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Los pájaros hablan el más bello y puro de los idiomas

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En 'El ingenio de los pájaros' (Ariel), Jennifer Ackerman investiga la inteligencia de las aves a través de sus impresionantes cerebros, sus bellos idiomas y su mágica inteligencia

Luna Miguel

28 Febrero 2017 06:00

Los pajaritos cantan, las nubes se levantan…  Parece un sencillo trino, pero lo cierto es que detrás de esa canción de patio de colegio se esconde parte de la obsesión que llevó a la científica y escritora Jennifer Ackerman a escribir su premiado ensayo El ingenio de los pájaros (Ariel).

Al igual que la cancioncilla tierna, la obsesión de Ackerman por las aves también viene de un recuerdo de infancia. El padre de la autora, también apasionado de los animales alados, enseñó a su hija a observarlos, a estudiarlos, a amarlos. Cuando ella tan solo tenía seis o siete años, se la llevaba de excursión a los bosques, y allí, silenciosos, miraban a los voladores y se reconfortaban con sus múltiples cantos.

Jennifer Ackerman aprendió desde muy pequeña que aquellos animales eran muy especiales, incluso si nuestra sociedad se empeñaba en denigrarlos y en pensar en ellos como bichos tontos de cerebro diminuto, cuando lo cierto es que —según descubrimientos que la escritora cita— la inteligencia de los pájaros es inmensa.


Y aunque hay muchos comportamientos que lo evidencian —su memoria, sus habilidades para “cartografiar” ciertos espacios, su capacidad de resolución de problemas— buena parte del esplendor de su inteligencia reside en sus cantos.

Porque si a nuestra especie la define el dominio y desarrollo del lenguaje, los pájaros también son capaces de, en cierto modo, hablar. Ellos poseen cantos diferentes para cada situación, ellos modulan su tono y su ritmo en función de lo que quieran expresar. E incluso, como cuenta Ackerman en el capítulo “Cuatrocientas lenguas” —título que hace referencia al a gran variedad de ¿idiomas? que poseen las aves— ellos son capaces de comunicar deseos y estados de ánimo a través de su voz, como por ejemplo cuando los canarios macho utilizan las llamadas sílabas “sexis” —una especie de dueto consigo mismos— para excitar a sus hembras.


Es cierto que quienes sean unos entendidos del mundo animal pueden encontrar en esta clase de anécdotas algo que ya conocían. Ackerman no parece pretender hacer grandes descubrimientos con su ensayo, aunque sí es posible que deseara escribir un cuaderno íntimo con el que recopilar todos sus saberes y con el que dignificar la vida de las aves ante el gran público.

Lejos de equiparar las inteligencias de los humanos y de los pájaros, lo que sí quiere demostrar la autora es que estos animales aún nos son grandes desconocidos, pero que al observarlos podríamos aprender demasiadas cosas, empezando por saber mirarnos mejor a nosotros mismos, y analizar nuestro lenguaje, y valorar la belleza que existe en la variedad de nuestros idiomas.

Probablemente esa sea una de las cosas más celebradas por la crítica de El ingenio de los pájaros: la manera lírica y pedagógica con la que Jennifer Ackerman desgrana el ingenio humano en su búsqueda por hermanarnos con esos seres vestidos de plumas.

Como ella misma escribe: «he observado a los pájaros gran parte de mi vida y siempre he admirado su coraje y su concentración y esa vitalidad firme y rápida que parece imposible de contener en sus diminutos cuerpos».

Ya lo cantábamos en la escuela:

…las nubes se levantan.

…los pajarillos cantan.

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