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No existe relación más intensa y cálida que la de un padre y su hijo

Dar cuenta del amor paternofilial parecía un tabú, pero el cariño que irradia el nuevo libro de Raúl Quinto ha venido a desmontarlo

Una vez dije mundo y el mundo se hizo carne pequeña, propósito. Mi hijo

 

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… es una mezcla de felicidad y miedo condensada en apenas 53 centímetros.

 

 

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El embrión contiene la especie: un túnel de luz animal, oscura y profunda como el sueño de las montañas.

 

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En el imaginario colectivo la relación entre un padre y un hijo se representa con dureza. No hay espacio para la ternura. Tampoco para las palabras bellas. Padre e hijo son en realidad sinónimos de risotada, de hierro, de puño-chocando-con-puño, de sudor. Como si las manos cálidas y el cariño estuvieran sólo reservados para las madres. Como si ellos no pudieran o no supieran expresar el chispazo de amor de sus entrañas. De su delicadeza. Pero eso es mentira. Es una imagen deformada y testosteronizada de un vínculo que ahora el poeta y narrador Raúl Quinto ha querido homenajear y reivindicar con su libro Hijo (La Bella Varsovia). Este híbrido de prosa, ensayo y poesía nace precisamente del parto de su propio hijo. Es una historia íntima pocas veces vista en la literatura. Una narración que abre nuevos caminos hacia la escritura de la paternida d. Esa que antaño fue tabú. Esa que hoy es tan real, tan tangible, tan hermosa.

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Mi hijo al otro lado del cristal de la incubadora, con la piel azulada por el reflejo. A mil años luz de mí. Ninguna palabra.

 

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Su mano asiendo mi dedo índice por acto reflejo, cerrando una alianza conmigo. Para siempre.

 

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El parto donde nació mi hijo. El universo cuya partitura ejecuta mi hijo naciendo. Contar eso. Aquí, porque sí.

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