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Macron el guapo contra la derecha corrupta

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#HechosAlternativos: la actualidad comentada en un puñado de links que quizá te perdiste

Ricardo Dudda

03 Marzo 2017 12:04

Uno de los hobbies intelectuales franceses es reflexionar sobre lo que significa ser francés. Abundan las reflexiones metafísicas sobre la ‘francesidad’ o una Francia perdida. Si el autor es de izquierdas, esa Francia ha sido mancillada por el neoliberalismo y la globalización desmedida; si es de derechas, la culpa es de el multiculturalismo y la inmigración. Francia, al fin y al cabo, como escribe Mark Lilla, estudioso del país, vive siempre con miedo a los cambios. En un reportaje en el New York Times, el pueblo de Albi, cerca de Toulouse, sirve como ejemplo de un declive francés, de una Francia vacía, rural y olvidada que candidatos como Marine Le Pen, del Frente Nacional, quieren recuperar. En el artículo, lo que realmente preocupa a los entrevistados no es la economía, sino que se esté perdiendo una parte del “alma” de Francia. Una de las reivindicaciones de Le Pen no es solo recuperar Francia, sino la “francesidad”.

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Pero mientras se llena la boca de patriotismo, la derecha francesa sufre por escándalos de corrupción a pocas semanas de las elecciones (la primera vuelta es el 23 de abril, la segunda el 7 de mayo). Marine Le Pen va a ser juzgada por la difusión de unas imágenes explícitas del Estado Islámico. En este artículo en Le Nouvel Obs explican el caso: Le Pen pensaba estar inmune gracias a su condición de europarlamentaria, pero el parlamento europeo ha votado para retirarle su inmunidad. Le Pen y el Frente Nacional se han hecho las víctimas y acusado a los eurodiputados de godillots (literalmente “botas”), un término despectivo para los que no se salen de la línea del partido. Vamos, que son unos cobardes y políticamente correctos. Fillon, candidato de Les Républicains, el centro-derecha, va a ser juzgado por haber pagado a su mujer durante años por un empleo ficticio como asesora. Se ha negado a retirarse de la campaña (“No cederé, no me rendiré, no me retiraré”), a pesar de que prometió que dimitiría si lo imputan, y ahora sufre una espantada de aliados tras el registro de su casa por la policía. En la rueda de prensa en la que defendió su inocencia dijo que “Francia es más grande que mis errores” y atacó a los jueces. La prensa francesa lo da casi por muerto.

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Le Pen también está acusada de pagar a familiares en empleos ficticios en el Parlamento Europeo. En el Frente Nacional todo queda en casa. Hay un artículo de Enric González fabuloso, por conciso e impactante, en el que traza una historia del clan Le Pen. Hay embarazos no deseados, hijos ilegítimos, traiciones, venganzas y un palacete, la residencia de Jean Marie Le Pen (el patriarca de la familia y fundador del partido) que perteneció a Napoleón III. Y, sin embargo, siempre acaban haciéndose favores. Esa endogamia no es exclusiva del clan de Le Pen, como escribe Simon Kuper en el Financial Times: políticos, jueces y periodistas comparten cama (literalmente) en París. Quizá de ahí el general desprecio por las elites de muchos votantes desencantados.

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Lo único que puede salvar al centro derecha en este escenario apocalíptico, según el periodista Serge Raffy, es un Macron de derechas. El joven candidato, exministro de economía socialista con Hollande y fundador del nuevo partido En marche!, sube como la espuma en las encuestas. Pero para algunos en la izquierda -y en la derecha- es demasiado liberal para Francia. Tiene una imagen corporativa. En el biopic Le Promeneur du Champ de Mars (en españa Presidente Mitterrand), sobre el expresidente socialista francés, el personaje de Mitterrand, crítico con los políticos economistas, dice: “Soy el último de los grandes presidentes. Después de mí solo vendrán contables.” Macron es guapo, joven, fresco, cosmopolita y europeísta, ha creado un nuevo partido con mucha maestría y buen marketing político, y probablemente vencerá las elecciones en la segunda vuelta frente a Marine Le Pen. Además, sus propuestas contra el nepotismo y la corrupción vienen en un momento ideal (aquí una entrevista con él en Le Parisien donde habla de sus reformas). Pero, para una parte de Francia, un reformista exbanquero, business friendly, que no se declara ni de izquierdas ni de derechas, es un poco como un insensible contable. Para el resto de Europa y los partidarios del socioliberalismo, en cambio, es la gran esperanza contra el populismo. Este perfil de Enric Bonet en CTXT es una buena introducción. Aunque llamar neoliberal a un político francés siempre es arriesgado (es uno de los países con mayor gasto social del mundo).

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Casi todos los analistas coinciden en que es imposible que venza Le Pen en las elecciones. También se decía eso de Trump y del Brexit (aunque en este último estaban los dos bandos más cerca). Pero es diferente en Francia, gracias al “pacto republicano”: los partidos del establishment hacen piña en la segunda vuelta de las elecciones contra el Frente Nacional. En 2002, cuando Jean Marie Le Pen se enfrentó a Chirac, la izquierda pidió “votar al estafador [Chirac], no al facha [Le Pen]” (“Votez l’escroc, pas le facho”), como mal menor. En la primera vuelta, Marine Le pen ganará, pero perderá considerablemente en la segunda contra Macron (según las encuestas, 62% frente a 38%). En este artículo Guillermo Ortiz explica que “en los departamentos donde el Frente Nacional tuvo opciones de ganar en 2015, la participación aumentó sistemáticamente en torno a diez puntos en la segunda vuelta para evitar su triunfo.” El odio a Le Pen une.

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