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8 formas de convertir tu vida en un puto cuento de hadas

Helène Zimmer publica 'Fairy Tale', una novela sobre cómo sobrevivir a la vida adulta

1. No seas mujer.

(Ese es tu primer problema, Coralie, ¿quién te mandaría sangrar tanto?)

2. No te enamores.

(Piénsalo, Coralie, quizá además de por ser mujer todos tus problemas empezaran cuando conociste a Loïc)

3. No cumplas 30 años.

(Y si los cumples que siempre parezca que tengas 20)

4. No tengas hijos.

(¿Cuando ves la cuenta del supermercado al comprar comida para TRES críos, qué sientes, Coralie?)

5. No busques un buen trabajo.

(Confórmate con lo que te den, porque quizá la próxima vez no te den nada)

6. No vayas a concursos de la tele.

(Juegan con tus ilusiones, Coralie)

7. No te hagas ilusiones

(Vive al día y déjate de sueños, Coralie)

8. Y lo más importante: no dejes de leer a Helène Zimmer.

(Porque Helène Zimmer podría haber escrito una primera novela sobre cualquier cosa, pero decidió escribirla sobre ti, Coralie)

Y sí, es verdad.

Helène Zimmer podría haber escrito una primera novela sobre cualquier otra cosa.

Por ejemplo, sobre su adolescencia idílica trabajando y triunfando como actriz. O sobre la vida de una joven parecida a ella, nacida en 1989 y obsesionada desde sus años de universitaria con convertirse escritora. O incluso sobre el pijerío del mundillo cinematográfico francés, narrado entre escenas de cigarrillos delgados y copas de tinto.

Pero no.

Helène Zimmer ha escrito algo completamente distinto a lo que cualquiera podría esperarse de ella. Sin previo aviso, esta realizadora, actriz, guionista y narradora de Lille ha publicado en la prestigiosa editorial P.O.L un devastador retrato de la clase media francesa, en donde la desilusión, las dudas sobre la paternidad, el paro y el miedo al futuro son protagonistas.

Su personaje principal, Coralie, no tiene nada que ver con Zimmer. Quizá sólo le aproximan a ella su edad —por arriba o por abajo ambas rondan la treintena—, su género —son mujeres, aunque cada una haya vivido su feminidad de maneras radicalmente opuestas— y su ambición —las dos tienen grandes sueños, pero si Zimmer ya lo toca con los dedos, Coralie sólo intentará rozarlo—.

Aunque bajo ese pretexto Helène Zimmer acabó escribiendo un libro titulado Fairy Tale (Cuento de hadas), lo cierto es que su novela lo representa todo excepto la magia, lo abarca todo excepto la alegría, y lo enumera todo excepto el placer.

Coralie vive en un callejón sin salida junto a su marido Loïc —que lleva dos años en paro— y junto a tres niños pequeños que convierten su cuerpo y energía de mujer joven en los de una señora cansada. Lo único que le apacigua es el agua caliente y el olor a jabón cuando friega los platos. Las largas conversaciones sobre ser mujer con otras colegas mujeres. Decir palabrotas todo el rato —incluso delante de sus hijos—. O mirar la televisión con la esperanza de que al menos alguien de su familia se convierta en una estrella.

En este punto Fairy Tale es una novela aún más incómoda si cabe. No sólo nos está retratando la vida miserable de alguien que podríamos ser nosotros mismos, sino que además lo hace con un lenguaje y un ritmo que provocan que más de una vez tengamos que cerrar el libro. Quizá gracias a sus dotes como realizadora cinematográfica, Zimmer consigue que su narración entera tenga un hilo musical hecho de gritos de niños o de anuncios de televisión completamente ensordecedores.

¿Alguien puede bajar el volumen? ¿Alguien puede decirle a esos niños que se callen? ¿Alguien puede ayudar a terminar de preparar la cena? ¿Alguien puede pedirle a Loïc que sea un poco más amable con Coralie? ¿Alguien puede levantarse del sofá y ayudar a esta mujer antes de que la pequeña pizca de alegría que guarda se desvanezca?

Lo más doloroso de todo es que apenas pasadas las primeras páginas de esta historia, tenemos que darlo por hecho: no se va a convertir en un cuento de hadas. Ni la vida de Coralie, ni la de Zimmer, ni siquiera la nuestra. Pero al menos sabemos que si sobrevivimos hasta el final del libro habremos ganado una batalla. Y miraremos a las hadas mágicas de los cuentos con una mueca divertida. Porque al fin y al cabo ellas sólo son ficción y nosotros, con lo bueno y con lo malo, sí que existimos.

 

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