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El feto que conspiró para evitar que su madre asesinara a su padre

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'Cáscara de nuez', la nueva novela de Ian McEwan, cuenta la historia de un feto que emprende una delicada misión: salvar la vida de su padre

Xaime Martínez

09 Marzo 2017 20:58

"No todo el mundo sabe lo que es tener a unos centímetros de la nariz el pene del rival de tu padre. En esta etapa avanzada deberían contenerse por mi bien. Lo exige la cortesía, si no el imperativo médico. Cierro los ojos, aprieto las encías, me agarro a las paredes uterinas. [...] Mi madre incita a su amante, le fustiga con sus gritos de feria. ¡La Pared de la Muerte! Cada vez, a cada embestida, temo que la atraviese y me joda los huesos blandos del cráneo y siembre mis pensamientos con su esencia, con la nota torrencial de su trivialidad. Después, con mis lesiones cerebrales, pensaré y hablaré como él. Seré el hijo de Claude".

Decía el Doctor Portuondo que las mujeres son las primeras revolucionarias de la Historia porque ponen a los hijos en contra de sus padres.

Sin embargo, la nueva novela del escritor inglés Ian McEwan cuenta una historia muy distinta.

En Cáscara de nuez (Anagrama), libro al que pertenece la cita anterior, es una novela en donde el hijo lucha contra los planes asesinos de su madre y su tío Claude.

Este hijo innombrado es el responsable de narrar la totalidad del libro, aunque tiene una característica que lo diferencia de cualquier narrador: que es un feto —y particularmente pedante—.

Con una estructura que juega con el Hamlet de Shakespeare hasta el punto de que podría considerarse un extraño remake, McEwan construye una especie de thriller psicológico de resonancias trágicas.

El protagonista de la novela está en el último mes de gestación cuando oye a su madre Trudy y a Claude, amante y cuñado de esta, planear el asesinato de su padre. El móvil del crimen es una desvencijada pero valiosa casa que John, el padre del narrador, heredó de su familia y que la pareja asesina quiere conseguir a cualquier precio.

A lo largo de la breve novela oímos al feto reflexionar sobre el amor que siente por su madre, aun siendo consciente de que es una homicida en potencia; sobre el desprecio que siente por su tío, estúpido y eyaculador precoz; y sobre la compasión que le inspira su padre, un editor de poesía y poeta mediocre que no se huele nada de lo que le espera.

Constantemente embriagado por el vino que su madre bebe en cantidades poco recomendables, el protagonista va desenmarañando los hilos del asesinato que pretenden cometer Trudy y Claude y trata de encontrar una manera de detener la maquinaria del crimen.

Si en teoría cinematográfica se utiliza el término "high concept" para aquellos guiones en los que la premisa es tan fuerte que determina prácticamente el rumbo de toda la obra, el caso de la novela de McEwan es un "high concept" en sí mismo

Si además a ello sumamos que la novela pretende sostener la tensión de un thriller y que el subtexto con el que se trabaja es el de Hamlet —la madre y el tío se llaman igual que en la tragedia shakespereana—, la empresa de crear una trama que se sostenga, parece prácticamente imposible.

Pero McEwan lo consigue. No solo es capaz de dotar a sus personajes de cierta profundidad y de mantener el suspense, sino que logra proponer una serie de ideas filosóficas de mucho interés: el límite del útero como límite de la percepción, la aterradora maldad de nuestras madres, la decisión terrible entre ser y no ser, entre nacer y ahorcarse con el cordón umbilical...

Como dice el feto, "aquí surge la verdad que más limita la vida: siempre es ahora, siempre es aquí, nunca es entonces y allí".

Es evidente que Cáscara de nuez no carece de problemas que rebajan su calidad: el tono pedantesco y florido que emplea el narrador —supuestamente adquirido a través de los podcast que escucha su madre— llega a dar grima.

Y por supuesto, hay ciertos excursos políticos y sociales del feto que más parecen los gruñidos de un abuelo. Además, la estructura de thriller y la ironía trágica que comporta la obra shakespereana se contradicen en algunos momentos: la idea de Destino imprescindible en la tragedia es radicalmente opuesta a la intriga que sostiene una novela de misterio.

Pero en todo caso, Cáscara de nuez es un paso más allá en la obra de McEwan. Un escritor que envejece aprendiendo a gestionar su decadencia. Haciéndola fecunda, como aquí demuestra.

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