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La piratería en el manga, un delito que incluso las editoriales aceptan

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"La mayoría de títulos ni siquiera llegarían fuera de Japón de manera legal, somos una base para los fans"

Juan Carlos Saloz

31 Marzo 2017 16:00

2,5 billones de dólares. Esto es lo que deja de ganar Japón cada año por culpa de la piratería. Es uno de los países más afectados por esta causa, y la mayoría de pérdidas están relacionadas con el manga y el anime, los dos grandes pilares de su cultura de masas.

Los países asiáticos están tomando medidas contra la mayor lacra del mercado cultural. Japón cierra cientos de páginas piratas cada año. En China, acaban de imponer una multa histórica: los tres responsables de la web Imanhua.com tendrán que pagar 356.400 dólares por subir más de 5.000 mangas de manera ilegal. Uno de ellos pasará dos años entre rejas. Los otros, tres años. Teniendo en cuenta que ganaron 257.000 dólares por esta práctica, la multa no parece desorbitada.

¿Podría suceder algo parecido en España y Latinoamérica? Y, más importante: teniendo en cuenta el papel fundamental que la piratería juega en la popularización de la disciplina en occidente, ¿sería ello bueno para el manga?



"TRADUCIR ES UN HOBBY, NO ALGO QUE HAGAMOS POR DINERO"

“Somos el mal necesario. La mayoría de títulos ni siquiera llegarían fuera de Japón de manera legal, así que los fansubs ejercemos como base para los fans”.

Así define Lambark, de Joker Fansub, el papel de los piratas del manga. Los fansubs son comunidades dedicadas a la traducción de mangas sin autorización de los propietarios de los derechos. Ellos son los encargados de que el último capítulo de la serie de moda esté a un solo click de distancia.

“Entré en los fansubs después de leer un manga. Al final del capítulo, aparecían los créditos del fansub, donde solicitaban traductores para que les ayudaran, así que decidí poner a prueba mis habilidades con el inglés traduciendo manga”, explica.

Como él, muchos aficionados al manga llegan al mundo del fansub por casualidad. Sus motivaciones son similares: fanatismo, crear comunidad y practicar idiomas. En pocas ocasiones tiene que ver con el dinero.

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“Monetariamente no ganamos nada”, explica Batousay de Backbeard Fansub. “Para nosotros, traducir es un hobby. Nuestro equipo paga toda la infraestructura anual de servidores y el dominio de la web, así que ni eso ganamos”.

Lejos de lo que ocurre China, los traductores ilegales de manga y anime en los países hispanos lo hacen, únicamente, por pasión. Aun así, son perfectamente conscientes de que están cometiendo un delito. Lo cuenta Lambark:

“Para ser realista, todo lo que hacemos es y será siempre piratería. Podemos poner excusas de por qué lo hacemos, pero sigue siendo piratería. En nuestro caso, hemos tenido problemas por derechos de autor, e incluso cerraron nuestra página antigua por ello. Pero, mientras la ley no esté cerca de nosotros, lo seguiremos haciendo”.

UNA PIRATERÍA DISTINTA

¿Y qué opinan desde el sector editorial de este fenómeno?

“El fansub tiene dos vertientes. La positiva, que acerca la obra al lector desde un lenguaje que es totalmente desconocido para la mayoría. Y la negativa, que puede hacer que pierdas ventas. Pero, para que te quite ventas, tiene que tratarse de un fansub muy bien editado, con una edición y un acabado correctos. Y prácticamente no encuentras ninguno que sea equiparable al producto final en papel. Así que pesa más la parte positiva”, explica Sira Guarido, editora de manga de ECC Cómics.

Marc Bernabé, traductor de manga de Daruma, está de acuerdo con este diagnóstico:

Lo bueno de los fansubs y scanlations es que dan a conocer una serie a nivel mundial de manera casi inmediata, lo que muchas veces crea booms internos como ocurrió con One Punch Man o Ataque a los Titanes. Son series que deben su éxito a haber sido publicadas ilegalmente por internet, pero nunca encontrarás en un fansub el mismo cuidado que en una edición original”.

El problema clave, según Bernabé, es que “los fansubs no están realizados desde el japonés, sino desde un tercer idioma que, probablemente, sea el inglés, y es posible que esta versión inglesa no venga directamente del japonés, sino por ejemplo de una versión china”.

Efectivamente, todos los traductores de fansubs consultados por PlayGround trabajan desde el inglés. Aunque hay casos excepcionales de correctores que saben japonés o coreano –como el propio Bernabé, que en su día tradujo ilegalmente series como Yawara! o Monster– no es una práctica habitual.

Al ser refritos de otras traducciones ilegales, la diferencia entre los fansubs y los tomos físicos suele ser abismal. Y esto, tal y como describe Guarido, es lo que diferencia al pirateo del manga del de la música o el cine:

“Los scans que encontramos no son de ediciones publicadas, sino de páginas japonesas que casi siempre han sido traducidas antes del tomo que publicamos. En la música o el cine, tú ya estás descargándote el producto final, por lo que afecta mucho más a los autores”.

CUESTIÓN DE COLECCIONISMO

La relación de no agresión entre la industria editorial y los fansubs nace, en parte, de la obsesión de los otakus por el coleccionismo. Aparte de leer las series en web y llevarlas al día, suelen comprarse las ediciones de sus mangas favoritos. Incluso los encargados de los fansubs llevan a cabo esta práctica.

“Si me gusta una serie, lo primero que hago es mirar si está disponible para comprarla en mi país. En mi caso, tengo una colección de manga de unos 200 volúmenes. No es mucho comparado a lo que habré leído y traducido, pero no dejo de ser un comprador potencial”, relata Cloud343, de Akibakei no fansub.

“Claro que compramos estos productos. En cuestión de anime, es posible que las plataformas legales se vean afectadas, pero no ocurre igual con las editoriales. Siempre es un deleite tener un manga en papel”, añade Shiroe, de UnderWorld Fansub.

En cierto modo, más que valorar el contenido del manga en cuestión, se valora todo su universo. Los libros acaban convirtiéndose en piezas de merchandising o coleccionismo que los seguidores consultan y exhiben en sus estanterías. Aunque ya se sepan el argumento de memoria, tanto por verlo en anime como por haberlo leído en un fansub, siguen acudiendo a las librerías para comprar sus números favoritos.

Del mismo modo que los piratas del manga compran los productos oficiales, también los que forman parte de la industria acceden a fansubs. Guarido reconoce haber descubierto Nana a través de internet. Y Bernabé, aunque tira de ediciones japonesas, tampoco niega echar un vistazo por la red.

Tanto las traducciones pirata como las editoriales conviven en una armonía que solo se rompe en momentos puntuales. De hecho, hasta pueden servir como fuente de información para los editores. Lo cuenta Guarido:

“Todo el mundo entra a los fansubs para ver cuántas personas lo han leído. Si ves que One Piece tiene millones y millones de lecturas en internet, te haces una idea de su popularidad. Las gallinas de los huevos de oro las detectas fácilmente, y siempre te pueden servir para hacer un escaneo de la situación”.

LOS PRIMEROS PIRATAS DEL MANGA PASABAN FOTOCOPIAS DE 'DRAGON BALL'

A diferencia de lo que ocurre con otras manifestaciones culturales, la piratería en el manga es anterior a la hegemonía de internet. Ya en la erupción del manga en España durante los años 90 jugó un papel importante.

Como explica Oriol Estrada, autor del libro Songokumanía: el Big Bang del Manga, "sin las fotocopias, la Songokumanía no hubiese conseguido tener ese punto tan misterioso y excitante que se mantuvo durante todo el fenómeno. Las fotocopias fueron un merchandising que salió del fan, no de la industria, y eso es algo muy especial y poco común, especialmente a día de hoy".

De nuevo, fue ese punto de coleccionismo lo que llevó a los fans del manga a extender las historias que tanta fama tenían en televisión a través de copias ilegales. Se fotocopiaban dibujos, portadas, ediciones japonesas que spoileaban sin acritud a los fans... y, también, los mangas y las traducciones directas de otros países.

"No diría que este tipo de piratería fuera una antecesora directa. Pero ya en los 90 aparecieron los primeros scanlations que traducían series como Kimagure Orange Road City Hunter. Los traductores que publicaban estas series (en papel) aprovechaban los canales abiertos por la Songokumanía para conseguir material japonés", añade Estrada.

Tanto las antiguas copias en papel como las actuales en digital son hijas de la necesidad. "Comenzamos con esto porque había muy pocas empresas que apoyaran el anime o al manga legalmente fuera de Japón", explica Shiroe. "Pero actualmente se ha convertido más en un gusto que en una necesidad".

Aunque fansubs como Backbeard retiran los enlaces a series que ya han sido licenciadas en español, la mayoría sigue por inercia. Porque se han convertido en un servicio sin el cual no se entendería una cultura establecida durante dos décadas. Pero ¿realmente han dejado de ser necesarios?

"Todavía sigue habiendo muchas series que solo están licenciadas en Japón. Las editoriales suelen tener muchos problemas para traerlas, así que solo pueden llegar gracias a nosotros", responde Cloud343.

"Al final, el problema está en que la cultura no es lo suficientemente accesible", justifica Guarido. "Por ejemplo, en las bibliotecas se suele echar en falta una buena sección de cómics. Quizás, si se dieran más facilidades para entrar a este mundo, la piratería se reduciría. Pero si quieres seguir 15 series, te tienes que comprar 15 tomos, y si multiplicas cada uno por unos 8 euros, no te es asequible".

"JAPÓN NO ESTÁ PREPARADO PARA UN NETFLIX DE MANGA"

La necesidad, la falta de acceso y el empeño de los traductores han convertido a los fansubs en un pilar básico de la cultura otaku. Tal es su envergadura que algunas plataformas legales contactan con ellos para comprar sus traducciones, como ocurrió con Batousay de Backbeard:

"Como en su momento no vi ético vender estos subtítulos, les proporcioné el contacto del traductor de la serie, aunque nunca se pusieron en contacto con él".

Pero, según Bernabé, todo podría cambiar con una plataforma similar a Netflix o Spotify:  

"No es una opinión mayoritaria dentro del mundillo, pero estoy muy a favor del formato digital para el manga. El manga es lectura rápida, amena, divertida... y son muchos tomos. ¿Quién quiere 72 tomos de Naruto, pudiendo tenerlo todo en una tablet? Para mí, el futuro del manga pasa por una plataforma legal online".

Naruto “Careful. Hot.” Naruto Shippuden

Los traductores de fansubs también confían en que acabará llegando una gran plataforma que lo aúne todo. De hecho, con los animes ya se está intentando hacer, con proyectos como Crunchyroll. Pero el caso del manga es mucho más complejo.

"La cultura japonesa es muy rígida a la hora de respetar los derechos", aclara Guarido. "Montar una estructura tan bestia parece impensable. Si te fijas, ellos mismos tienen muy pocos mangas publicados en Kindle. Y cuando quieres publicar en otro país, te obligan a copiar la edición completa, a veces ni te dejan modificar el color de la portada. No creo que estén preparados para dar este paso".

Cerca o lejos de una plataforma que ofrezca una opción legal para acceder a toda clase de mangas, los piratas del manga están seguros de que este no será su apocalipsis.

"Así como existen Netflix, Spotify o Crunchyroll y continúan habiendo páginas de películas y animes piratas, los fansubs continuarán existiendo", sentencia Lambark. "¿Dejaríamos de hacerlo aunque existieran páginas legales? La respuesta es no, a no ser que tuviéramos acceso a un método legal para hacer nuestros fansubs".

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