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Por qué los grandes hombres de la Historia no lo habrían sido sin sus madres

El libro 'Los grandes hombres y sus madres', escrito por una historiadora francesa, revela algunas claves para entender las extrañas relaciones maternofiliales de figuras como Napoleón, Jean-Paul Sartre o Martin Luther King

Haya sido un condecorado militar, un emperador de Europa o un pensador profundo y reconocido, detrás de cada hombre famoso se encuentra —y en esto Sigmund Freud tendría mucho que decir— su madre.

Sabine Melchior-Bonnet, historiadora del Collège de France, acaba de publicar un libro llamado Les Grands hommes et leur mère ( 'Los grandes hombres y sus madres') en el que precisamente revisa algunas de las figuras más destacadas de la historia occidental a través de sus extrañas, enternecedoras o violentas relaciones maternofiliales.

¿Qué tienen en común Martin Luther King, Stalin, Luis XIII y Jean-Paul Sartre?

Pues que, como ha revelado Melchior-Bonnet, todos mantuvieron una peculiar relación con las personas que los gestaron en su vientre.

En 1935, por ejemplo, una señora llamada Yekaterina Gueladze se acercó a Josef Stalin y le soltó "Mejor te hubieras hecho cura". No sabemos qué respondió exactamente el dictador ruso, pero lo que es seguro es que Yekaterina se marchó de allí sin demasiados problemas.

En esto, claro, podría haber tenido que ver el hecho de que Gueleadze era la madre de Stalin —aunque es verdad que con el creador de los "Planes quinquenales", como demuestran las purgas que alcanzaron a su propia familia, nunca se sabe—.

La relación que las progenitoras establecen con sus hijos no es ni mucho menos sencilla: por ejemplo, Klara Hitler no tuvo en apariencia ninguna responsabilidad en los crímenes de su hijo, respecto a los que se mostró siempre horrorizada.

Sin embargo, Mónica, la madre de San Agustín, fue la que lo trajo del camino de la fiesta para convertirlo en santo (y no debió de ser fácil, tal y como revela que el padre de la Iglesia fuera quien pronunciase la famosa frase "Hazme casto, Señor, pero no ahora").

Si hay algo que demuestra el ensayo de Sabine Melchior-Bonnet es justamente que las relaciones maternofiliales no son unívocas: las madres nunca pueden hacer de sus hijos exactamente lo que ellas desean, y aunque es evidente que ayudan a determinar el futuro de estos, no lo hacen de manera unívoca ni previsible.

Así, aunque el emperador romano Nerón —al que recordarás de otros hits como "El incendio de Roma"— asesinó su madre Agripina en el año 59 d.C. para ascender al trono del Imperio, Napoleón siempre tuvo buena relación con su madre, que dijo de él que "entre mis hijos, quiero más al que más ha sufrido".

¿Madre hay más que una?

Quizás no, pero está claro que los hijos pueden salir de muchas maneras distinas (y que las madres no tienen tanto que decir en eso).

(Vía Bibliobs)

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