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La mejor poeta de la Generación del 27 también fue una chica del cable

Esta es la historia de Lucía Sánchez Saornil, la poeta anarquista que ha sido considerada una de las voces más representativas de la vanguardia española

Páginas de ideas anarquistas, páginas de sindicatos anarquistas, páginas que reflexionan sobre el anarcofeminismo... Ah, y tres excepciones: Wikipedia, la web de Cervantes Virtual y el tumblr del proyecto "Cien de cien". Esto es lo que encontrarás si buscas en Internet el nombre de la activista y poeta ultraísta Lucía Sánchez Saornil.

El anarquismo, visto desde nuestra época, parece casi el hermano pequeño del comunismo: si este ha quedado reducido a un movimiento político más o menos marginal con la llegada del siglo XXI, aquel resulta una especie de sueño romántico de bombas, panfletos y personas que escogieron la escondida senda de la revolución.

Por ello, que hoy la interesante escritora —y trabajadora de Telefónica, esto es, "chica del cable"— Lucía Sánchez Saornil siempre aparezca vinculada en primer lugar con el anarquismo tiene algo de coherencia irónica: al igual que el movimiento fundado por Bakunin, también la poeta madrileña ha sido relegada a un nicho de la Historia.

Las palabras fosfóricas de una poeta anarquista

Sánchez Saornil nació en 1895 en el seno de una familia de clase trabajadora, en el barrio de Las Peñuelas. Tras el fallecimiento de su madre y de su hermano, sus posibilidades formativas se vieron aun más reducidas. A la vez que estudiaba en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, la poeta comenzó a trabajar como telefonista. Y esta doble vertiente puede explicar en buena medida muchas de las dinámicas de su vida, que se desarrollaría entre los polos del arte por un lado, y de la reivindicación política, sindical y feminista por el otro.

Durante 15 años trabajó Lucía Sánchez Saornil para Telefónica, y fue en este periodo que su posicionamiento político se radicalizó: fue expulsada de la empresa por participar en la organización de la famosa huelga general de telefonía de 1931; dos años más tarde se convirtió en secretaria de redacción de la CNT en Madrid, y en 1936 fundó junto a Mercedes Comaposada y Amparo Poch "Mujeres Libres", la sección femenina del sindicato anarquista, que llegó a contar con 20.000 afiliadas y con una revista que Sánchez Saornil se encargó de editar.

Como señala a PlayGround Elena Medel, quien la ha incluido en su proyecto Cien de cien —que reúne a poetas olvidadas por la Historia de la Literatura y que publicará en breves La Bella Varsovia—, Sánchez Saornil no publicó ni un solo libro propio en vida, a pesar de haber dado a conocer sus hermosos e inquietantes poemas en las principales revistas de la vanguardia española de finales de los años diez y principios de los veinte, como Los Quijotes, Cervantes o Grecia.

Sánchez Saornil fue considerada una gran poeta en su tiempo, y precisamente en la revista Grecia Guillermo de Torre —pope del Ultraísmo patrio— dijo de ella con prosa rimbombante que la poeta madrileña ornaba "nuestros frisos de avanzada" y encendía "sus palabras fosfóricas sobre el mármol polémico de nuestra mesa confraternal ".

Las alabanzas de Torre, no obstante, tuvieron poco eco en la posteridad: como recuerda Medel, "su presencia en las revistas de la época —primero como Luciano de San Saor, luego con su nombre— es constante, pero por distintos motivos no logra dar a imprenta una obra, lo que dificulta que la crítica la tuviera en cuenta: ese volumen de poesía completa no se publica hasta 1996, veintiséis años después de su muerte..."

"De todas formas, justo ese libro —con una edición estupenda de Rosa María Martín Casamitjana— está publicado por Pre-Textos y de sobra disponible, por lo que quien quiera leer a Sánchez Saornil puede hacerlo sin mayor dificultad ".

Debido a su vinculación con la causa republicana, Lucía Sánchez Saornil probó el fruto extraño del exilio. Junto a su pareja, América Barroso, la poeta huyó a Francia para acabar regresando a Valencia a comienzos de la década de los años 40, donde retomaría la actividad poética y moriría, como una total desconocida, en 1970.

Apunta Elena Medel que "la altura de su poesía habría justificado su reivindicación en cualquier otra época" y, según ha afirmado en una serie de tuits en los que cuenta la historia de Sánchez Saornil, esta se trataría, sin dudarlo de "la mejor escritora (en femenino) de la Generación del 27".

En estos momentos, según Medel, resulta conveniente reinvindicar la figura de Sánchez Saornil por dos motivos —además de su evidente calidad como escritora—: en primer lugar, porque es imprescindible apelar "a su posición central en la Generación del 27: entre las poéticas de vanguardia, destaca por su trabajo ultraísta con el símbolo, por la forma en la que vincula imagen y lenguaje..." y en segundo lugar, por un criterio "extraliterario", por la necesidad "de hacer genealogía e identificar no solo a las mujeres que escribieron antes que nosotras, sino a las mujeres que escribieron con conciencia de serlo. Lucía Sánchez Saornil se reconoció como feminista, y sus compañeras en Mujeres Libres destacaban la modernidad de sus ideas en cuanto a temas como la maternidad o el matrimonio".

¿Quiénes fueron las verdaderas chicas del cable?

La historia de Lucía Sánchez Saornil presenta ciertos parecidos con la de un personaje secundario de Las chicas del cable, primera producción española de Netflix y melodrama heredero de otros como Velvet o Gran Hotel.

En él se narran las vidas de varias mujeres telefonistas en los años 20, entre los cuales destaca el interesante personaje de Sara —supervisora representada por Ana Polvorosa— que se toca en ciertos puntos (lesbianismo, crítica al sistema) con el de Sánchez Saornil. Y sin embargo, algo nos dice que el elenco de actores que forman parte de Las chicas del cable aún podría aprender mucho de la autora de "Cuatro vientos".

La serie corresponde al tipo de melodrama que Bambú Producciones se ha especializado en entregar, y en ese sentido la perfección de su fórmula resulta efectiva. Pero declaraciones como las que dieron el otro día sus protagonistas al Huffington Post —en las cuales rechazaron de plano la etiqueta de "feminista" para la serie— indican que aún hay camino por recorrer.

Nos queda ahora imaginar qué diría Lucía Sánchez Saornil de todo esto, ella que vivió la creciente tensión laboral de la Telefónica de los años 20, ella que tuvo "modernísimas" ideas feministas, ella que fue duramente castigada, ella que trató una y otra vez de modificar la realidad con sus palabras y con sus hechos, ella que cayó en el olvido. Pero cuya voz está aquí, otra vez, y para siempre.

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