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Cómo explicar la discriminación de género a un niño

El libro de Jacky Fleming, 'El problema de las mujeres', ayuda a explicar a los más pequeños qué significa que la discriminación de género sea un problema social causado por motivos estructurales

Explicarle a tu hijo que en la antigüedad también había mujeres se parece demasiado a explicarle que existen unos duendecillos que tú no ves ni vas a ver nunca, porque son invisibles, pero que están ahí y son muy importantes y muy listos y fuertes y que más vale que te lo creas.

No, no salen en los libros del cole.

No, tampoco protagonizan tus cuentos.

Que sí, que tuvieron grandes ideas, fueron excelentes deportistas, matemáticas imponentes, pioneras del cine, entomólogas de primer nivel y grandes escritoras.

Es ridículo, pero es así: la desigualdad en la representación de hombres y mujeres es tan abrumadora que, más que una demostración, la existencia de mujeres en el pasado parece requerir un acto de fe.

Sin embargo, lo más difícil no es explicarle a un niño las razones de la ocultación de las mujeres en nuestra actual cultura pública. Esto es solo vergonzoso.

Lo complicado de verdad es tratar de justificar que si los grandes nombres de la historia se escriben siempre en masculino –Arquímedes, Galileo, Darwin, Kant, Einstein– no se debe a que los hombres fueran más listos, más fuertes y más leídos, sino que a las mujeres se les impedía sistemáticamente desarrollar sus capacidades.

Pero explicar que las causas de la desigualdad se deben a razones estructurales y no a una carencia consubstancial a la naturaleza de las mujeres es lo que ilustra de maravilla el libro de Jacky Fleming, ‘El problema de las mujeres’.

Sus viñetas escenifican, no con poca ironía, lo que significa la reclusión de las mujeres a la esfera privada, la imposición de ropajes, posiciones corporales y hábito. Enseñan que la reducción de sus actividades unos pocos roles las excluía de todo reconocimiento posible.

Recopila, además, algunos de los argumentos que los grandes genios han esgrimido a lo largo de la historia para justificar la supuesta incapacidad congénita de las mujeres. El problema nunca era de una cultura patriarcal que las ninguneaba. El problema era de ellas solitas:

Como dijo Ruskin, ‘el intelecto de la mujer no está hecho para la invención o la creación. Su gran cometido es la glorificación

Jean-Jaques Rousseau, Genio Inquieto de la Ilustración y exhibicionista entusiasta, decía que a las chicas había que cortarles las alas desde bien temprano, pues así cumplirían de manera más natural con su papel innato de complacer a los hombres”.

En 1986, un hombre llamado barón de Coubertin reinstauró los Juegos Olímpicos. […] A su parecer, sería un espectáculo abyecto ver cómo las mujeres trataban de lanzar una pelota; aplaudiendo estaban más naturales”.

El cómic de Jacky Fleming no es solamente un texto imprescindible para explicar porque “el problema de las mujeres” no es de las mujeres, sino de una sociedad que las menosprecia y las excluye invariablemente desde hace siglos.

Por otro lado, el libro abre la puerta a conocer quienes fueron esas grandes olvidadas que, a pesar de no contar con las mismas ventajas que sus pares, lograron sobresalir. Descubrir, pues, quiénes fueron Mary Ball, Jane Austen, Marie Curie o Marianne North.

El problema de las mujeres, especialmente de las de hoy, es que El problema de las mujeres no es un libro para niños.

Aunque es una herramienta perfecta para explicar a los más pequeños los impedimentos fundamentales que éstas deben afrontar, la lacra que denuncian debe ser igualmente explicada –con paciencia y todo lujo de detalles, como si de un niño se tratara– a casi todo el mundo.

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