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Harry Potter es feminista radical (según este ensayo filosófico)

Se acaba de publicar 'Harry Potter y la filosofía', un libro que explora las pistas filosóficas, políticas y sociales ocultas en la saga de J.K. Rowling

Harry Potter y la filosofía es el nuevo libro de la colección 'X and Philosophy' promovida por el sello estadounidense Blackwell.

Esta serie cuenta ya con unos 50 libros en los cuales se estudia la relación entre la filosofía y producciones concretas de cultura pop.

Así, películas como Avatar o El gran Lebowsky, series como 24 o Juego de tronos, libros como El hobbit o Las crónicas de Narnia y juegos de rol como Dragones y mazmorras forman parte —con mejor o peor suerte— de esta iniciativa, y varios de ellos han sido publicados en distintas editoriales españolas.

El método consiste en reunir a  un grupo de filósofos y críticos culturales para que reflexionen de forma divulgativa alrededor de algunos aspectos presentes en los libros, series o videojuegos, ya sea "explorando su filosofía" o bien sirviéndose de "temas sacados de los libros como medio para debatir varias ideas y puntos de vista filosóficos".

Es lógico que el resultado sea irregular, en tanto que el método se parece bastante al de una churrería —y no todos los productos culturales que se utilizan como base para la reflexión tienen el mismo potencial filosófico.

Y sin embargo, Harry Potter y la filosofía (Alianza), coordinado por Gregory Bassham, es capaz de proponer unos cuantos planteamientos de manera sencilla pero profunda.

El libro consta de 18 capítulos en los cuales se trata de responder a preguntas como "¿Qué es el amor? ¿Es cómo dice Rowling, la magia más poderosa de todas? [...] ¿Las personas tienen alma? Y si es así, ¿qué relación guarda esta con el cuerpo? ¿Se pueden dividir, como hizo Voldemort con la suya por medio de los horrocruxes?  ¿Qué pueden enseñarnos metamorfos como los animagos y los boggarts sobre la identidad personal y el yo?", etc.

El interés de las respuestas varía mucho de un ensayo a otro, dependiendo del enfoque del filósofo y de las posibilidades del tema que se trate.

Es curioso que los capítulos que en un principio parecen los más prometedores, o al menos, los más evidentes, son los que salen peor parados. De esta forma, "El alma en Harry Potter" y "El destino en el mundo de la brujería" —que abordan dos de las cuestiones fundamentales en el universo de Harry Potter (el de la predestinación y el de la existencia y cualidad del alma)— no acaban de funcionar.

En el primero, el experto en filosofía de la mente Scott Sehon trata de dilucidar qué teoría del alma propone J.K. Rowling en su saga. Está claro que este es un tema básico en Harry Potter, y muy especialmente en los últimos libros, donde la búsqueda y destrucción de horrocruxes (las "particiones" del alma de Voldemort) adquiere un lugar fundamental.

Sehon pretende determinar si el "alma" al que se refiere Rowling es la que describieron los filósofos de la Antigüedad, la de los medievales, la de René Descartes... para acabar confirmando que de lo que se habla en la saga es un batiburrillo de ideas contradictorias y vagas que funciona más bien como un resorte o mecanismo literario que permite que las novelas avancen.

Algo similar sucede con la idea de destino en Harry Potter, que a pesar de ser tratada de manera más lúcida por Jeremy Pierce desprende unas conclusiones similares.

Sí, el destino es importante —la profecía que llevó a Voldemort a intentar matar a Harry, por ejemplo, es imprescindible para comprender la trama de las últimas novelas— pero una vez más, no está formulado, diseñado ni pensado de manera coherente. El destino en Harry Potter es una suma de lugares comunes ("el elegido", "la profecía", etc.) que parecen más exigencias de un género literario que propuestas estéticas con un contenido relevante.

El libro, sin embargo, cobra peso cuando toca temas menos obvios y que entroncan de manera más clara con los intereses del pensamiento actual y con las preocupaciones de nuestra sociedad: resulta evidente que los lectores hoy en día estarán más interesados por el feminismo, el liberalismo político y la homosexualidad que por la predestinación y la sustancia espiritual.

En un divertido ensayo, Tamar Szabó Gendler se pregunta si (como dijo J.K. Rowling en una entrevista) Dumbledore es gay y, sobre todo, si J.K. Rowling tiene derecho a afirmar que Dumbledore es gay una vez que ha cerrado el ciclo de las novelas y ya no es la narradora sino una lectora más.

Esta cuestión le permite a Szabó analizar algunas ideas homófobas presentes en la crítica y, sobre todo, hacer un breve repaso por algunas de las ideas básicas de la teoría literaria del siglo XX: la muerte del autor, el intencionalismo, la hermenéutica de Gadamer...

Otro ejemplo de capítulo exitoso es el que Anne Collins Smith dedica a "Harry Potter, el feminismo radical y el poder del amor". En él, Collins defiende que (en contra de lo que han dicho otros estudiosos del género) las novelas de Harry Potter son profundamente feministas.

Y lo son porque no proponen un modelo de feminismo que consista sencillamente en una incorporación de la mujer a un mundo construido por los hombres, sino una "creación" desde cero de un sistema igualitario . Así, Rowling insiste repetidamente en que "el amor es la magia más poderosa" y dota de un atributo típicamente feminino (la "amorosidad") a su protagonista masculino.

El personaje de Harry Potter —normal, pasivo hasta cierto punto, tímido, no agresivo, protegido de los ataques de Voldemort por el amor de su madre— es un ejemplo de masculinidad alternativa que se opone a la hombría violenta y dominante de Voldemort. En cierta medida, lo que propone Rowling (según Ann Collins) es una puesta en valor de ciertas actitudes vitales históricamente asociadas a las mujeres.

Por ello, aunque haya rasgos menos radicales en sus novelas (como el hecho de que la mayoría de los altos cargos estén copados por hombres), Harry Potter sugiere un mundo en el que, tal vez, el poder no sea el elemento de juicio para determinar la valía de una persona.

La oposición entre Voldemort  y Harry es verdaderamente interesante. Porque a pesar de su aparente funcionamiento maniqueo, los dos personajes son lo bastante parecidos y lo bastante diferentes como para que le permita hablar a Rowling de un montón de cosas sin hacerlas cargantes y demasiado explícitas.

En su capítulo "El patriotismo, la lealtad a la casa y lo que ello conlleva", Andrew P. Mills examina un tema en principio sencillo como las casas de Hogwarts. 

¿Por qué, se pregunta Mills, deben los futuros magos guardar una fidelidad absoluta a un grupo de personas, a unos símbolos y a unos valores de grupo que le han sido asignados de manera más o menos aleatoria por un sombrero mágico?

A través de esta pregunta, Mills disecciona algunas de las últimas teorías acerca de la etnia, la nacionalidad y el patriotismo. ¿Implica pertenecer a una comunidad de personas con una lengua y una cultura comunes un desprecio por los demás?

Mills cree que no, y opone precisamente la visión "chovinista" de los mortífagos y Voldemort (que exigen con tatuajes, asesinatos y sangre limpia la adhesión a su comunidad) a la de las casas de Hogwarts, que funcionan más bien con un delidado equilibrio entre comunitarismo —que, utilizando un ejemplo de Martha Nussbaum, define como "tratar mejor a tu bebé que a los de los demás a pesar de que sabes que el tuyo no es mejor"— y cosmopolitimo bien entendido.

Estos últimos artículos demuestran que el éxito arrollador de la franquicia Harry Potter podría deberse no solo al universo vistoso creado por J.K. Rowling, al marketing brutal y al salero de Daniel Radcliffe y Emma Watson, sino a que fueron capaces de captar y comunicar una verdad más profunda.

Tal vez el éxito de Harry Potter se deba, también, a que las siete novelas colaboraron a formar las ideas filosóficas, políticas y de género de una generación de lectores (que aún esperan su carta para entrar a Hogwarts).

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