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Un occidental entre japonesas: erotismo y autoficción de 'Nouvelle Manga'

Se reedita en españa 'La espinaca de Yukiko' un cómic del dibujante francés Frédéric Boilet en el que se unen todas sus obsesiones: la autoficción, el sexo, Japón y dibujar

En 2001, se publicó simultáneamente en Francia y en Japón un libro que consiguió cambiar la historia del cómic en ambos países: La espinaca de Yukiko, del mangaka francés Frédéric Boilet.

Frédéric Boilet había llegado a Tokyo en en los años 90 gracias a una beca, y hasta el año 2009 vivió de manera intermitente en el país nipón.

Es posiblemente uno de los pocos occidentales que ha conseguido tener verdadero éxito en el mundo del manga, lo que unido a su conocimiento de la tradición franco-belga ha dado lugar a la estética híbrida que lo caracteriza.

Con la publicación de La espinaca de Yukiko Frédéric Boilet no solo encontró una voz y un tono propios, sino que dio inicio a la corriente de la Nouvelle Manga, que tomaba muchos elementos del cómic japonés y les sumaba una sensibilidad europea, cercana en muchos casos a la del cine de la Nouvelle Vague.

La espinaca de Yuyiko —que este año fue reeditada en España por Ponent Mon— es en apariencia una sencilla historia de amor: un dibujante francés conoce a una chica japonesa, Yuyiko Hashimoto, en una galería de arte.

A partir de entonces, tienen un romance atravesado por escenas sexuales muy explícitas, problemas de traducción, una cotidianeidad abrumadora y la sombra de "otro novio" que está ausente en la vida de Yukiko y que la llamará en cualquier momento, desencadenando el fin de la relación.

El marco argumental y temporal que se propone está bastante cerrado: el extranjero y la nativa que se encuentran en un espacio limitado por un tiempo limitado. En muchos puntos, La espinaca de Yuyiko se toca con Lost in translation, la película de Sophia Coppola (aunque la desesperación brutal de Bill Murray y Scarlett Johansson no hace acto de presencia en el cómic de Boilet).

Sin embargo, no todo es tan sencillo y naíf como parece a primera vista: el tratamiento de la historia de Boilet es fragmentario y confuso. La narración avanza hacia adelante y hacia atrás, las mismas palabras vuelven una y otra vez con distintas imágenes como si se tratara del leitmotiv de una ópera de Wagner...

El propio título del libro proviene de un error lingüístico del protagonista mientras describe el cuerpo de Yukiko, al confundir las palabras japonesas para decir espinaca (hôrensô) y ombligo (o henso).

Además de la construcción exquisita de encuadres y fondos, y del recurso a las técnicas del collage (se introducen fotografías reales en algunas de las viñetas), el ritmo narrativo es raro, como sutilmente roto.

Nunca sabes muy bien si Yukiko está verdaderamente ahí o es solo un recuerdo, una explicación que el protagonista trata de darse para su ausencia. Casi todo el cómic está presentado desde un punto de vista subjetivo, lo que acentúa esta impresión de que los diversos materiales que se integran, las idas y vueltas y las repeticiones no son más que las pruebas de un artista que trata de contarse una historia.

En la escena final, el protagonista es pillado por una usuaria del metro mientras este la dibuja. El artista le dice que se parece un poco a su anterior modelo, y después reproducen exactamente una de las secuencias románticas de un capítulo anterior.

¿Qué es real dentro de la ficción? ¿Qué es ficción dentro de la ficción?

Frédéric Boilet trata de contestar a estas preguntas sin demasiado éxito. Su respuesta, no obstante, es hermosa, confusa, cálida y extrañamente reconfortante.

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