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La persona que elige los libros que se leen en EEUU mola muchísimo

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Pamela Paul es la editora de la sección de literatura de The New York Times

Alberto Del Castillo

30 Junio 2017 06:01

Si cuando piensas en el redactor jefe de la sección de literatura de The New York Times te viene a la mente un señor con pelos en la oreja, mala hostia, forma cipotuda de expresarse y cuatro exmujeres, he de decirte que ayer pensaba igual que tú. Eso, y que estábamos equivocados.

La equivocación empieza en el género de la poseedora de este puesto de responsabilidad.

Es muy posible que Pamela Paul se aleje de todas las definiciones y clichés que le pudieses haber encalomado mentalmente. Pamela Paul no relee libros ni tiene problemas en reconocer que no es buena lectora de poesía, tampoco los tiene en admitir cuáles son los debes de su background. Sin orgullo ni egos. “He leído poco de los autores populares entre los baby boomers -Updike, Bellow y Roth-”, declaraba ayer en una entrevista en Vox.


Su trabajo es un poco como el de Joaquin Phoenix en Gladiator. La posición de su pulgar determina el éxito de un libro entre cientos de millones de personas. Al menos de forma potencial. Teniendo en cuenta que The New York Times es uno de los medios de referencia a nivel mundial, no es incierto señalar que los ecos de las evaluaciones y recomendaciones de Pamela Paul resonarán en cualquier país de habla inglesa.

Consciente de ello, asume toda reseña con una gran deferencia hacia escritor y lector, en parte porque conoce y reconoce la importancia de lo que escribe. “Una buena reseña le da un sentido a la escritura”.

Otro aspecto del que Pamela Paul es consciente es de la importancia del feminismo, de la importancia de dar voz a cierta literatura. “Que todavía hay una necesidad de conciencia. Que el cambio todavía no está ahí, que todavía estamos discutiendo y planteando las mismas quejas, las mismas sugerencias, la misma llamada a la acción que ha estado burbujeando desde los años setenta”.

Y a pesar de todas las responsabilidades y los ojos puestos sobre su figura, Pamela dice que se siente como “un niño es una tienda de chuches”.


Al fin y al cabo, es el trabajo soñado para una persona que escribe libros. Porque la editora jefe de la sección de literatura de The New York Times es escritora antes que periodista. O lo fue. Cuatro libros -The Starter Marriage and the Future of Matrimony, Pornified, Parinting, Inc. y My live with Bob- de no ficción publicados le avalan.

Susan Sontag lo escribió en Contra la interpretación: “Mi idea de un escritor: alguien que se interesa por todo. Estar interesada por todo siempre me había resultado algo natural, como era natural para mí concebir así la vocación de un escritor”.

Y eso hace Pamela. Interesarse por todo, hasta por el impacto del porno y de sus nuevas formas de consumo con la llegada de Internet en la sociedad. Pornified dio cuenta de ello. “Para los adolescentes, la pornografía es sólo otra actividad en línea; hay poca barrera a la entrada y casi ningún sentido de tabú”.

Pamela Paul, a través de sus acciones y de su buen hacer, osa desafiar a la biblia de todo crítico de arte: El crítico como artista de Oscar Wilde. O al menos una de sus ideas. Wilde dijo: “Precisamente porque un hombre no puede crear una cosa es por lo que se convierte en un juez perfecto para criticarla”.

Y a la luz de los hechos está que con Pamela no es así.


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