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La verdad tras la “peligrosa moda del spinner sexual”

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Cuando una noticia fake se convierte en una verdadera atrocidad #Ficción

Diego Álvarez Miguel

16 Junio 2017 13:34

[El autor del polémico artículo “La peligrosa moda del spinner sexual” publicado en ClicFeed el pasado 8 de junio, nos hace llegar esta carta de disculpa tras haber presentado su renuncia en dicho medio.

Desde nuestro blog reproducimos sus palabras con la esperanza de que sirvan para detener la epidemia él mismo provocó.]

 

UNA DISCULPA

Dijo Ignacio Manuel Altamirano que «el que comete un exceso, ebrio de vino, tiene el recurso de disculparse con el vino; pero quien lo comete ebrio de cólera, no tiene más recurso que la humillación».

En mi caso, falto de vino y carente de cólera, no me queda más remedio que entonar el mea culpa.

Como todo aquel que comete un error, yo también tengo mis razones, y aunque señale los motivos que me empujaron a publicar aquel artículo, no quiero que estos me sirvan como defensa, sino más bien como recurso para otros compañeros de profesión que se encuentren en mi misma situación.

No es secreta la decadencia a la que se enfrenta nuestro sector. Es raro el día que no aparezca un artículo sobre una moda que no es real, una práctica inventada por el periodista para conseguir los clics y las visitas que justifiquen su sueldo.

Sin duda es algo deleznable y no trato de justificarme, pues siempre he considerado que mi libertad está por encima de cualquier decisión editorial.

La moda del spinner sexual, de la que hablé el pasado 8 de junio, no es real. Es una práctica que inventé sin más propósito que conseguir el tráfico que me reclamaban mis superiores.

Desde que la publicidad es casi la única forma viable de sufragar los medios, y desde que ya no se nos recompensa por contenidos valiosos sino que todo pago se ha convertido en el clic, somos muchos los que nos hemos visto empujados a este tipo de prácticas.

Lo que no me esperaba era que por culpa de mi artículo aquello se convirtiera en una moda real y los adolescentes empezasen a competir entre ellos sin descanso, llegando a cometer todas esas barbaridades que hemos visto en los últimos días en la prensa.

Saber que niños de doce y trece años están en peligro me ha hecho replantearme mi trabajo. Y no solo mi trabajo, también mi vida.

Me intención no era otra que hacer una broma sobre lo estúpidos juegos sexuales que inventamos durante la adolescencia y sobre la absurda posibilidad de que un grupo de chicos compitieran con sus penes erectos para hacer girar en ellos el llamado "spinner sexual".

Una broma literaria, podría decirse. ¿Y de mal gusto?. Por supuesto, también.

Jamás imaginé que jóvenes de todo el mundo pudieran tomar al pie de la letra mis palabras. Y quizá el problema resida en que la ficción es lo más parecido que conocemos a la realidad, no lo sé, puede ser, y que con mi artículo toqué la tecla que toda moda y todo acto viral necesita.

No fueron pocos los redactores que se subieron a la ola de mi artículo y lo llevaron un paso más allá, incapaces de ver el peligro que entrañaba darle voz a esta invención: “La moda del spinner sexual podría haber causado su primera víctima”, lo titularon, pero todavía no había aparecido ninguna víctima ni el problema real había hecho acto de presenta.

Con todo, lo que sé es que nadie en ninguna redacción esperaba que la realidad fuese a superar a la ficción con tanta celeridad, y que de un día para otro esos niños inventados se encarnasen en los colegios y se obsesionaran con el "spinner sexual", llegando a estados absolutamente dañinos y con secuelas irreversibles para sus genitales.

Por eso ahora, a las jóvenes víctimas y a las familias de los afectados, sólo puedo pedirles perdón.

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