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Nació en 1998, es poeta y quiere hacerte daño

Maite Gallardo Alba acaba de publicar su segundo libro: 'Déjame hacerte daño'

Cuando Maite Gallardo habla, hace largos los silencios entre frase y frase. Yo me impaciento porque no me manejo muy bien en entrevistas por teléfono y tengo que disculparme debido a que, en el momento en que me arranco a hablar, ella hace lo mismo. Pero en seguida le pido que continúe, por favor.

Y continúa: “ Si te paras a abrir libros que han publicado algunos de los poetas de Twitter, puedo entender de dónde viene la crítica. Es que dices: ¡Dios mío de mi vida, esto cómo se ha podido publicar eso!”.

Maite Gallardo Alba nació en 1998 y acaba de publicar su segundo libro, Déjame hacerte daño (arscesis, 2017), lo que probablemente la convierta —junto a Rodrigo G. Marina, Alejandra Marquerie o Rosa Berbel— en una de las poetas más jóvenes de España. Ella escribe poesía, es muy activa en redes sociales y no tiene miedo a mostrar su intimidad. Entonces, ¿le convierte eso en otra "poeta de Twitter"? ¿En otro de esos autores de los que uno diría “Dios mío de mi vida, esto cómo se ha podido publicar”?

Ella cree que no:

“Yo creo que pasan dos cosas. Hay gente que se ha hecho famosa gracias a Twitter porque lo que escribían tenía cierta calidad y de tantos seguidores que tenían les empezaron a contactar editoriales. Pero luego, por otra parte, está la gente que realmente era tuitera y no hacía nada relacionado con la literatura y, de repente, se lanza a publicar libros, como si fuera algo que llevara haciendo toda la vida”.

A pesar de reconocer ciertas dinámicas nocivas de la poesía reciente, también se reconoce en algunos de sus espejos: “Aunque haya cosas que yo critique mucho, hay gente de mi generación que es brutal. Entonces, ¿cómo me voy a desmarcar de mi generación si se hacen cosas tan buenas al mismo tiempo?”

Lo que sí que hace ella es escribir con el lenguaje que, por edad, le corresponde. “Me estaba queriendo creer García Lorca, cuando la edad que tengo y la época en la que vivo no tiene nada que ver con eso”. Lo contrario sería ilógico.

Maite "joder", "follar" y "hacer el amor”. También habla de las Kardashians como símbolo de su tiempo: “Lo de las Kardashian es un tema a la orden del día. Aunque no quieras saberlo, te acabas enterando. Era una forma de englobar toda una época”.

Ahora que se lleva mucho lo de parecer cosas que no somos

Y hablar de las Kardashians

Y vestir como vestían nuestros padres en los ochenta

Nuestros abuelos en los ochenta

Hablar con el meñique apoyado en la barbilla

Pero Déjame hacerte daño no es un manto bajo el cual agrupar a toda una generación. Es, más bien, un libro de miedo. No al estilo de Stephen King. Qué va. Es un libro sobre sus miedos: sobre el temor a la muerte, a la traición, al abandono. Una antología de pesadillas más que de poemas.

Lo siento pero es inevitable que grite

Porque esta noche mi abuelo vivía

Y tu me dijiste

Mientras las besos

Oye

Mira

Me acuesto con

Aunque su segundo libro   también es un disco de trap. Aquí hay calle, ganas de abandonarla, sexo y también drogas. A pesar de que no es un gesto deliberado, Maite no niega la posibilidad de que la premisa sea cierta: “Puede ser, yo no escucho trap. He escuchado alguna canción por alguna amiga. De todas formas, lo que me apetecía era hacer algo más informal”.

Un día si quieres te llevo de la mano a un barrio marginal

Para que conozcas la lucha obrera

Los pantalones de chándal

Los zapatos en los cables

Maite Gallardo Alba estudia interpretación. Y también lo hace por miedo. Por aquello de no poner todos los huevos en la misma cesta: “Quizás dentro de veinte años tengo una crisis artística y no sé qué escribir y tal vez tengo la presión de una editorial que me dice que has firmado un contrato y tienes que publicar un libro. No quiero que sea eso”.

Porque, aunque en el libro haya un capítulo llamado Los poemas que vosotros queríais leer, pero que yo no quería escribir, Maite vaga por las 65 páginas de Déjame hacerte daño con una libertad encomiable.  

Hace lo que quiere. Llora en la cocina, usa una falsa efeméride para titular un poema o pide hacerte daño sólo para saber que tiene tu confianza. Escribe dirigiéndose a personas con grupo sanguíneo y número de DNI. A personas de carne y hueso. Escribe como quien sabe que tiene una vida por delante para seguir haciéndolo.

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