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La edad de oro de la novela gráfica española se cuela en los Oscars del cómic

Los Premios Eisner nominan a 'Spanish Fever' en la categoría de mejor antología

Cuando en 2013 apareció la antología Panorama, Santiago García no contaba con que acabaría siendo nominada a un Premio Eisner, considerados "los Oscar" del mundo del cómic.

El autor de obras como García! y Beowulf habló con Astiberri a principios de la década para editar una colección de autores españoles con los que atestiguaría “ese giro en la condición del cómic: de cine de los pobres a literatura contemporánea”.

Para el proyecto contaba con luminarias de la novela gráfica española como Paco Alcázar, Carlos de Diego, Javier Olivares, Paco Roca o David Rubín. El éxito estaba asegurado desde su concepción. Sin embargo, solo lo imaginaba como algo local; como una manera de dar a conocer la creación española a los lectores del país.

Vía Fantagraphics

De este modo, cuando se anunció que el cómic sería editado por la editorial americana Fantagraphics, sus expectativas iniciales se superaron con creces. Ahora, la nominación a los “Oscar del cómic” como mejor antología, ha sido catalogada como el mayor homenaje internacional a la novela gráfica española.

Lo explica Santiago García:

“Hace años que estamos acostumbrados a que aparezcan autores españoles entre los nominados de los Eisner. Pero para mí tiene un matiz especial, ya que es una obra que representa el cómic que se hace en España. En ese sentido, ya no es simplemente que los autores españoles hayan demostrado su calidad para competir en el mercado americano, sino que es la llegada de la novela gráfica española a Estados Unidos”.

Como suele ocurrir, Spanish Fever –título inglés de la antología– no ha sido la única presencia española en las nominaciones. También están nominados Emma Ríos por Island, Albert Monteys por Universe!, Pere Pérez por Faith, Gabriel Hernández por La Visión y, confirmando la entrada de la novela gráfica en el mercado norteamericano, Paco Roca por Arrugas.

'Arrugas', de Paco Roca

“Lo más interesante que está ocurriendo en la novela gráfica española es que se están mezclando muchos géneros. Y, además, se están generando nuevos. Se están probando cosas que nunca se han intentado. No hay una visión homogénea, no se trata de repetir una retórica impuesta, sino que hay muchísima variedad. Y, además, no dejan de surgir nombres nuevos”, dice García.

Según el autor, este piscolabis cultural, que bebe tanto de la lectura de cómic americano como del francés y japonés, está generando una camada extraordinaria de autores españoles. Algo que, solo unos años atrás, sería impensable:

“Recuerdo que, cuando estudiaba, los cómics eran considerados ‘subliteratura’. Eran algo distinto al arte, como una producción industrial degradante que como mucho tenía cierta gracia para los coleccionistas. Pero ahora ya nadie se los toma así. Ahora entienden que es un medio de expresión válido en el que puedes hacer lo que quieras, sin importar tus ambiciones artísticas, creativas o literarias. Todo tiene cabida en el cómic”.

Vía Astiberri

Para García, “es un proceso que ha tardado décadas en llegar. Pero, una vez ha comenzado, es imparable”. En la actualidad, cree que se ha convertido en un sector muy importante de la industria cultural en España, llegando a superar en importancia al de países como Reino Unido, Italia o Alemania, que por sus recursos culturales podrían ser mucho más relevantes.

“Incluso creo que tenemos una situación nada envidiable a la de Estados Unidos. EEUU es un país muy grande en el que el cómic tuvo su momento de auge, pero ahora la mayoría de cosas que se identifica con cómic allí se relacionan con el cine y la televisión. Y, en el ámbito del cómic de autor, que es en el que se identifica la novela gráfica, proporcionalmente tiene una importancia mucho menor que en España, teniendo en cuenta que alberga más de 300 millones de habitantes”.

El problema, por supuesto, se sigue encontrando en el poco apoyo público que se le da a la cultura. Y, mientras que en sectores como el cine este déficit se consigue visibilizar, en el caso de los cómics acaba siendo obviado por el público.

Aun así, por más que las presiones sean evidentes, la edad de oro de la novela gráfica española –que sigue directamente al final de la era del tebeo– está llegando a su momento álgido. Y la mejor prueba de ella está el reconocimiento de los Premios Eisner.

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