Books

En la nueva Guerra Fría Rusia va ganando

#HechosAlternativos: la actualidad comentada en un puñado de liks que quizá te perdiste

No hay semana, apenas día, sin polémica de Trump. Casi todas tienen algo que ver con Rusia. Después de echar al director del FBI, James Comey, que estaba investigando los vínculos de Trump con Rusia, el New York Times desveló que Trump intentó influir en la investigación de Comey. En Vox explican cuáles son las tres investigaciones sobre Rusia y Trump: una sobre su campaña y la relación de sus asesores con gente del Kremlin (su exjefe de campaña, Paul Manafort, fue despedido por vínculos con Yanukóvich, el expresidente de Ucrania prorruso), otra sobre la influencia rusa en las elecciones (está el hackeo al partido demócrata), y otra exclusivamente sobre el exasesor de Trump Michael Flynn que habló con el embajador ruso antes de tomar el cargo. Pero más allá de esto, y de lo jodido que está Trump, es interesante ir más allá en la conexión rusa.

Esta Nueva Guerra Fría, como la llama Jesús Pérez de Triana en su blog Guerras Posmodernas , no se parece tanto a la vieja: en este caso, Trump y Putin son demasiado parecidos. En un largo y detallado reportaje en New Yorker sobre el hackeo ruso al partido demócrata, lo explican así: “Estamos en una situación en la que un líder fuerte de un país relativamente débil está actuando contra líderes débiles de países fuertes”. Ese líder fuerte es Putin, los líderes débiles son los presidentes occidentales, y en especial Trump. El artículo repasa la historia de Putin, y cómo ha construido una ideología nacionalista y conservadora para recuperar el poder y el sueño imperial ruso: tras la caída de la URSS hubo un vacío ideológico que se está cubriendo con autoritarismo, tintes teocráticos y nostalgia de un supuesto pasado glorioso.

En la Rusia de Putin, la disidencia está perseguida y corre mucho peligro. En febrero de 2015, el disidente y político liberal Boris Nemtsov fue asesinado junto al Kremlin. Nemtsov tenía pruebas de la involucración rusa en la guerra de Ucrania. En marzo de este año, miles de personas salieron a las calles para protestar contra la corrupción y el sistema en general. El político disidente Alexei Navalny desveló en un vídeo viral la corrupción del primer ministro Medvedev, mucho más impopular que Putin (fue una buena estrategia: ir contra Putin, con casi un 80% de aprobación, es más complicado). Navalny fue encarcelado 15 días por organizar una manifestación ilegal.

Navalny no deja de sufrir reveses. El gobierno le prohíbe, bajo acusaciones de corrupción, presentarse a las elecciones del año que viene. En la ciudad siberiana de Barnaul, un encapuchado le roció con un antiséptico que le dejó la cara verde. El químico, llamado zelyonka, puso en peligro su vista, aunque consiguió salvarla en una operación en Barcelona. Como explican en este artículo en The Economist , la zelyonka suele ser una manera de los pro-Kremlin de “marcar” a los disidentes, no de herirlos. En las protestas anticorrupción, muchos apoyaron a Navalny pintándose la cara de verde.

En la Nueva Guerra Fría, Rusia es el modelo iliberal y conservador, pero ya no lucha tanto por venderse en el exterior, como hacía la URSS. Le basta con demostrar al mundo que el modelo occidental es fallido. Para ello utiliza la desinformación, más que la propaganda. Putin casi nunca usa un ordenador, pero Rusia es una potencia hacker y troll. Tiene granjas de trolls ( este reportaje sobre una de ellas, en San Petersburgo, es fascinante), sus medios antioccidentales, como RT o Sputnik, de propiedad estatal, están en varios idiomas, y el Kremlin ha tenido varios éxitos de hackeos en los últimos años. En 2007 consiguió inhabilitar casi toda la infraestructura de internet de Estonia, mediante un ataque DDoS (que básicamente satura la red con muchas solicitudes). ¿Por qué? Porque Tallin, la capital estonia, retiró una estatua memorial de los soldados soviéticos muertos en la Segunda Guerra Mundial. Y está probado que detrás del hackeo del partido demócrata estadounidense estaban hackers rusos, que dejaron un rastro fácil de seguir. Putin quería que supiera que era él: mirad lo que puedo hacer.

Rusia busca los puntos débiles de los países occidentales, como el escepticismo del electorado o el atractivo de los populismos, para sembrar la desconfianza en la democracia. En más de una ocasión, Wikileaks le ha ayudado. La organización de Julian Assange (la Fiscalía de Suecia ha cerrado esta semana su caso sobre unas supuestas violaciones), como escriben en este reportaje, “quizá, por convicción, conveniencia o coincidencia, ha beneficiado a menudo a Rusia, a expensas de Occidente”. Según Estados Unidos, la información robada al Partido Demócrata estadounidense, que publicó Wikileaks, fue obtenida por la inteligencia rusa. En el artículo, un colaborador de Assange afirma que no aceptaría documentos de un gobierno para perjudicar a otro, pero sí de un grupo hacker. Y Rusia usa grupos de hackers aparentemente independientes. En la Nueva Guerra Fría, los enemigos de Occidente no son solo Putin y Kim Jong Un, sino Cozy Bear o Fancy Bear, los nombres de los grupos de hackers rusos que entraron en el sistema del Partido Demócrata.

Tags:

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar