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600.000 rumanos para una revolución poética contra la corrupción

Hace dos semanas el gobierno rumano aprobó a escondidas una ley para legalizar la corrupción, pero las protestas no cesan y los escritores aún tienen algo que decir

A finales de enero, los rumores empezaron a hacerse muy preocupantes en Rumanía: el gobernante partido socialdemócrata podría estar preparando una ley de emergencia que indultaría a los políticos acusados por corrupción.

¿Para qué? Según dicen sus detractores, para que el líder de los socialdemócratas —Liviu Dragnea, condenado a prisión precisamente por corrupción política—  pudiera ser elegido como primer ministro.

Entonces comenzaron protestas multitudinarias en las calles de Bucarest, a las que el Gobierno respondió tranquilizando a las ciudadanos y diciendo que no tenía ninguna intención de aprobar la ley.

Sin embargo, cuando la noche del 31 de enero el gabinete de Sorin Grindenau la aprobó por sorpresa, el pueblo rumano se indignó. Tan solo media hora después, decenas de miles de personas llenaban las calles de la capital y de otras ciudades del país, exigiendo no solo la retirada del indulto a los corruptos, sino la destitución de todo el gabinete gubernamental así como del cuestionado líder del partido socialdemócrata.

El número de manifestantes aumentó vertiginosamente hasta alcanzar la cifra de los 600.000 el día 6 de febrero. Esta protesta, que es la más grande de la historia de Rumanía, es además bastante inusual, tal y como ha relatado el poeta Radu Vancu al Huffintong Post:

"La atmósfera no solo es muy pacífica —algunas veces incluso parece una especie de protesta hippie, con gente tocando el violín o la guitarra y haciendo pequeñas obras de teatro— sino que es también muy ingeniosa, repleta de humor. Hay tanto humor negro como humor inteligente, sarcasmo y lírica. Es muy artístico. Parece una reunión de la parte de Rumanía creativa, inteligente, divertida y talentosa contra el Gobierno más imprudente, tonto, inmoral y repulsivo que tenemos desde los años 90".

Y es que, como cuenta Radu Vancu, las manifestaciones están tomando un cariz literario. En la ciudad de Sibiu han desarrollado una interesante forma de protesta: se hacen lecturas públicas en las plazas con fragmentos de Thoreau, la Biblia o Jean-Claude Carrière, lo que trata de devolver a la lectura su "función política" y su carácter comunitario.

Además, muchos escritores están teniendo un rol activo en el desarrollo de las protestas: no solo Vancu, que es un reconocido poeta, traductor y profesor universitario, sino también otros como Mircea Cărtărescu —una de las voces que más suenan desde hace años para el Nobel de Literatura—, Ioana Nicolaie,  Florin Iaru o Vlad Pojoga.

Con el lema #Rezist, cientos de miles de rumanos se han levantado contra las injustas medidas de su gobierno y ya han logrado que la ley se revoque, pero no que dimitan los altos cargos responsables

Al igual que ha sucedido en Estados Unidos con las protestas anti-Trump, los escritores han sabido integrarse en estos movimientos e incorporar su visión artística a a las luchas de todos los ciudadanos. Quizá porque así, como quiere Radu Vancu, la literatura pueda recuperar la función política y comunitaria que perdió en algún momento del camino.

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