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Se ha ido Jiro Taniguchi, pero aún nos quedan las voces de estos mangakas

8 mangakas contemporáneos que son imprescindibles en cualquier biblioteca

El pasado domingo recibíamos la noticia de la muerte de uno de los magakas más grandes de los últimos tiempos, Jiro Taniguchi. Este eterno caminante solitario fue para muchos algo más que un dibujante. Por sus historias profundas y por su retrato de la sociedad japonesa, Taniguchi tenía algo de cuentista, algo de poeta. Y quizá por eso su recepción fuera de Japón fue tan buena.

Tras su muerte, la prensa cultural y literaria se volcó en halagos y reconocimiento hacia el autor y hacia un género que por desgracia no suele tener cabida en estos mismos medios. Sin embargo, es cierto que Taniguchi siempre ha tenido la capacidad de llegar más allá del público que normalmente consume manga.

Desde PlayGround Books hemos querido no sólo despedirnos de Jiro Taniguchi, sino también recordarlo a través de una lista de autores japoneses contemporáneos que si bien no siguen su estética o sus propuestas narrativas, sí representan todo lo que él representó para el género: una visión literaria de este, una creación de mundos únicos y personales, una estética reconocible y una sensibilidad profundamente poética... A continuación ocho llaves a esos mundos:

Taiyo Matsumoto

Un mundo de chavales huérfanos. De niños apasionados que le pegan patadas al balón o al cadáver de un gato callejero sin sentir remordimiento. Un mundo de personajes abandonados pero seguros de sí mismos, tímidos pero muy sabios, niños pero con cicatrices, libres pero abrumados. Un mundo lleno de color y de dibujos temblorosos es lo que encontramos en Taiyo Matsumoto, luz en Sunny, fuerza en Ping-Pong, risa en GoGo Monster, y belleza donde se lo proponga.

Kengo Hanazawa

La cultura popular lleva tiempo enseñándonos que los zombies no son tanto una amenaza sobrenatural como la versión más cruda de nosotros mismos. Pero la filosofía zombiniana no ha llegado a su punto álgido con The Walking Dead. Mucho más cerca de lograrlo está I’m a hero, un manga dibujado por un cuarentón que utiliza a los muertos vivientes como excusa para contar historias humanas. Antes ya había probado su fórmula con la Realidad Virtual (Ressentiment) y el costumbrismo de de una telenovela al estilo nipón (Boys on the run). 

Asumiko Nakamura

Con personajes muy delgados e historias también muy delgadas, Nakamura es una de las pocas mangakas-mujer que han conseguido hacerse un hueco entre los nombres más respetados del momento, sin hacer una obra principalmente dirigida a las mujeres. Los dos tomos de su Utsubora recuerdan más a una novela literaria con tintes detectivescos que a cualquier trama shojo. En España fue Milky Way la editorial encargada de publicar esta historia de un escritor que se debate entre la realidad y la ficción, entre el amor y el crimen. Una dualidad constante en la obra de Nakamura, que engancha y enloquece, y que por eso emociona. 

 

Inio Asano

El reflejo más descarnado de la generación perdida proviene de un joven con pintas de estrella de rock y alma de poeta francés. Inio Asano descubre en sus obras los gritos de auxilio de adolescentes a los que nunca les permitieron soñar. Con títulos como Solanin o Buenas noches, Punpun, Asano se ha catalogado con rapidez como el mangaka más prometedor del siglo XXI.

Kaori Ozaki

Los niños creen en las sirenas, en los dioses todopoderosos, en los monstruos. Creen en eso porque es lo único a lo que pueden agarrarse para hacer de este mundo un lugar más mágico, y por lo tanto más habitable. El príncipe del mar y Los dioses mienten son obras que abordan esta magia y esta supervivencia. Y con ellas su autora, Kaori Ozaki, penetra en el cerebro de los adultos que lo leemos para devolvernos el calor y el cariño de la infancia.

Junji Ito

Las caras del terror pueden ser infinitas, y dependen únicamente de la mirada del atemorizado. Junji Ito nos muestra un terror grotesco y psicológico, que transforma lo más nimio en algo espeluznante. En Uzumaki demostró que una simple espiral podía llevarte a la locura. Desde entonces, se ha convertido en la mayor referencia del terror japonés a través de elementos tan inocuos como un jersey o… sus propios gatos.

Shintaro Kago

El maestro del manga psicodélico no necesita el color para hacernos sentir asco. Con obras tan dementes como Fraction o Anamorphosis, Kago siempre toca donde duele, provocando una repulsión extrañamente atrayente. Polémico y subversivo, solo los más atentos pueden ver la crítica ordinaria que oculta bajo sus esperpénticas ideas.

Shuzo Oshimi

Las flores del mal ya no es sólo el título de una de las obras más célebres de la poesía francesa, sino también esa flor negra y con ojos que te devora y te acojona entre las páginas de la vida del joven Kasuga. Como la obra de Baudelaire en la que está basado el manga homónimo de Shuzo Oshimi, el imaginario de este mangaka está lleno de símbolos y de pequeños terrores. De sentimientos delirantes y de paisajes tan feos que en realidad desbordan belleza. Ohimi no hace poesía, pero parte de ella… y la revienta.

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