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Esto es lo que le pasa a tu cuerpo cuando te hundes por primera vez

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8 poemas de 'Abejas en las lindes' (La Bella Varsovia), de Nares Montero

Luna Miguel

29 Junio 2017 16:37

De niñas pensábamos que al crecer los huesos dolían, la piel picaba, el pelo se estiraba.

No sabíamos cómo nuestros pechos llegarían a ser eso, pechos. Ni cómo a nuestros glúteos se les dotaría de esa redondez. Ni tampoco cómo reaccionarían nuestros labios pálidos a la primera sesión de maquillaje: si la saliva borraría su rojez, si el despiste nos llevaría a mancharlo todo de carmín.

¿Os acordáis?

De niñas temíamos crecer, porque de alguna manera sabíamos ser adulto significaba muchas veces perder la libertad. Y es en esa libertad borrada en donde Nares Montero ha querido ahondar. Con una escritura oscura y visceral, con una pasión por el detalle del cuerpo y los sentimientos encendidos.

Montero crea en Abejas en las lindes un pequeño ensayo sobre abandonar la infancia. Sobre la imposibilidad de ser siempre una niña. Sobre la decepción tras la la primera relación sexual. Sobre querer sentirlo todo, pero no tener nada.


*


Hay una niña que brama

en esta jaula de costillas.


*


Soy el lugar

donde nacen

las aguas ocultas,

la cueva horadada.


No sé de nacer.

Soy la perversión líquida

que emerge.


*


La salvaje y la enferma

tienen en común el uniforme.


*


Le darás de comer antes al hombre.

Pondrás atención en no derramarte.

Harás lo que se te dice

como una niña buena.

Te dejarás usar,

así los cristales estallen a tus pies

y luego volverás siempre al primer verso.


*


Se caen los balcones de la infancia,

tras la puerta nunca más estará el dulce olor a leche fresca.


*

A veces tiento, guardia,

que no estás sola en tu oquedad.


*


Ahora, cuando tus manos

se hunden en mi sexo

y te dejo hacer,

miro la pantalla que vibra,

ignoro el troquel que lo perfora,

regreso al bosque original.

Soy el animal sin sombra,

un mapa bien recortado.


*


El viaje a esos muros,

el grito sobre la carne.

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