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Así fue el curioso juicio entre el fotógrafo y el mono al que dejó sacarse un selfie con su cámara

"Una corte de hombres trajeados y felices, veganos y de espíritu fuerte, se sientan detrás de Naruto, vigilantes, atentos al veredicto del juez"

A la derecha se sienta David Slater, fotógrafo famoso. Va vestido con una camisa de cuadros arrugada y rota por un codo, pantalones beige parcheados con manchas de aceite y unas botas de trekking viejas, cubiertas por un barro antiguo y negro.

Slater huele mal, todos en la sala se han dado cuenta, lleva semanas sin afeitarse y en el pelo se le están empezando a formar algunas rastas por la acumulación de grasa, caspa y polvo.

A la izquierda se sienta Naruto, macaco crestado de la reserva de Tangkoko, isla de Sulawesi, Indonesia. Lleva un traje ajustado y unas gafas de sol.

Naruto le dice al juez, en el lenguaje de los macacos, que no es otro que el lenguaje de coger cosas y soltarlas, que no se termina de acostumbrar al sol de Estados Unidos, que aquí es mucho más fino y por lo tanto le cabe entero por la pupila.

Después el macaco sonríe y le dirige una mirada burlona al fotógrafo, quien parece haberse dormido, cómodo bajo la sombra de sus cejas pobladas.

En 2011, David Slater dejó su cámara en medio de la selva para intentar fotografiar a los macacos crestados. Fue el principio del fin. Naruto, inesperadamente, se acercó a la cámara y se sacó el selfie más famoso del mundo, el primero hecho por un animal, y probablemente el más maravilloso que se haya visto hasta ahora.

Fue el inicio de una gran carrera como modelo de animales para Naruto, pero el declive y el infierno para Slater, quien se pasaría los siguientes años luchando por los derechos de aquella foto para la que no disparó su cámara.

Una corte de hombres trajeados y felices, veganos y de espíritu fuerte, se sientan detrás de Naruto, vigilantes, atentos al veredicto del juez.

Detrás de Slater no hay nadie. Si acaso un par de compañeros que escriben artículos en un foro de naturaleza y fotografía y que le han acompañado desde el principio. Pero no como amigos, sino como una especie de periodistas de hielo, alejados de todo cuanto no puede escribirse.

El juez pide que Naruto y Slater se levanten. El fotógrafo parece no escucharle, pero ve cómo todos le miran y pega un salto.

El juez dicta sentencia. Naruto y sus compañeros lo celebran. Slater asiente y se va de la sala.

Al llegar a la calle, el fotógrafo mira su cuenta bancaria y certifica que todo lo que hay en ella son deudas, número rojos, cuatro cifras de números rojos.

Se le ocurre pensar que si le debe parte de todo eso a Naruto, eso significa que el macaco debería pagarle un porcentaje de la deuda que tiene con el banco.

Sonríe.

Aunque sabe que eso es una tontería, sonríe por primera vez en muchos meses.

Después se monta en un taxi y pide que le lleven al aeropuerto.

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