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El neoliberalismo ha muerto, ¡viva el neoliberalismo!

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#HechosAlternativos: la actualidad resumida en un puñado de links que quizá te perdiste

Ricardo Dudda

26 Julio 2017 12:35

Como muchos conceptos, neoliberalismo suele significar lo que quieras que signifique. Es un término usado como arma política que pocos de sus supuestos defensores utilizan. Es como hipster, por ejemplo: ¿quién se autodenomina hipster?

En un interesante artículo en New York Magazine, Jonathan Chait escribe que neoliberalismo es un término que ahora se refiere a los “liberales [progresistas, en EEUU] en general, y lo usan sus críticos en la izquierda. El término es ahora ubicuo, aparece en cualquier polémica contra el Partido Demócrata o el centro-izquierda. ¿La presidencia de Obama? El último suspiro del neoliberalismo. ¿Por qué perdió Hillary Clinton? Por su neoliberalismo.” Chait dice que los partidarios de la izquierda radical siempre han acusado al centro-izquierda de ser demasiado de derechas, y el término que se usa ahora para ello es neoliberal. Y hace una reflexión interesante sobre el prefijo “neo”: “mientras el prefijo antes suavizaba el término que modificaba -los neoconservadores eran vistos como la rama intelectualmente evolucionada de la derecha- al final de la legislatura de Bush, se convirtió en un intensificador. Un neoconservador era un conservador que daba más miedo.

La crítica de Chait es acertada: neoliberal es todo lo que no me gusta, especialmente todo lo que no me gusta a mi derecha: “Todo el truco consiste en unir al centroizquierda y la derecha con el término neoliberal, y así obligar a los progresistas a elegir entre eso o el socialismo.” Para Chait neoliberal se ha convertido en un sinónimo de capitalista, en oposición a socialista.

Pero esto no significa que el neoliberalismo no exista, ni que sea una ideología real. En Vox, Mike Konczal responde a Chait. “El neoliberalismo, esencialmente, describe la etapa del capitalismo que ha existido en los últimos 30 años, la que surgió de las crisis económicas de los setenta.” Los neoliberales apelaban a la austeridad fiscal y monetaria: impuestos bajos, un Estado mínimo, baja inflación, bajo déficit, baja deuda, desregulación, privatización de servicios públicos. Konczal piensa que “los pilares de esta etapa están colapsando bajo el peso de nuestras propias crisis, de un modo que todavía no entendemos.” Esto es interesante. ¿Estamos viviendo el fin del neoliberalismo?

En el New York Times, Pankaj Mishra, autor del ensayo La edad de la ira, dice que el neoliberalismo mutó en “una ideología revolucionaria, que daba la misma importancia a las ‘fuerzas del mercado’ como el marxismo a la lucha de clases”. Mishra analiza los discursos de Reagan y Thatcher y los compara con Donald Trump y May, para concluir que el neoliberalismo anglosajón está muriendo. Si Reagan decía que el Estado es el problema y Thatcher que la sociedad no existe, solo los individuos, Trump y May dicen lo contrario. Mishra escribe: “El postureo izquierdista de May contra la desigualdad y la división social confirma que la revolución angloamericana de los ochenta -construida sobre un fuerte prejuicio contra el gobierno y por los mercados libres- está acabada.” Su sustituto no está muy claro, pero es algo parecido al populismo y el nacionalismo. Andrés Ortega se pregunta en El Diario: “¿Se está viendo el neoliberalismo reemplazado por un neo-nacionalismo? ¿O estamos ante una renovación del reaganismo, un trans-neoliberalismo?”

La crisis económica que comenzó en 2007 ha demostrado que la austeridad no era una buena idea para salir de la recesión. En un célebre artículo del FMI titulado “Neoliberalism, oversold?”, algo así como “Neoliberalismo, ¿sobrevalorado?”, tres economistas de la institución hacen una dura crítica a las políticas de austeridad, no sin antes mencionar lo positivo del neoliberalismo: “Hay mucho que celebrar en la agenda neoliberal. La expansión del comercio global ha salvado a muchos de la más abyecta pobreza. La inversión directa extranjera a menudo ha sido una manera de transferir tecnología y habilidades a economías en desarrollo. La privatización de empresas estatales en muchas ocasiones ha llevado a una provisión más eficiente de los servicios y ha reducido la carga fiscal de los gobiernos.” El artículo, sin embargo, repasa los errores de las políticas neoliberales, que no han atendido a sus efectos nefastos en la desigualdad, el crecimiento o la pobreza, que se basan en muchas ocasiones más en la ideología que en el rigor científico; la obsesión con la deuda o la reducción del déficit independientemente de la situación del país, la idea de que la privatización es buena per se, de que bajar impuestos aumenta la recaudación (?!) son argumentos ideológicos y no científicos.

El neoliberalismo suele caer en posturas acientíficas y a menudo desprecia la evidencia que hay sobre la desigualdad o la pobreza. Llega incluso, con su obsesión con el libre mercado, a olvidar el liberalismo político, y sus ideas de pluralismo, antiautoritarismo y libertades individuales. Un claro ejemplo es Chile o Singapur. Este último país es reconocido por sus libertades económicas a pesar de sus precarias libertades políticas. En un post en el blog de la London School of Economics, William Davies, autor de The limits of neoliberalism, dice que el neoliberalismo es un proyecto “anti-político”, “aunque solo puede triunfar con la ayuda del Estado. Es anti-político en el sentido de que sus artífices intelectuales (como la Escuela de Chicago) compartían una visión pesimista de la vida política, en la que la deliberación desemboca en el malentendido y finalmente en la violencia.” Para Davies, el neoliberalismo va más allá de la promoción de los mercados, y es la ideología de la tecnocracia. Y el problema de la tecnocracia es que vende lo que considera correcto por lo que es “verdadero”.

Y aquí entramos en otra definición de neoliberalismo, que es un sistema no solo económico sino social: “la lógica moral-económica del neoliberalismo convierte a la competición en el principio normativo de la sociedad y la competencia la virtud individual y colectiva definitiva.” Es el argumento sociológico y con el que mejor encaja en la crítica de Chait mencionada al inicio de este artículo: ¿cuáles son los límites del mercado? ¿Hasta dónde llega la lógica económica? La izquierda ve neoliberalismo en cualquier lógica mercantil. Habla de una ideología sutil, asumida por la sociedad en general. Pero esto es cuestionable.

En un ensayo en Revista de Libros, Manuel Arias Maldonado escribe que “la intensificación del consumo tiene hondas raíces históricas, y acaso antropológicas, que trascienden a la posguerra y el neoliberalismo: la cultura de consumo ha mostrado durante los cinco últimos siglos una resistencia y adaptabilidad que desaconseja abundar en planteamientos utópicos sobre su desmantelamiento. No hay régimen moderno que se haya fundado sobre la promesa de la austeridad material, y las propuestas de sostenibilidad medioambiental habrán de tenerlo en cuenta.” Es decir, que no vivimos en una lógica mercantilista y consumista por el neoliberalismo, a pesar de que el neoliberalismo intente penetrar en toda los aspectos de la sociedad. Las nuevas tendencias proteccionistas, estatalistas y nacionalistas apuntan a que las políticas neoliberales pierden fuelle. Sería una buena noticia si no planteara un una disyuntiva horrible: una entre fachas y tecnócratas.

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