

Relaciones carnales y familia siempre ha sido una unión perversa, maldita, de fatales consecuencias sociales. Así, cubierto en la historia por la bruma del tabú, la dificultad de explorar el incesto desde una perspectiva analítica o, incluso, ficcional ha sido remota hasta tiempos relativamente cercanos.

Parece, sin embargo, que el incesto es un recurso habitual en la historia de la literatura —pensamos, además, en ejemplos muy elogiados, como Cien años de soledad, o en otros más recientes y aceptados, como la exitosa saga de Juego de Tronos— incluso si hasta siendo tema principal de muchas de las grandes obras de todos los tiempos, los lectores o la crítica han pasado de puntillas sobre tal tabú. Casi como si no estuviera presente en esas páginas. Casi como si no existiera más allá de sus excusas:

El miedo a la muerte

Probablemente uno de los primeros textos literarios en los que se aborda el incesto sea el primer capítulo del Pentateuco: el Génesis.

El incesto que reflejan las narraciones de Moisés toma como punto de partida la historia del sobrino de Abraham, Lot. Lot huyó de Sodoma tras su destrucción junto a sus dos hijas. Lot perdió a su mujer por el camino y padre e hijas se asentaron en una cueva en el monte.

Las chicas, despistadas, porque no recordaban que venían de un pueblo habitado y creían que estaban solas en el mundo pensaron lo siguiente: “Nuestro padre es viejo y no hay ningún hombre en el país que se una a nosotras, como se hace en todo el mundo. Ven, vamos a darle vino a nuestro padre, nos acostaremos con él y así engendraremos descendencia”.

Esta expresión de incesto es muy compleja: violación, ignorancia y, sobre todo, necesidad de perpetuar la especie. Por esta circunstancia última, quizás, no hay ninguna enseñanza moral inmediata en forma de maldición que se extraiga de esta historia, más allá del odio que recibieron los hijos —Moab y Benammi— que nacieron de las incestuosas relaciones.

lot

La ignorancia

En el imaginario colectivo, sin embargo, prevalece la idea de que el fundador del incesto casi como modalidad literaria fue Sófocles, a través de su Edipo rey.

El rasgo característico de este incesto es la ironía dramática, el desconocimiento o la ignorancia de quien no sabe quién es quién.

Edipo, que era el hijo de Yocasta y Layo, había sido abandonado a su suerte por las predicciones de un oráculo, que aseguraba que cometería parricidio e incesto. Quien se debe encargar de darle muerte no es capaz de hacerlo y con el paso del tiempo la profecía se cumple.

Una plaga cubre la ciudad y la tragedia tiñe la trama: Yocasta se suicida y Edipo se arranca los ojos.

edipo

La obsesión insana

Aparentemente levantada la veda de la censura y en proceso de desarraigo del tabú, otro autor que escribió sobre el incesto, aunque de una forma más compleja al no haber consanguinidad, es Nabokov en Lolita.

El deseo de Humbert hacia Lolita es brutal, apenas necesita diez palabras en confesarse culpable y definirla como “pecado mío”. Su obsesión llega a tal extremo que termina por casarse con su madre para pasar más tiempo con ella. Muerta la madre, la relación entre padre e hija, que empieza como pederastia, alcanza el clímax sexual como incesto.

Si los anteriores incestos están definidos por unos rasgos determinados, el caso de la atracción que siente Humbert hacia Dolores Haze tiene en la obsesión exacerbada su característica diferencial. Las ansias de Humbert son irreprimibles.

lolita

El amor incondicional

Si naturalizamos la existencia de dragones, las resurrecciones y que un ejército de zombies quiera destruir el mundo, ¿cómo no íbamos a naturalizar el incesto?

Los mecanismos de tolerancia por parte de los lectores y espectadores parecen ir en función del nivel de empatía con los personajes: Aegon con sus dos hermanas (¡encima de incesto, poligamia!) para perpetuar el linaje Targaryen, ok. La unión entre Jon y Daenerys —tía y sobrino—, también ok. Pero cuando se trata de Cersei y Jaime —cuya popularidad es menor—, pocos soportan que sean hermanos.

Irónicamente, la única relación intramuros que no acepta el espectador resulta ser la más legitima. Tanto Cersei como Jaime —a diferencia de Lot, Edipo o Lolita— son conscientes de lo que hacen. Y además se aman.

Aunque eso no evita que haya un castigo moral fruto del malditismo que envuelve estas relaciones: Joffrey, Myrcella y Tommen, sus tres hijos, acaban muriendo.

cersei

Lo abominable

De reciente publicación y aspirante a ser una de las sensaciones de la reentrée, Diario de un incesto es un libro que te hace un nudo en el estómago de principio a fin.

La autora, que escribe desde el anonimato, cuenta las agresiones sexuales que sufrió por parte de su padre. Desde los tres años hasta los veinte.

Estaba desnuda y húmeda. Ardía en deseos de tener su polla grande y dura metida profundamente en mi interior. Estaba muy húmeda. Ardía en deseos de que entrara en mi por completo. Nunca antes me había sentido tan atractiva. Mi cuerpo era puro sexo. Mi padre también se había convertido a si mismo en un objeto sexual para mí. Lo cosificaba como me cosificaba a mí misma para él.

De una prosa crudísima, visible en fragmentos tan duros como el del párrafo anterior, la autora se dedica a contar, con una sinceridad que asusta, unos hechos que destacan más por la violación mantenida en el tiempo y no consentida que por el incesto en sí.

A diferencia de cualquiera de las salvedades de los casos anteriores, aquí no hay excusa. Lo que se narra es la historia de una violación continua. Una historia que no es ficción.

Aquí no hay malditismo, redención o castigo en forma de plaga o profecía para el culpable.

La persona violada convive con los traumas y su única manera de sobrevivir, como aquí demuestra, es contándolos.

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