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Besos, abrazos y oídos abiertos: 10 subidones memorables de la Ruta del Bacalao

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"Es muy posible que usted que nos sigue, DOÑA JULIA O DON LUÍS O CÓMO-SE-LLAME, tenga una hija que se llama MARIPILI, y que este fin de semana volviese de UNA EXCURSIÓN CON AMIGOS muy DESMEJORADA porque le sentó mal ALGO DE LA CÓMIDA. Pues bien, fíjese en este reportaje porque a lo mejor sale SU MARIPILI" (Un Respetable Periodista Español, 1993)

Ignacio Pato

14 Diciembre 2016 18:27

"Es muy posible que usted que nos está viendo, doña Julia o don Luis o cómo-se-llame, tenga una hija que se llame Maripili y que este fin de semana estuvo tomando el sol en casa de una amiga o de excursión con unos amigos y que el lunes por la mañana volvió a casa muy desmejorada porque le sentó mal algo de la comida. Pues fíjese en el siguiente reportaje porque a lo mejor sale su Maripili".



Así, medioprometiendo a su ibérica y alarmada audiencia que iban a ver a su hija del revés y rodeada de garrulos en algún polígono de mala muerte, daba paso Arturo Pérez-Reverte a una pieza sobre lo que los medios en 1993 llamaban Ruta del Bakalao.

Que las teles y periódicos se quisieran quedar con la crónica negra, la del abuso de sustancias y los accidentes en carretera, que de ambas hubo, es una pena. Tan pena como que no vayan a leer la Biblia popular del asunto de Luis Costa ¡Bacalao! Historia oral de la música de baile en Valencia 1980-1995 que Contra Ediciones acaba de publicar, y una lástima también que se perdieran momentos tan míticos como estos:


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1. Abre Espiral

Es el año 81, y Espiral va a ser la única de las grandes discotecas 'clásicas' —Barraca, Chocolate y Spook son las otras— que no está situada en el litoral, sino en el interior, en el pueblo de La Eliana. Originalmente era un campo de naranjos pero empezó como una disco pija. Afortunadamente no cuajó y enseguida llegaron los hermanos Juanjo y Quique Serrano a pinchar new wave y sonidos oscuros como nunca se vio.


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2. 'Tainted love' en el pueblo

Ese mismo año, el dúo británico Soft Cell revienta las listas con Tainted love. Su primer concierto en España será en la discoteca Éxtasis, situada en Llombay, un pueblo de dos mil habitantes. Cuenta la leyenda que su líder, Marc Almond, estrelló una paella recién servida contra la pared para ver qué efecto causaba, en plan Jackson Pollock.


La estética de los primeros ruteros dista mucho de la de los últimos.


3. Matar el disco

Una práctica introducida por Carlos Simó, DJ de Barraca, y muy simple: cuando un disco sonaba en la radio comercial, Simó doblaba el vinilo, lo rompía y lo lanzaba a los asistentes.


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4. Capsulitas verdes

Ni M, ni anfetas, ni coca. La sustancia que marcó, según quien estuvo allí, los mejores momentos de la Ruta Destroy, fue la mescalina. Este psicoactivo procedente del San Pedro y el Peyote fue en palabras de muchos la droga del amor, de los besos, los abrazos y los oídos con una sensibilidad especial para los sonidos de la noche. Duraron muy poco en la calle (82-85) y la teoría conspirativa dice que fue porque su bajo grado de adicción no era buen negocio para el narcotráfico.


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5. ¡Xe, qué bacalao!

Contrariamente a lo que Reverte y otros pensarán, bacalao no es sinónimo de maquineta, rostros de tensión y kungfú en un parking. Al parecer, el origen de la expresión está en la legendaria tienda de discos de Valencia Zic Zac, donde llegaban puntualmente todo tipo de delicias para los pinchas de la zona. Uno de sus clientes, escuchando alguno de esos hits, se puso a gritar un día, cascos puestos, '¡Xe, qué bacalao! ¡Vaya bacalao!'. Mandanga, vamos. Y hasta hoy.


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6. Fiesta 1 - Ley 0

Durante los 80, las discotecas se aprovecharon de la falta de reflejos de los legisladores posfranquistas. Las salas de baile, legalmente, podían abrirse, según leyes con décadas de antigüedad, solo dos horas después de haberse cerrado, con luces y sin música para su limpieza. De 4 a 6 de la mañana se producía un lapso en el que las caras de felicidad se veían mejor y el ritmo lo ponían las percusiones que algunos daban con la palma de la mano en alguna columna o la barra.


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7. El anónimo cabrón

Para promocionar una fiesta de terror, Barraca mandó un anónimo a sus habituales. Decía "te estoy esperando sigilosamente en una esquina, vigilo tus pasos y cuando meta la llave en la puerta de tu casa...". Casi todos se acojonaron, claro. Hubo denuncias. También un fiestón gore con gente maqueada por una profesional e incluso animales vivos.



8. El ciego valenciano de Happy Mondays y Stone Roses

Ambas eran dos de las bandas de moda en 1989, cuando actuaron por primera vez en España. Tuvo que ser en Valencia, en Barraca. Shaun Ryder, Ian Brown y compañía se pusieron hasta arriba, y Bez quiso llevarse todas las mescas que a duras penas pudo encontrar. Amaban Ibiza pero descubrieron que en Valencia todo era... más. Y por primera vez, musicalmente hablando, la península, con su particular Berlín o Madchester levantino, no iba por detrás de nadie sino como mínimo a la vez.


El parking de la discoteca era uno de los puntos claves de la fiesta valenciana


9. Perestroika destroy

Cuando la cabina Puzzle toma la iniciativa metiendo pianos y voces —las comercialísimas y denostadas 'cantaditas'—, la era de la electrónica pop y oscura acabó. Barraca hizo una icónica fiesta llamada Perestroika, tomando la palabra que designaba la 'reestructuración' que emprendía el gobierno soviético ante su inevitable hundimiento. Con estética del Tetris en la Plaza Roja, se acabaron las guitarras y comenzó la recta final de la Ruta.


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10. Es imposible, no puede ser

El 'Sonido de Valencia' lo inventó a principios de los 90 Megabeat, un colectivo formado por Fran Lenaers, Gani Manero y Julio Nexus que combinó mejor que nadie el rollo Front 242 con el ya imparable italo disco. La etiqueta nació para reivindicar el origen de una música que llevaban perfeccionando una década mientras Valencia quedaba totalmente alejada de los focos. Madrid había tenido su Movida, Sevilla la Expo y Barcelona su Olimpiada. "Espanya 92 - València 0", decía una pintada de la época.



El tema Es imposible, no puede ser es quizá el mejor epitafio de una época que moría y daba paso a otra de masificación, de subidas del pitch en cabina y del ritmo cardiaco en la pista. También de desmanes policiales en los controles de carretera y de la cara escandalizada de una España, principalmente la que nunca estuvo allí, por aquella Sodoma y Gomorra guionizada por televisiones y periódicos.

Por cierto, el propio Pérez-Reverte dejó aquel programa, Código Uno, a los pocos meses porque "contenía basura".

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