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Quizá no son los metros más bellos del mundo, pero sí los más literarios

El metro, al margen de las librerías, bibliotecas y espacios obvios de concentración de libros, es, probablemente, el lugar donde más libros convergen en el día a día

El utilitarismo elevado a la máxima potencia; el cruce de miradas anónimo; las botellas cristal y de plástico, los vasos y los hielos del grupo de adolescentes durante los fines de semana; otro no-lugar más de tránsito; un acordeón interpretado por encima de las voces; una pareja que discute. El denuedo de un fulano intentando leer por encima de todo este bullicio.

El metro constituye uno de los principales espacios literarios de las grandes ciudades. Basta con alzar la mirada unos segundos para darse cuenta de ello. El metro, al margen de las librerías, bibliotecas y espacios obvios de concentración de libros, es, probablemente, el lugar donde más libros convergen en el día a día.

Los gobiernos, las iniciativas populares y aquellas asociaciones privadas que quieren promover el consumo de literatura lo tienen claro: el metro asimila casi mejor que cualquier otro lugar la promoción de iniciativas.

Madrid

La capital de España es uno de los puntos más fuertes de fomento de la lectura en Europa. Las iniciativas apuntan hacia distintas direcciones.

Por ejemplo, hace casi doce años que existe el bibliometro. El nombre es un indicativo claro. Una biblioteca que, según un reportaje de El País hace dos años, cuenta con cien mil usuarios, mil quinientas obras distintas y casi cien mil ejemplares.

También es el caso de los distintos concursos de relatos cortos. Uno de ellos es el que se ejecutó el año pasado. Un concurso dirigido a los titulares del Abono Joven –menores de 26 años-, cuya principal peculiaridad es que la redacción del relato se debía dar durante el trayecto entre la parada de Metro de Legazpi y la de Nuevos Ministerios.

En 2010, por iniciativa de Esperanza Aguirre —en serio— se llevó a cabo la noche de los libros: una jornada durante la cual se sorprendió a viajeros a través de regalos de libros y actores que recitaban clásicos.

Moscú

Bastante más al norte y casi en otro continente, hace tres años, se promovió la lectura de clásicos rusos en el metro.

Los andenes del que siempre ha sido definido como uno de los metros más bonitos del mundo, fueron empapelados por códigos QR. Estos códigos permitían, a través de un escaneado con el Smartphone, la descarga gratuita de obras de Tolstoi, Dostoievski o Gogol.

Entre mosaicos, estatuas, estuco dorado y wifi gratuito, se reparten las más de cien obras que flotan en la nube.

Probablemente para los más puristas leer a Dostoievski en el móvil es un crimen y quien lo haga sería merecedor de un castigo, pero lo cierto es que los tiempos cambian y cualquier iniciativa de promoción del consumo de lectura —con alguna excepción, claro está— debería ser legítima.

Milán

En la ciudad lombarda se ha seguido parcialmente la iniciativa rusa.

En formato epub o movi, una decena de libros ambientados en Milán y divididos en clásicos y contemporáneos, constituirán la biblioteca de los milaneses hasta el 31 de mayo.

También a través de códigos QR, ésta es una iniciativa que pretende generar un punto de encuentro entre la gente cuyo móvil es una prolongación de su mano y aquellos que acostumbran a leer.

Turín

«Atención: Estación en curva. Al salir tengan cuidado para no introducir el pie entre coche y andén». Es una frase con la cual los ciudadanos de Madrid están absolutamente familiarizados.

Pero, ¿y si a continuación de esta advertencia paternalista esta voz impersonal recitara un verso de Neruda?

Eso es lo que ocurre en Turín desde el 15 de enero.

Hasta ocho voces masculinas y femeninas recitan fragmentos de poemas de autores como Neruda, García Lorca o Emily Dickinson. Más de 70 poemas se cuelan en la rutina de los turineses.

El metro de Turín es, además, un lugar pintiparado para esta iniciativa, dado que el tren circula sobre raíles de goma y no de hierro, con lo cual se escucha mejor.

Copenhague

Metro-Litteratur es una iniciativa literaria que pretende promover los jóvenes talentos literarios del país danés, así como ofrecer literatura gratuita y de alta calidad para los viajeros del metro.

En 2015, tras un concurso literario para menores de treinta y cinco años, las obras ganadoras se publicaron en la nube y los daneses pudieron descargarlas también a través del código QR.

No obstante, la apuesta por lo electrónico es relativamente reciente. En 2011, con el fin de promover la obra de autores, poetas y artistas gráficos, se pusieron a disposición de los pasajeros hasta trescientas mil copias de trece pequeños panfletos.

Bruselas

En Bruselas adquieren protagonismo las instituciones públicas europeas. Transpoesie es un festival de literatura organizado por EUNIC Brussels, The European Union National Institutes for Culture.

A colación del día europeo de los lenguajes –el 26 de septiembre-, en 2011 se puso en marcha Transpoesie. Y desde entonces ha estado en funcionamiento.

Poetas, narradores, cuentacuentos se citan tanto en espacios públicos como en medios de transporte de Bruselas con el fin de recitar sus obras. Poemas que son leídos en el idioma original, así como en traducciones al francés y al holandés.

Londres

En noviembre del año pasado nos enteramos de que Emma Watson se dedicaba a esconder libros por el metro de Londres. La presencia de la actriz supone la punta de iceberg de una iniciativa de la que participan un gran número de personas.

Un gran número de personas que se agrupan bajo el proyecto Books On The Underground, una idea comunitaria que fomenta la lectura dispersando varios libros por el transporte público.

Watson explicaba algo más sobre el proyecto; a través de una dedicatoria especial, la actriz animaba a compartir opiniones y pedía a quienes se encontraban el libro que después de leerlo lo volvieran a abandonar para que lo encontrase otra persona.

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