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Alt-Left: la nueva izquierda alternativa a punto de surgir de los precarios

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O por qué la victoria de Macron es solo el final de una era

Rafa Martí

12 Mayo 2017 06:00

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“Noam Chomsky me preguntó en una ocasión qué opinión tenía de Jeremy Corbyn. Le dije algo así: Yo no soy religioso, pero Corbyn es a la izquierda lo que Juan el Bautista fue a Jesucristo”.

Con esta frase, el británico Guy Standing, que ahora publica en castellano La corrupción del capitalismo (Pasado&Presente 2017), ilustra cómo el final de la era de la globalización había pillado por sorpresa a la izquierda, aunque con ello también quería decir que la nueva izquierda todavía está en construcción.

Según esta hipótesis, tanto Corbyn en el Reino Unido, como Sanders en Estados Unidos, Mélenchon en Francia, Syriza en Grecia, Podemos en España o el Movimento 5 Stelle en Italia no han fracasado: son el germen que puede dar a luz a una respuesta de izquierdas a 30 años de globalización que tocaron a su fin con la crisis económica de 2008.

Derecha 1 – Izquierda 0

A lo largo de esos 30 años, el sistema estuvo regido por un orden neoliberal, o de Tercera Vía, representado por personajes como Bill Clinton o Tony Blair. Esos 30 años aparcaron la política (la de la izquierda y la derecha) por la forma más eficaz de mantener el sistema capitalista: el centro.

No ha sido extraño ver en todos estos años cómo las diferencias entre los partidos socialistas y conservadores en Europa eran cada vez más pequeñas. Lo mismo sucedía en Estados Unidos: Demócratas y Republicanos podían diferir en términos sociales o de moral pública, pero el statu quo económico —junto a la política exterior— era inamovible. En 2008, sin embargo, ese statu quo se acabó.


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Y esto, a pesar de que Macron haya ganado ahora en Francia:

“La victoria de Macron en Francia —dice Standing a PlayGround— no significa que el orden neoliberal se haya recuperado. Puede que solo sean los últimos coletazos. Estoy esperanzado de que, después de su primer mandato, el fracaso de las políticas neoliberales de siempre conduzca a un nuevo movimiento de izquierdas que, para entonces, ya podría estar consolidado”.

En 2008, sin embargo, el fracaso de las políticas neoliberales de siempre no encontró una respuesta de izquierdas consolidada. Pero sí la encontró, después de 7 años, en la derecha populista (y extrema).


Mientras la izquierda estaba dividida, la derecha lo tenía todo claro. Sin divisiones, ya contaba con una respuesta para los perdedores de la globalización: erigiéndose como enemiga del régimen neoliberal, el populismo derechista ganó con el Brexit y ganó con Trump, para seguir perpetuando el régimen neoliberal


En un inicio, la ira de la gente se expresó en movimientos espontáneos y con connotaciones de izquierdas como Occuppy Wall Street o el 15-M. Nuevas fórmulas políticas como Podemos o Syriza intentaron canalizar la frustración para dar forma a la nueva izquierda. Pero al otro lado de la izquierda, la socialdemocracia se resistía a ningún radicalismo. Los partidos socialistas tradicionales todavía sufrían sus contradicciones entre abrir las puertas a la inmigración o mantener los trabajos locales, entre proteger el medioambiente o impulsar la economía.

Mientras, la derecha lo tenía todo claro. Sin divisiones, ya contaba con una respuesta para los perdedores de la globalización: erigiéndose como enemiga del régimen neoliberal, el populismo derechista ganó con el Brexit y ganó con Trump, para seguir perpetuando el régimen neoliberal. Es lo que el filósofo croata Sre?ko Horvat define como una misma moneda con dos caras diferentes: a un lado el “fascismo internacional”. Al otro, la “austeridad internacional”. Y ambos con el mismo objetivo.

De la Alt-Right a la Alt-Left

Cuando Corbyn se erigió como nuevo líder del Partido Laborista en el Reino Unido estaba llamado a poner rostro a la nueva izquierda. La nueva izquierda, sin embargo, estaba encarnada en un viejo revolucionario de puño en alto y sexagenario, con un discurso anquilosado y, más que nada, aburrido para una generación alienada de la política.

Al contrario y a la par, la derecha, había conseguido generar un discurso de ideas viejas revestidas de nuevas. Fenómenos como la Alt-Right, con lenguajes y personajes irreverentes, inteligentes, magnéticos, excitantes, transversales, jóvenes, explosivos, radicales, rebeldes, disruptivos e incluso contraculturales han arrastrado a miles de la generación millennial a apoyar, por ejemplo, al neofascismo.

En los años previos a la crisis financiera, cuando la izquierda dormía, la derecha era como una moto que ya pensaba la manera de acoplar un sidecar. Este se fraguó a partir el fracaso ideológico de los neocon y con el empujón de los libertarios.


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Lo que quedó claro después del Brexit y de la victoria de Trump es que tanto Corbyn como Sanders llegaban tarde y que ni el uno ni el otro eran la nueva izquierda. Pero, al igual que el Bautista a Jesucristo, sí podrían ser los precursores de una contraofensiva diametral de la izquierda a lo que la derecha ha creado en los últimos años.

“Sanders y Corbyn —dice Standing— han cumplido muy bien su misión, que era la de matar la izquierda que hemos tenido a lo largo de los 30 años de globalización. Ahora, sin embargo, es el momento en el que tienen que llegar una izquierda de nuevo rostro. Aquello no podía pasar de la noche a la mañana, y tenía que empezar así”.

Pero, ¿cómo puede venir ese nuevo rostro después de el hundimiento de Syriza o del apagón de Occuppy y el 15-M? Para Standing, la respuesta está solo en el precariado. La nueva clase social que creó la crisis del sistema neoliberal en 2008 es la única con capacidad para engendrar el contragolpe a la derecha: la Alt-Left.

Precariado del mundo unido

Es cierto que fue parte del precariado quien apoyó el Brexit, quien apoyó a Trump o quien apoyó en las presidenciales francesas a Le Pen. Pero Standing subraya un matiz: “Hablamos de un precariado de una generación anterior, sin una educación superior y oscilante y que ha tenido más o menos estabilidad. Hay otro precariado que es el de la nueva generación, formada con estudios superiores, estático y que probablemente no conozca en su vida lo que es la estabilidad laboral o de ingresos”.

En esa base del descontento —según el economista británico, cada vez mayor— está la clave de que los nuevos movimientos de izquierdas se consoliden. Volviendo a Francia, por ejemplo, Standing propone que después de Macron no tiene por qué venir Le Pen, sino alguien que surja de Mélenchon.

Siguiendo la tesis de Standing sobre Corbyn y Sanders, Mélenchon ha enterrado a la vieja izquierda —el partido socialista ha quedado casi eliminado del mapa político—, pero todavía no es el rostro ganador de la izquierda.


En 2020 la respuesta al neoliberalismo ya no será solo la distopía neofascista que estamos viviendo, sino movimientos comunitarios, emancipados, con control sobre sus decisiones económicas, compuestos por la generación de la crisis y desde el precariado más formado, con una agenda verde y de respeto al medioambiente y a las minorías sociales —Guy Standing



“Podemos, según cómo evolucione, o Alternativet en Dinamarca, señalan el camino del futuro. En 2020 la respuesta al neoliberalismo ya no será solo la distopía neofascista que estamos viviendo, sino movimientos comunitarios, emancipados, con control sobre sus decisiones económicas, compuestos por la generación de la crisis y desde el precariado más formado, con una agenda verde y de respeto al medioambiente y a las minorías sociales”.

El talón de aquiles de la previsión de Standing, sin embargo, es la confianza en la honestidad.

—El capitalismo —cerramos nuestra conversación— tiene siempre todo muy bien pensado: el precario deja de serlo cuando se convierte en asalariado.

—Sí, y por eso es importante la honestidad y la solidaridad de todos aquellos que fueron precarios y pasaron a ser asalariados. Tienen que saber que salir del precariado es una lotería, no el camino para todos.

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