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Una tarde con el hombre que escribe los discursos al futuro presidente

Una charla con Quentin Lafay, novelista y pluma de Emmanuel Macron que define en una línea a Marine Le Pen como "el rostro de la política francesa de antes de ayer"

*Fotografía: AJR

¿Un día normal en la vida de Quentin Lafay? No lo hay. Estos días mantiene dos trabajos: escribir los discursos del candidato de En Marche y coordinar a parte del equipo de Emmanuel Macron. Lafay es amable y educado pero mide sus palabras como quien milita en un partido y sabe las líneas rojas que no deben cruzarse. Además de discursos, Lafay también escribe novelas: este año publicaba La place forte en Gallimard, la editorial más prestigiosa de Francia. Tiene 27 y encarna todo lo que imaginas cuando piensas en un votante de Macron. Hablamos con él de su literatura y su política.

—¿Qué fue primero? ¿La novela sobre alguien que trabaja en política o trabajar en política?

—La política. He trabajado escribiendo discursos con Marisol Touraine en el Ministerio de Salud, luego estuve con Macron en el Ministerio de Economía y finalmente llegó la campaña.

—Cómo escritor de discursos, ¿qué se te da mejor, las ideas o las metáforas?

—Las ideas. Para Macron, las ideas son más importantes que la forma.

—Escribir novela política —entiendo que basada en tu experiencia política—, ¿te ha acarreado problemas en política?

—Mi intención no era tanto compartir secretos como contar la verdad: la realidad, los sentimientos, las impresiones… 

—¿Cuáles son tus frustraciones como escritor de discursos?

—La falta de tiempo para disfrutar de la escritura y para pensar.

—¿Quiénes son los políticos de derechas que dan mejores discursos?

—Lo primero que me viene a la cabeza es Dominique Villepin. En 2003 dio un discurso muy famoso en el que explicó por qué Francia no debía ir a la guerra de Irak.

—¿Thatcher?         

—No.

—¿Trump? Su retórica está funcionando.

—Trump engaña a la gente. No es mi manera de argumentar las cosas. Creo que tiene un problema con la verdad y Macron es más de ideas, verdades y hechos; es muy diferente.

—¿Sarkozy?             

—Tiene buenos discursos, pero suelo estar en desacuerdo con ellos.

—¿Qué te interesa más: la política o la literatura?

—La literatura. La política no es más que un momento de mi vida.

—¿Dónde te ves en diez años?

—He tenido la posibilidad de descubrir los ministerios cuando era muy joven, luego pude participar en una campaña presidencial. No quiero encerrarme en política toda mi vida.

—Para haber visto todas las cosas tendrías que haber sido presidente.

—No entra en mis planes.

—¿Borgen o House of Cards? 

—Boss, pero entre las dos, Borgen.

—¿Qué expectativas tienes para este domingo?

—Ganar. Y ganar con amplitud.

—Una de las críticas que más se han hecho a Macron tras la victoria en la primera ronda es su arrogancia. «Ganar con amplitud» a mí me suena a esa arrogancia.

—No es arrogancia. Debemos demostrar que tenemos el mejor proyecto para ganar con diferencia.

—Si tuvieras que escribir un discurso para convencer a las rentas más bajas de que voten a Macron, ¿cuáles serían tus argumentos?

—Macron es el único candidato que comprende el nuevo mundo en que vivimos. Es el único capaz de inventar las protecciones que verdaderamente ayudarán a los franceses, todos los franceses.

—Estos días hablaba con alguna gente de la banlieue y un argumento que repetían es que Macron es un pequeño Hollande.

—Tienen proyectos distintos desde el principio. Macron tomó el riesgo de seguir su propio camino. Sus programas son diferentes.

—Perdona por las palabras escogidas, pero tienes un punto de caricatura de votante de En Marche: educado, urbano, guapo, exitoso, inteligente… ¿No crees que esta imagen de perfección está dañando al partido?

—En Marche son 250 000 afiliados. Los afiliados vienen de toda la Francia, de todas regiones, de todos los medios sociales.

—Pero es la imagen que se tiene. ¿A qué crees que se debe?

—Lo que cuenta no es lo que se es, es lo que se hace.

—¿Qué cosas te hacen sentir inseguro?

—Soy un hipocondriaco.

—¿Cuáles son las preocupaciones políticas de tus amigos en París?

—Suelen ser de izquierdas, así que se preocupan por temas sociales, la educación, la investigación… 

—¿Alguna vez has estado en el paro?

—No.

—¿Y cómo se escriben discursos a parados cuando no conoces el desempleo?

—Tú puedes estar trabajando con un ministro de salud y no ser doctor para escribir discursos. Lo importante es comprender a la gente; se trata empatía.

—Para mí es más un tema de diversidad. No basta con tener empatía hacia el feminismo, conviene que haya igualdad… 

—En el equipo de Macron tenemos sensibilidades diferentes: gente que viene de la izquierda, gente que viene de la derecha. También gente que ha conocido el desempleo…

—¿Qué le recomendarías a un joven que quiera prosperar? ¿Sindicarse o emprender?

—No son excluyentes, las dos cosas se pueden hacer a la vez.

—¿Qué opinión te merecen los sindicatos en Francia?

—No es la clase de pregunta política que prefiera contestar ahora, preferiría hablar de literatura.

—¿Macron en una línea? 

—El nuevo rostro de la política francesa.

—¿Le Pen en una línea?

—El rostro de la política francesa de antes de ayer

*Con la colaboración de Thomas Deslogis.

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