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Lleva sin cortarse el pelo desde 2006, hace yoga en el metro y es de los mejores poetas de EEUU

CAConrad es increíble

Se come una onza de chocolate, toma asiento en el suelo del metro, coloca piernas, espalda y brazos en posición de flor de loto, emite el mantra om con los ojos cerrados, espera a que pare el convoy, escribe nueve palabras antes de que reanude la marcha y repite el proceso a lo largo de nueve paradas. ¿El resultado? Un poema. ¿El autor? CAConrad.

Otra alternativa es que vaya al parquin de un centro comercial, busque el árbol con el que más conecte espiritualmente, se siente al lado, le de cariño porque “está enfermo de recibir humo del tubo de escape todos los días”, no preste atención a la gente que pasa, le de igual parecer un lunático y empiece a escribir. ¿El resultado? Un poema. ¿El autor? CAConrad.

También puede emular a Diógenes, acumular basura durante toda la semana, poner las bolsas en el maletero de su coche, hacer un viaje al vecindario más rico de Philadelphia, arrojar la basura en sus contenedores, tomar notas sobre cómo se siente, parar, poner el piloto automático y escribir durante treinta minutos. El resultado ya lo conocéis. Y el autor también.

Igual que los surrealistas impulsaron la escritura involuntaria, CAConrad ha desarrollado un mecanismo de inspiración y redacción: él lo llama (Soma)tic. Y cada poema de sus dos libros concebidos bajo esta técnica —en septiembre saldrá el tercero— viene acompañado de una pormenorización en segunda persona del método que ha empleado.

CAConrad descubrió a Emily Dickinson en la enjuta biblioteca pública de su pueblo. La descubrió como quien se entera de un secreto. Como quien se entusiasma con algo que causa indiferencia en su entorno. Como quien prueba las mieles de lo desconocido para el resto de la gente.

Más tarde leyóa Mayakovski y supo que quería ser poeta.

Huérfano de padre, ayudó a su madre vendiendo flores desde los ocho hasta los dieciséis años en un punto de Pensilvania cercano a la Ruta 109. Vendiendo flores o robando por necesidad.

Irónicamente, su vida no fue un camino de rosas, en sus años de escuela fue víctima de bullying.

Huyendo de su madre y del tercer marido de ésta, CAConrad llegó a Philadelphia con dieciséis años. Quería hacer lo mismo que Emily Dickinson. Aunque para ello tuviera que vivir como Baudelaire.

Y eso hizo; vivió entre prostitutas, jeringuillas, dragqueens y enfermedades venéreas : reconoce que sólo en 1991 fue a 54 funerales. El SIDA era una epidemia. Su novio de entonces murió como consecuencia de casi no tener sistema inmunitario.

Con semejante cantidad de seres queridos en el empíreo y asumiendo que el duelo es una de las fuentes de inspiración más potentes, CAConrad debería haber sido el autor de algunos de los mejores versos nunca escritos.

Pero no era así. Y entendió por qué fruto de una epifanía durante un viaje de tren en 2005: había escrito poesía como si trabajara para una cadena de montaje, casi a ritmo fordiano. Cuando llegó a casa vio su escritorio como si fuera una fábrica. Tenía que huir de ello y buscar nuevos métodos de creación.

Y así dio con (Soma)tic.

La temática, por otro lado, seguiría siendo la misma. Sólo cambió el contexto y las formas de concebir los textos: CAConrad seguiría exorcizando sus demonios. Hablando de lo que ha vivido. Dando a entender las razones por las cuáles representa una apariencia andrógina. Que, a su vez, coinciden con los motivos por los que, cuando sube a declamar a un escenario, los primeros segundos hay murmullos, después silencio y luego aplausos.

Su literatura se ha taxonomizado en la categoría de LGBTIQ+. Igual que la de Eileen Myles, una de las referentes de este género e influencia de CAConrad. Myles opinó sobre el creador del método (Soma)tic: “Siempre lucha (desde sus poemas) por una poesia de la inclusividad radical basada en lo queer”.

Desde lo queer escribe poemas crudos cuyas imágenes representan sexo y violencia: son imágenes a caballo entre la ficción y la confesión. Imágenes que despistan y atrapan al lector. Que van de lo onírico a lo real. Siempre desde un prisma creativo.

“Quiero que mi poesía nos lleve a darnos cuenta de dos cosas. Que todo a nuestro alrededor puede estimular un pensamiento creativo y que el ingrediente más necesario para llevar a cabo cambios sostenibles y humanos requiere creatividad”, afirma CAConrad.

Representante de la performance como fuente de inspiración, CAConrad no se corta un pelo desde 2006 —en el sentido figurado y en el literal— fruto de la indignación por el tercer aniversario de la incursión de las tropas estadounidenses en Bagdag.

Y así sigue desde entonces, desde que tuvo esa epifanía. Melena al viento y al pie del cañón. Luchando por un Afganistán libre de tanques o por una sociedad que respete sus derechos.

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