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Los 10 mejores libros de poesía de 2016

Este año hemos leído mucho, y estos han sido nuestros poemarios preferidos

1. Siguiente vitalidad, Natalia Litvinova (La Bella Varsovia)

«Sus versos son, en los mejores momentos del libro, los restos de un naufragio que se recuerda a medias. Lo que sobrevive de la casa familiar después de una tormenta de nieve que dura varios meses.» (Xaime Martínez)

2. Configuración de la última orilla, Michel Houellebecq (Anagrama)

«Si los poemas de Houellebecq huelen a polla es porque el autor sabe hablar de la masculinidad sin compadecerse, sin parecer un chulo enamorado y sin incurrir innecesariamente en el exhibicionismo.  Al contrario que otros poetas, él no busca hallar los secretos del mundo, solo los de su cuerpo. Houellebecq tampoco quiere explorar los límites del lenguaje, sino más bien los de su género. Por resumirlo de algún modo: si la poesía de Michel Houellebecq fuera un cuadro, podría llevar como título Hombre Sencillo Señalando Cosas Que Le Importan.» (Luna Miguel)

3. Aún queda mucho por decir, Rose Ausländer (Sexto Piso)

«Sólo el título de este poemario ya deja muy claro cuál es la postura de Rose Ausländer frente al mundo, y es que después de la barbarie, todavía queda mucho por hablar, por narrar, por volver poema incluso si el dolor azota, o incluso si el camino hasta ahora ha sido oscuro. ¿No es la palabra, acaso, una medicina contra la oscuridad?» (Luna Miguel)

4. El duelo es esa cosa con alas, Max Porter (Rata)

«Imagínate que eres un padre de familia con dos hijos. Vives en un suburb de una ciudad inglesa, trabajas en algún puesto indeterminado de la industria cultural (¿Universidad? ¿Editorial?) y estás obsesionado con Ted Hughes. Y de pronto se muere tu mujer, la madre de tus hijos. Y tú eres un tío sensible, eh. ¿Qué pasa entonces? Que te visita un cuervo. Un cuervo negro, muy loco, a medio a camino entre la simbología cristiana y los mitos de los indios norteamericanos. Ese cuervo representa al duelo y ha venido para ayudarte en tu camino a través del sufrimiento. Te insultará, se reirá de ti, dirá cosas estúpidas y ofensivas y te controlará las dosis de esa droga llamada nostalgia. O eso es, al menos, lo que sucede en El duelo es esa cosa con alas, el primer libro del escritor inglés Max Porter.» (Xaime Martínez)

5. El funambulista, Jean Genet (Errata Naturae)

«El funambulista puede leerse o bien como un poema largo, o bien como una carta de amor, o incluso como una especie de manual de instrucciones literario para dominar el peligroso arte del funambulismo: Si caes, merecerás el canto fúnebre más convencional: charco de sangre y oro, laguna donde el sol poniente… No debes esperar nada más. El circo es todo convenciones.» (Luna Miguel)

6. Sólo ida, Erri de Luca (Seix Barral)

«Se acaba de publicar en España Solo ida, la poesía completa del autor italiano, y ya desde el título se plantea esta cuestión : el viaje con billete "solo de ida" que hacen los refugiados a través del Mediterráneo representa (y dota de significación) el viaje de nuestras vidas.» (Xaime Martínez)

7. Mantente firme, Kate Tempest (La Bella Varsovia)

«Kate Tempest firma versos que no se olvidan. Quizá porque no solo se dirigen a ese yo, sino a un nosotros. A través de su poemario Mantente firme, dibuja un examen político, a la vez que tierno, con el mito griego de Tiresias como columna vertebral. A fin de cuentas, los mitos no son más que aquellas historias que hemos utilizado para explicarnos a nosotros mismos.» (Andrea Bescós)

8. La curva se volvió barricada, Ángela Segovia (La Uña Rota)

«La propuesta de Segovia es arriesgada, rota, experimental, y esas son algunas de las razones por las que su poesía ha conseguido diferenciarse de todo lo que se escribe hoy en España. Quizá por eso también es difícil encontrar su nombre en las antologías generacionales recientes. Pero es que a ella no le hace falta ese reconocimiento institucional: su valor y su peso ya quedan claros entre sus páginas.» (Luna Miguel) 

9. Houston, yo soy el problema, Óscar García Sierra (Espasa)

«Como los poetas de Twitter, García Sierra se mueve en Houston, yo soy el problema alrededor del tópico de los Beatles: I wanna hold your hand. Se dirige a un tú lejano, inaccesible, al que posiblemente finge que habla mientras stalkea su Facebook. Óscar García Sierra habla con una persona que se encuentra al otro lado de una pantalla de ordenador, sí, pero lo que separa a uno y otro —el software dañado, el apocalipsis zombie, el culo de Kim Kardahsian, una cantidad inasumible de helado Ben&Jerry's— es absolutamente distinto. Y marca la diferencia.» (Xaime Martínez)

10. Con hilos de olvido, Maria Mercé-Marçal (Sabina)

Maria Mercé-Marçal ha sido durante muchos años la gran poeta olvidada de la escena española. Quizá porque su obra se publicaba en catalán y apenas se tradujo. Quizá porque murió pronto. Quizá porque su estilo era bruto. O quizá porque en su poesía había un erotismo doloroso, una maternidad incómoda, una sexualidad áspera y que la mantiene viva. (Luna Miguel)

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