PlayGround utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de navegación. Si sigues navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

C
left
left

Lit

El incesto en Gabriel García Márquez y otras lecturas incómodas

H

 

O por qué la historia de la literatura es una historia de incestos

eudald espluga

29 Mayo 2017 06:00

Recuerdo leer Cien años de soledad en el instituto. Quizá por su mezcla de fantasía mítica y comedia de enredos matrimoniales, o quizá por la candidez de su voz narrativa envolvente, me pareció un libro especialmente amable. El universo de Macondo era un hogar acogedor, un cálido imaginario al que acudir todas las noches. Enterrado bajo el edredón, me sentía un vástago más de la familia Buendía, una bifurcación del imposible entramado de su árbol familiar.

Por ello, tanto mayor fue mi sorpresa cuando, esta semana, leyendo acerca de las dificultades que tuvo que enfrentar García Márquez para publicar la novela, encontré distintas referencias a la trama de incestos que vertebraba la novela.

¿Trama de incestos? ¿De qué estaban hablando?

No es que en su momento no entendiera las alusiones, por lo demás bastante explícitas. Sin embargo, solamente llegué ser vagamente consciente de lo que pasaba allí. La palabra ‘incesto’ para mi evocaba –y sigue evocando– todo otro universo de significaciones ligadas al malditismo y a lo trágico: transgresión de tabús, violencia simbólica, perversión aberrante. Pero en Cien años de soledad no había nada de eso, su cosmogonía no estaba cubierta por ese manto de oscuridad: simplemente había personajes que se enamoraban, se casaban y mantenían relaciones sexuales.  

No creo que esta ingenuidad sea solamente cosa mía. Y aunque en un primer momento resulte difícil imaginar más incestos literarios que los de Edipo Rey  o Cien años de soledad, lo cierto es que basta con echar una mirada retrospectiva a la historia de la literatura para (re)redescubrirlos en todas las esquinas. En todas.

Sin ir más lejos, los libros de Game of thrones han asaltado el imaginario público con una historia de pasión entre gemelos. Pero también podemos encontrar ejemplos en bestsellers como Los pilares de la tierra o La sombra del viento, en novelas de Philip K. Dick, de John Irving, de Ian MacEwan. Están Anaïs Nin, Guillaume Apollinaire, George Bataille. ¿Y qué es Lolita sino también otra fantasía sobre el incesto? Lo encontramos en otras novelas de Nabokov, en el Marqués de Sade, en Cortázar, en Jeffrey Eugenides, en Ursula K. Le Guin, en Edgar Allan Poe, en Francis Scott Fitzgerald.

¿Qué les pasa a los escritores con el incesto? ¿Por qué esta insistencia?

Es curioso observar cómo a lo largo de la historia de la literatura esta obsesión transversal ha dado lugar tratamientos muy distintos. Por ello, además de un pequeño inventario, a continuación proponemos algunas de las principales variaciones que se han propuesto de este tema.


1. Edipo Rey, de Sófocles.

El asco, la náusea, es nuestra reacción primaria. El incesto es lo impensable, un inconsciente que no puede verbalizarse sin sentir que con ello estamos cometiendo ya una íntima traición.

Edipo Rey, la obra que inaugura la historia del incesto como motivo literario, lo dibuja como una realidad perturbadora, ininteligible. Al descubrir que Yocasta es su madre, Edipo se arranca los ojos. El incesto es aquí un límite, es lo que no se puede contemplar, un acto extremo que nos despoja de nuestra humanidad.

La tragedia clásica de Sófocles conecta directamente con nuestra visceralidad, nos obliga a pensar con nuestro cuerpo, con nuestras entrañas, en lo que sentiríamos al acostarnos con nuestra madre. Es por ello que Freud hizo de la historia de Edipo la estructura fundamental de nuestra incardinación afectiva en el mundo y de la prohibición del incesto el fundamento de la civilización.

2. Suave es la noche, de Francis Scott Fitzgerald

Precisamente como trastorno psicológico –el omnipresente complejo de Edipo–. todavía hoy esta interpretación del incesto como realidad intolerable sigue presente en nuestra literatura.

Es el caso de esta novela de Scott Fitzgerald, que gira en torno a la fascinante figura de Nicole Diver, una mujer emocionalmente quebrada por la relación incestuosa con su padre. Su universo afectivo quedará marcado por esa historia reprimida de abusos. Lo inconmensurable de esa monstruosidad será la lente con la que deberemos tratar de entender al personaje.

3. Ada o el ardor, Vladimir Nabokov

Cuando pensamos en Nabokov, pensamos en Lolita. Y cuando pensamos en Lolita, pensamos en una historia de pederastia. Se habla tanto de ello que tendemos a olvidar que Humbert Humbert se casa con la madre Dolores Haze: Lolita es también una novela sobre el incesto. La perversión de su seductor planteamiento –también en sus revisiones cinematográficas– descansa inconscientemente en que Humbert Humbert encarna la figura del padre.

Pero es Ada o el ardor la novela de Nabokov que plantea abiertamente la cuestión del incesto. Ya no estamos ante una interpretación repulsiva del mismo, sino que Nabokov nos presenta una historia de amor: la que une a dos hermanos, Van Veen y Ada. Narrada desde la nostalgia de dos ancianos de más de noventa años, Nabokov ofrece una revisión paródica del tema, al mismo tiempo que se permite construir una novela erótica que toma como tema la transgresión de ese tabú.

4. Canción de hielo y fuego, George R.R. Martin

La saga de Georges R. R. Martin extrema la propuesta de Nabokov. No solo se trata de una relación romántica entre dos hermanos: es que además son gemelos. Van veen y Ada por lo menos tenían el dudoso descargo de creer que eran primos.

Para Jaime Lannister y Cersei Lannister no hay excusa posible, y ese es precisamente su encanto. Por su construcción literaria, lejos de presentar una relación oscura y repelente, la de Jaime y Cercei es una historia de amor romántico. De hecho, es un monumento a los sentimientos más nobles: el incesto no es la prueba de la decadencia de estos personajes, sino que tal transgresión termina por reafirmar simbólicamente lo elevado de su amor.

5. Anna, soror…, Marguerite Yourcenar

La obra que culmina la despecaminización del incesto es esta novela de Marguerite Yourcenar. Ambientada en el Nápoles de finales del s. XVI, nos presenta a dos hermanos, Ana y Miguel, entre los cuales se desarrollará una historia de amor intachable. La unión de los jóvenes es presentada bajo una luz diáfana: más que un acto reprobable, nos encontramos ante la expresión última de la pureza de estos muchachos.

Quizá por la educación clásica que han recibido de su madre, Valentina, que ha provcocado que sus referentes sean personajes mitológicos y bíblicos para quienes el incesto no tiene sentido alguno, la realidad es que Ana y Miguel no sienten ningún tipo de remordimiento.

Como explica Fernández Díaz en un artículo 'La nostalgia de la unidad perdida', con Yourcenar el incesto se ha despojado de su suciedad, de su perversión, para convertirse en una especie de ideal moral, algo que Ana y Miguel llegan a conceptualizar como un acto propio de una raza superior.

6. Diarios amorosos. Incesto, de Anaïs Nin

Si con Yourcenar el incesto llega a ser una idea casi etérea, la promesa de una relación más pura, las confesiones de Anaïs Nin lo devuelven a una corporalidad insoslayable. Al tratarse de un diario personal, los hechos se tornan mucho más escandalosos: en ellos Nin explica que alternaba los encuentros sexuales con el escritor Henry Miller, por aquel entonces casado, y su propio padre, Joaquín Nin.

El relato de Nin nada tiene que ver con la culpa de Edipo, con los tormentos de Nicole Diver: su incesto es una historia de pasión, se exaltación lujuriosa, de juego sexual llevado al límite. Sus diarios no son un acto de constricción, sino el relato de una fantasía erótica consumada.

7. La caída de la casa Usher, de Edgar Allan Poe y Casa tomada, de Julio Cortázar

El incesto no siempre toma la forma de una relación sexual. En el relato de Edgar Allan Poe, el incesto se convierte en el motor narrativo de un relato fantástico: la culpa por la relación (¿consumada?) entre dos hermanos, Roderick Usher y Lady Madeline, será el marco metafórico para descifrar lo que Poe plantea como una historia de fantasmas.

Julio Cortázar, inspirándose en el relato de la casa Usher, utiliza esa misma lógica al espacializar la culpa del incestuoso. El narrador de Casa tomada vive con su hermana en una vivienda que ser irá llenando de unos improbables intrusos –voces, susurros, presencias inconcretas– que terminará por expulsarlos de ella. El incesto, finalmente, ha transmutado de fantasma en presencia metafísica: en una presión culpabilizadora.

Las variaciones en la interpretación de este tema son el resultado de una obsesión compartida. ¿Pero por qué esta obsesión? El incesto no es solo una convención social –la que separa lo permitido de lo prohibido– sino el límite de nuestra humanidad: ¿nos separa el tabú del incesto de la animalidad, como sostenía Bataille? ¿O es lo que nos permite salir de nuestro círculo familiar para hacer posible lo social, como defendió Lévi-Strauss? La exploración literaria de esta frontera quizá sea la mejor forma de llegar a descubrirlo. 


share