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Toda la sangre, el cuerpo y la ceniza que escribieron las poetas árabes contemporáneas

'Divan de poetisas árabes contemporáneas' es un libro poderoso y moderno que muestra un lado casi oculto de la literatura árabe escrita en el siglo XX

(Imagen: Kristian Jalonen)

El canon se redefine.

O, al menos, el canon desvela lo que siempre estuvo escondido, lo que siempre se leyó en voz baja, lo que algunos no querían mostrar: la poesía de las mujeres.

De unos años a esta parte, en España se vienen publicando antologías de poesía en donde lo femenino es lo coral. Decenas de recopilaciones de escritoras olvidadas están viendo ahora la luz, desde proyectos como Cien de cien(próximamente en La Bella Varsovia), de la poeta Elena Medel, que recopila a poetas españolas del siglo XX muchas veces ninguneadas por la historia, hasta proyectos como Beat Attitude (Bartleby), de Annalisa Marí —mujeres de la generación beat—, como Therigatha (Kairós), de Jesús Aguado —poemas de las primeras mujeres budistas—, o incluso como Las primeras poetisas en lengua castellana (Siruela), un libro que recupera voces de nuestra literatura que pasaron desapercibidas, y con el que la editora Clara Janés demuestra que en España no sólo escribieron ellos.

En esta línea de reivindicación y muestra está el libro Diván de poetisas árabes contemporáneas, una selección de escritoras que vienen de países como Siria, Iraq o Arabia Saudí, que acaba de publicarse en Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, una editorial al cargo, precisamente, de Clara Janés, encargada de recuperar aquellas literaturas que desde occidente no sabemos mirar.

En Diván de poetisas árabes contemporáneas es Jaafar Al Alumi quien se encarga de reunir, editar y traducir, con una presentación del eterno candidato al Nobel, el poeta sirio Adonis.

Dentro de la antología, nos encontramos con 10 mujeres cuyos nombres apenas habremos escuchado en nuestra lengua. Mujeres que nacieron en el siglo XX y que contra las imposiciones machistas, o las guerras, o las injusticias, decidieron escribir sobre su intimidad, sus luchas diarias, su feminidad.

Diván de poetisas árabes contemporáneas es, en su conjunto, un poemario poderoso y moderno que derriba algunos prejuicios y da otra visión de la literatura árabe. Y aunque en las escasas 200 páginas del libro apenas podemos leer un puñado de textos de cada una de las autoras, su publicación ya supone un paso adelante, un cambio, una redefinición del canon.

Y el siguiente paso será huir de lo coral. Dar un espacio único a cada escritora. Que su sangre, sus guerras, sus vientres y sus cenizas tengan el peso que siempre merecieron y que hoy asoma aquí, tímidamente.

De Fadwa Tuqán (Palestina, 1917-2003)

 

SOLA SOLA

I

Desnuda bajo el silbido del sol,

sola en el desierto cuartel

te paras

y te extiendes como una pregunta

ahorcada que oscila sin respuesta

en el vacío, más allá del vacío.

II

Sola te mueres, alma,

sola te entierras en la tumba,

escandalizó este mundo, la muerte,

no dejó lucidez a ningún genio.

 

De Saniya Saleh (Siria, 1935-1986)

 

ALGO

¿Qué haces aquí en la guerra?

—huir

—cantar como un cuervo

—ponerme enfermo

—quizá morir

—¿y tú?

—Unirme más y más a quien amo.

LA HERIDA Y LA VISIÓN

 

Dos flores tiemblan de sueño

sobre ti, oh almohada.

Son dos flores marchitas:

mi cabeza y esta noche.

Cuando el ala de la visión cae

la herida sangra

gota a gota.

La gota de sangre es origen.

La gota de sangre es placer.

La gota de sangre es tristeza y tristeza.

La gota de sangre es partida.

Y ahora de nuevo

cae el ala herida de la visión en lo más profundo de las entrañas

y se apaga la conciencia.

De Suad Al-Sabah, (Kuwait, 1942)

EL EMBARAZO ETERNO

Te llevo como la hembra del canguro

en mi vientre.

Salto contigo de árbol en árbol,

de colina en colina.

Te llevo nueve meses,

noventa meses,

novecientos meses.

Y temo darte a luz

para no perderte en el bosque.

De Souzanne Alaywan (Líbano, 1973)

LA ÚLTIMA MUERTE

Hay cosas a las que

no nos acostumbramos.

De forma provisional,

morimos cada noche,

pero lo que más nos afecta siempre

es nuestra última muerte.

 

JUSTICIA

La noche es justa:

no distingue entre mar y cielo,

entre pájaro extraño a la ventana

y hombre extraño a su patria.

La noche es justa en su oscuridad.

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