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Un hombre fue poseído por el demonio; 300 años después Freud lo curó

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Así fue la posesión demoníaca del siglo XVII que enamoró a Sigmund Freud

Xaime Martínez

16 Marzo 2017 11:19

Sigmund Freud fue el Sherlock Holmes de los crímenes psíquicos.

Al igual que el detective más famoso de todos los tiempos, también Freud mostró una considerable pasión artística, cierta compulsión y una imaginación excesiva a la hora de enfrentarse a los casos que le proponían sus clientes.

Sus soluciones, sin embargo, encerraban siempre buena parte de verdad —aunque tal vez no la verdad que él esperaba— y constituían relatos divertidos y hermosos.

Como Holmes, Freud nunca logró resistirse a un problema deliciosamente intrincado. Y si se trataba de un olvidado caso de exorcismo que podía rastrear en manuscritos perdidos en la biblioteca polvorienta de un monasterio, tanto mejor.

1. Los relatos clínicos

Una buena prueba de todas estas cualidades del padre del psicoanálisis podría ser "Una neurosis demoníaca en el siglo XVII". Este es uno de los textos que componen el reciente Relatos clínicos, un volumen publicado por la editorial Siruela en el cual la psicoanalista Isabel Menéndez ha reunido "desde un punto de vista literario" veinte narraciones de casos reales que pretenden dar cuenta de la enorme valía que Sigmund Freud tuvo como escritor.

El autobús que va del psicoanálisis a la literatura es de ida y vuelta y, a fecha de hoy, ya ha recorrido ese trayecto muchísimas veces.

Los procedimientos que rigen el psicoanálisis y la literatura tienen muchos puntos en común


No solo por todas las novelas que han empleado procedimientos tomados de esta disciplina para crear personajes reprimidos, psicóticos o depresivos; tampoco por las obras literarias que la han empleado como motivo principal —por ejemplo el Doctor Portuondo de Carlo Padial, una de las más recientes en este sentido—, sino también porque los procedimientos que rigen el psicoanálisis y la literatura tienen muchos puntos en común.

Como señala Juan José Millás en su prólogo a Relatos clínicos, psicoanálisis y literatura operan mediante símbolos, dotando de significación a elementos que no la tenían previamente (o la desconocían, que es lo mismo). De esta forma, Millás trae a cuento famosa la frase de Chejov sobre la escritura para explicar también la ciencia psicoanalítica: "Uno nunca debe poner un revólver cargado en el escenario si no se va a usar".

Así que cuando llegó a manos de Freud el viejo informe de un exorcismo en el que se contaba que un hombre había sido poseído por el Demonio tras sufrir "melancolía por la muerte de su padre", el neurólogo vienés ya olió la pólvora que dispararía aquella pistola.

2. Presentación del caso: el poseído

El caso, que se remontaba a los años finales del siglo XVII, había transcurrido como sigue: un pintor bávaro llamado Cristóbal Haitzmann apareció un día de 1677 por el monasterio austríaco de Marizell afectado de terribles y repetidas convulsiones, que tanto el artista como los religiosos atribuyeron rápidamente a una posesión demoníaca.

Tras ser tentado en nueve ocasiones por el Diablo y en un momento "melancólico" (esto es, depresivo) de su vida que le impedía pintar,  Huitzamann se había rendido, vendiendo al Señor de los Infiernos su cuerpo y su alma a cambio de algo que no estaba muy claro.

El Demonio se le apareció al desgraciado Cristóbal Haitzmann bajo la forma de un dragón


El plazo de su contrato demoníaco expiraba pocos días después de la fecha en que el artista llegó al monasterio, y dado que el Diablo ya estaba reclamando su parte del trato, Huitzmann había resuelto acudir a los monjes puesto que solo "la gracia de la Virgen Santísima de Marizell" podía salvarlo.

Después de "prolongada oración y penitencia", cerca de la medianoche del día 8 de septiembre (Día de la Virgen), el Demonio se le apareció al desgraciado Cristóbal Haitzmann "bajo la forma de un dragón" que le devolvió el pacto que habían firmado con sangre.

Durante un tiempo, el pintor no tuvo más ataques, pero apenas un mes después del primer exorcismo volvieron las posesiones. Aunque en esta ocasión, los que se aparecían no eran visitantes del Infierno sino ángeles y hasta el mismísimo Jesús, que insultaba a Haitzmann y le instaba una y otra vez a convertirse en anacoreta y perderse en el desierto.

La Virgen convenció en dos ocasiones al Maligno para que le devolviera el contrato


Finalmente, casi un año más tarde de su primer exoscismo el hombre volvió a Marizell y "alegó como razón de su retorno que aún debía reclamar al diablo otro pacto anterior escrito con tinta".

Después rezó con mucha fuerza, la Virgen convenció otra vez al Maligno para que le devolviera su segundo contrato, se ordenó monje y muchos años después murió en paz.

En cuanto Sigmund Freud examinó los documentos que hablaban de esta extraña historia, empezó a detectar que había muchos elementos que no le cuadraban —entre ellos, la mención al padre entre las razones para pactar con el Demonio— por lo que decidió aplicar la técnica psicoanalítica al pobre hombre de Cristóbal Haitzman.

3. Solución del crimen: Sigmund Freud señala al asesino

Y lo que descubrió es aventurado (por lo exiguo de las pruebas), pero también clarificador y perfectamente verosímil: el pintor había sufrido una profunda crisis neurótica que le impedía crear a causa de la defunción de su padre, y el Demonio venía a sustituir a esa figura parternal.

Freud hace una auténtica labor filológica: analiza diversos aspectos muy concretos del texto, así como las fechas en que se firman ambos documentos, quiénes son los autores y quiénes los copistas, etc. Pero son dos los detalles que más llaman su atención. En primer lugar, que en el pacto escrito con sangre no aparezca el don vendido por el demonio, sino tan solo el que precio que ha de pagar Haitzmann: "Me obligo a Satanás y me comprometo a ser su hijo fidelísimo y a entregarle, dentro de nueve años, mi cuerpo y mi alma".


Según el psicoanalista austriaco, uno de los términos del contrato no consta en el texto porque es, precisamente "ser hijo fidelísimo" de Belcebú. El pintor vende su alma a cambio de que el Demonio sea su padre.

Por otro lado, el hecho de que durante una de las apariciones del Maligno este se muestre con pechos de mujer, en otra con un pene que acaba en una serpiente y que, finalmente, sea la Virgen María quien destruya el poder que las fuerzas infernales (su padre) tenían sobre Haitzmann revela para Freud un claro caso de neurosis obsesiva —de "protesta masculina" basada en el deseo simultáneo de sufrir la castración y de evitarla.

4. ¿Pueden Watson y Holmes ser la misma persona?

Resulta evidente que toda la narración realizada por Freud en este episodio de Relatos clínicos está fuertemente literaturizada. Que ha seleccionado los elementos que más le convenían y los ha dispuesto en un orden determinado para causar un gran efecto.

¿Fue Cristóbal Haiztmann un poseído por el demonio o un neurótico obsesivo?

Posiblemente fue ambas cosas, solo que cada una dentro de su sistema respectivo de significación. Y es que, como afirmó Freud, "escribimos para lectores que creen en el psicoanálisis, no en el diablo".

La comparación con la literatura no debería restar poder de convicción a las técnicas psicanalíticas: antes al contrario, debería dar fuerzas a los escritores.

Los mejores de ellos tal vez consigan alcanzar verdades como las que se inventaba Sigmund Freud.


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