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No necesitamos la amenaza del cambio climático para hacer un mundo mejor

#HechosAlternativos: la actualidad comentada en un puñado de links que quizá te perdiste

La decisión de Donald Trump de retirar a Estados Unidos del pacto de cambio climático de París es coherente con su política de America First: Estados Unidos de los países más contaminantes del mundo. ¿ Por qué no aspirar a ser el primero? Es una decisión estúpida, y deja al país solo en el mundo: 195 países, básicamente todo el planeta, firmaron en diciembre de 2015 un acuerdo de reducción de emisiones y la creación de un Fondo Verde para países en desarrollo. Sin embargo, como explican en el New York Times, la retirada del acuerdo no podrá realizarse hasta noviembre de 2020, lo que lo convierte en un problema para el próximo presidente. Como ha ocurrido con el Brexit, una decisión estúpida y cortoplacista que responde a la ira de un momento acaba afectando a generaciones futuras. En el caso del cambio climático, de una manera radical.

La salida de Estados Unidos del acuerdo podría provocar, como explican aquí , a que otros países también también lo rechacen, especialmente los más pobres. Si los países ricos no lideran la lucha contra el cambio climático, los pobres no tendrán incentivos para desinvertir en energías no renovables.

Como explica Antonio Villarreal en El Español, “aunque el objetivo final del Acuerdo de París es que en 2100 la temperatura media global no superara los 2ºC, con los objetivos nacionales actuales el incremento estaría entre 2,6 y 3,1ºC”. Después del fracaso de los Protocolos de Kioto, Naciones Unidas vio que no tenía la autoridad para obligar a un acuerdo. Los Acuerdos de París son, por lo tanto, voluntarios. “ Bajo el acuerdo más de 190 países ofrecieron objetivos aspiracionales de emisiones, prometieron sus mayores esfuerzos para cumplirlos y acordaron informar periódicamente de cómo iban”.

En este artículo en Vox, David Roberts hace una lectura interesante: “El progreso cosmopolita de finales del siglo XX está en peligro por una reacción tribalista, y si los cosmopolitas no ganan estamos jodidos”. Roberts considera que la decisión del Acuerdo de París de Trump es tribalista. Trump ve el mundo como un juego de suma-cero: si una “tribu” se beneficia, es a expensas de otras. En su discurso, que en el Guardian fact-checkean, dijo que ya bastaba de que todo el mundo se riera de Estados Unidos, de que todos se aprovecharan de ellos. Si alguien gana, es porque Estados Unidos pierde, piensa Trump. Roberts dice que vivimos una época en la que cada vez hay más retos que han de resolverse colectivamente. “El acuerdo no era solo castigar a los combustibles fósiles. Hay muchos pequeños acuerdos bi y multilaterales que rodean al acuerdo general (Estados Unidos firmó docenas) sobre investigación, tests, comercialización e implantación de tecnologías con bajo carbono.”

Uno de los grandes problemas es el escepticismo contra el cambio climático, muy extendido en la derecha estadounidense. Y se ha convertido, cómo no, en otra guerra cultural en Estados Unidos. Como escriben en Vox, “en los últimos veinte años, los Demócratas se han convencido de que el hombre está causando el calentamiento global, mientras que los Republicanos se han hecho más escépticos. Esto demuestra, en parte, cómo los políticos y comentaristas han usado cada vez más el escepticismo climático como una forma de identidad política”.

En un artículo publicado en la revistaLetras Libres, David Runciman se pregunta cuál es la mejor manera de afrontar el cambio climático. Encuentra una analogía con la dificultad de escribir un libro: “Cuando hace mucho que tenías que haber entregado algo, es difícil ponerse en ello porque el momento nunca es el adecuado. ¿Por qué empezar ahora? [...] Si todavía hay tiempo, significa que la amenaza es todavía distante. Las amenazas y los incentivos nunca se alinean de forma productiva.” Runciman afirma que “con los actuales niveles de emisión, en poco más de una década superaremos el límite de 450 ppm (partes por millón) de dióxido de carbono equivalente en la atmósfera, lo que indica una probabilidad del 50/50 de ascensos de temperatura de 2ºc o más por encima de los niveles preindustriales”. El resultado puede ser catastrófico. Runciman piensa que estamos entre la incertidumbre y la inevitabilidad: sabemos que si seguimos así podría ser catastrófico, pero tampoco sabemos exactamente cuándo ocurrirá. Pero como dice una viñeta de hace unos años, “¿Y si todo es una gran farsa y creamos un mundo mejor para nada?” Podemos aprovechar este momento para hacer un mundo de ciudades más habitables, aire y agua limpios y trabajos verdes. No estaría mal.

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