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Los años 2000 no fueron malos, fueron horteras (y ahora, también, literarios)

Se publica "Diario ultrasecreto de Honey", un fanzine que analiza la turbulenta purpurina internetera de los años 2000

¿Fueron malos los años 2000?

No lo sé. Creo que no. Lo que es seguro es que fueron horteras, muy horteras.

Entonces todo era Windows 95 y móviles gigantes, personas con cara de pixel, Beth cantando subida a una torre de la Sagrada Familia, pantalones Pho y calcetines carcelarios que se metían bajo las lengüetas de los playeros.

Quizá no fuera una época hortera, sino inocente. Y tal vez los inocentes fuéramos nosotros.

De todo esto y muchas más cosas habla Diario ultrasecreto de Honey, un fanzine escrito por Elisa Victoria que acaba de publicar Efecto 2000.

¿Qué es Efecto 2000? Hasta hace poco era una web dirigida por María Yuste en la que se recogían diferentes producciones artísticas relacionadas con los (vergonzantes, espléndidos, turbadores) años 2000 y por medio de las cuales se busca reflexionar sobre ese tiempo de iniciación y pérdida.

Ahora Efecto 2000 se ha lanzado al mundo de la edición fanzinera con una loca historia de Elisa Victoria en la que la protagonista, cuyo nickname es Honey, empieza a conocer el mundo de los chats y las ciberrelaciones.

Diario ultrasecreto de Honey, que cuenta con una cuidada edición de Joaquín León y un set maravilloso de pegatinas, no se queda en el kitsch —aunque haya un componente importante de esto— sino que trata de trascender la nostalgia superficial para descubrir algo sobre nosotros mismos.

Algo similar sucede con muchos otros de los textos que se publican en Efecto 2000: a través de disquetes, de trabajos de clase hechos con comic sans y Word Art, y de boy bands que armonizan sus voces como si se tratara de serafines turbocapitalistas, la publicación que dirige María Yuste es capaz de hablar de la angustia de aquellos años y de la esperanza que empezaba a corromperse.

Por todo ello, la edición de Diario ultrasecreto de Honey es una buena noticia. Para empezar, porque el formato de fanzine —con su pretensión y su tirada limitadas, con su sensibilidad de fotocopiadora— parece muy acertado para recorrer ese eterno camino de ida y vuelta que va del digital al papel.

Pero también porque demuestra que Efecto 2000 ha encontrado un tono muy característico, entre la Alt Lit y lo castizo, para hacer un fascinante diagnóstico de nuestra sociedad (y de nuestra adolescencia).

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