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Así nació el poema más romántico y perturbador de la historia de la humanidad

"Las rosas son rojas, las violetas azules..." ¿Te suena? A continuación la historia del inquietante origen de esos célebres versos

A veces, no siempre, acabas respondiendo la verdad.

Puede ser debido a un exceso de confianza, o para quitarte de en medio a la otra persona, o porque te han pillado en un momento comprometido, pero el caso es que confiesas: eres poeta.

Entonces, hay dos bromitas que puedes obtener a cambio. La primera:

«Así que eres poeta... Y dime ¿llevas bajada la bragueta?».

La segunda:

«Yo me sé un poema. (Silencio, carraspeo).

"Las rosas son rojas,

el mar es azul,

el azúcar es dulce,

pero más dulce eres tú"».

Aunque es muy posible que hayas oído una versión con el último o los últimos versos alterados —en su lugar habrá alguna guarrería, chiste facilón o sátira inteligente— lo que es seguro es que has oído este poema. Cientos, miles de veces.

Pero lo que quizá no te has preguntado es ¿por qué? ¿De dónde viene esta cantinela aparentemente tonta, pero muy muy famosa, que ha entrado en las mentes de personas a lo largo y ancho del mundo, en distintos idiomas y con distintos metros, rimas, metáforas?

Pues, por muy improbable que parezca, el origen parece estar en uno de los padres de la poesía inglesa, el escritor renacentista Edmund Spenser.

Spenser es famoso por tres cosas:

1) Por ser forofo del imperialismo inglés hasta la náusea: su texto "A View of the Present State of Irlanda", en el que analizaba la "enfermedad" que asolaba al país vecino, es un lamentable ejemplo de ello.

2) Por ser un gran  innovador de la lengua y de la poesía anglosajonas, habiendo creado dos estrofas (un tipo de soneto y una stanza muy populares en siglos posteriores).

3) Por ser una especie de Virgilio del naciente imperio inglés, al que cantó en su extenso poema épico The Faerie Queene ('La reina hada'), publicada en 1590. La reina, llamada Gloriana, era un alter ego de Isabel I, lo que le supuso a Spenser una paga vitalicia proporcionada por la corona.

Es precisamente en esta obra donde encontramos la siguiente estrofa:

«It was upon a Sommers shynie day,

When Titan faire his beames did display,

In a fresh fountaine, farre from all mens vew,

She bath'd her brest, the boyling heat t'allay;

She bath'd with roses red, and violets blew,

And all the sweetest flowres, that in the forrest grew».

Los últimos dos versos ('se bañó con las flores rojas, y las violetas azules / y todas las dulces flores que crecían en el bosque') presentan un claro parecido con los del poema más conocido del mundo.

Si Spenser creó la fórmula y luego esta se convirtió en canción popular, o si solamente insertó el fragmento de una coplilla que ya cantaban los ingleses, es algo más difícil de conocer —aunque la situación que describe la estrofa, con el personaje bañándose en una fuente, sería proclive a la presencia de elementos populares.

Lo cierto es que en el siglo XVIII, el poema ya aparece en una colección de nanas con una forma muy cercana a su aspecto actual: «The rose is red, the violet's blue, / The honey's sweet, and so are you» ('la rosa es roja, la violeta es azul / la miel es dulce, y también lo eres tú').

De ahí pasa a muchas otras literaturas (Victor Hugo recoge una versión francesa en Los miserables), y durante los siglos XX y XXI está presente —con las divertídisimas deformaciones que entraña cualquier popularización— en objetos de tonos diversos, desde películas de los Hermanos Marx a tazas de Etsy, pasando por artículos de Buzzfeed o hechizos de amor.

¿Qué pensará el pobre Edmund Spenser de toda esta locura que parece haber ocasionado?

¿Se estará revolviendo en su egregia tumba de la abadía de Westminster, o se estará partiendo de risa en el reino de los muertos?

Las rosas son rojas,

el Polo está frío

Edmund Spenser,

¿qué te esperabas, tío?

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