Books

Los escritores de ciencia ficción que predijeron el futuro de Rusia

Se publica 'Ciencia ficción rusa y soviética: desde el siglo XIX a la Revolución', una recopilación de relatos que dice mucho del pasado, presente y futuro de Rusia

Si alguien te menciona los nombres de Bulgarin, Senkovski, Odóievski, Tsiolkovski, Fiódorov, Kuprín, Briúsov o Bogdánov, lo más probable es que no sepas de qué te están hablando.

Tal vez pienses que es la alineación de la selección rusa de fútbol, o la lista de supervivientes del Coro del Ejército Rojo tras el terrible accidente de avión sucedido hace unos días.

Pero no: son 8 enormes narradores de ciencia ficción que desde mediados del siglo XIX hasta principios del XX establecieron la tradición de la sci-fi soviética a la vez que fascinaron a un público creciente.

Con sus cuentos y novelas, estos escritores fueron capaces de reflexionar con ingenio sobre el pasado, el presente y los posibles futuros de su país, pero también supieron hablar de amor, de tecnología, de identidad, de ciencia... en definitiva, de aquello que nos hace humanos.

Rusia es un país extraño y algunas veces, casi indescifrable—como por otra parte, lo son todos los países—. No en vano, está gobernado por la férrea mano de Vladimir Putin, un ser que parece sacado de otro siglo y que sin embargo se ha demostrado un profeta de la posverdad.

Por ello no resulta extraño que Rusia haya sido durante mucho tiempo el caldo de cultivo perfecto para una serie de escritores que, sin perder de vista el material fantástico tradicional, comenzaron a escribir aquello que en Inglaterra ya estaba haciendo Mary Shelley con su Frankenstein y en Estados Unidos Edgar Allan Poe con algunos de sus cuentos macabros.

Ahora, la editorial Nevsky ha querido rendir con Ciencia ficción rusa y soviética: desde el siglo XIX a la Revolución un homenaje a esta olvidada corriente de la literatura. Nevsky —especializada en traer a España autores rusos— ha dejado la edición al cargo de James Womack, experto en traducción de lenguas eslavas.

En el libro se reúnen 8 relatos de autores representativos de esta tendencia de la ciencia ficción, y la fecha de escritura de los cuentos permite observar muy bien la evolución del género.

El recopilatorio, que contiene obras escritas desde el siglo XIX hasta la Revolución de Octubre de 1917, es el primero de los 3 volúmenes que cubrirán la historia del sci-fi ruso y soviético desde sus inicios a la actualidad.

El relato que abre este libro ("Fábulas verosímiles, o un viaje por el mundo en el siglo XXIX", DE Faddéi Bulgarin) fue escrito en 1824, solo 6 años después de la famosa novela de terror de Mary Shelley.

Aún presenta ciertos rasgos "premodernos" que lo hacen, desde luego, mucho menos relevante que Frankenstein —por momentos, se parece más a las narraciones de viajes maravillosos que encontramos en las crónicas de Indias, en los relatos de viajes al Lejano Oriente o en la novela griega y bizantina— pero la descripción de una sociedad imaginada en el siglo XXIX ya lo hermana con muchas de las creaciones posteriores del género.

Cuentos como "El viaje científico a la isla de los Osos", de Ósip Senkovski, presentan una visión interesantísima y tronchante del papel de la ciencia en la sociedad en época tan temprana como 1833: en él, dos científicos ridículos parten en una investigación enloquecida al norte de Siberia para encontrar los restos de una civilización perdida.

Sus fantasías pseudocientíficas se alían entre sí para que consiguan descifrar un falso jeroglífico que encuentran en una cueva y que supuestamente contiene la narración del fin de la civilización anterior tras la caída de un cometa. Claro, todo es posible cuando tu método es el siguiente:

—¿Cómo ha traducido los jeroglíficos?

—Los he traducido siguiendo a Champollion: cada jeroglífico es una letra o una figura metafórica, o no es ni figura ni letra, sino simplemente adorno en el trazo. Si no se saca el sentido por las letras, entonces...

—¡No quiero ni oír esa teoría de lectura— exclamó el naturalista—. Es burla al sentido común. ¡Me ha engañado!

—[...] Al revés, es usted quien me ha engañado. ¿Quién fue el primero en decir que eran jeroglíficos?

El cuento es muy divertido y pone sobre la mesa algunas de las preguntas acerca de los métodos científicos que luego se harían escritores de ciencia ficción de todo el mundo.

Y sin embargo, a estos relatos rusos de principios del siglo XIX todavía les falta algo que permita reconocerlos como la ciencia ficción que todos asumimos.

Más política que naves espaciales

A medida que avanza el siglo XIX, los escritores rusos empiezan a escribir dentro de un género mucho más constreñido estilísticamente: naves espaciales, sociedades futuristas, avances científicos impensables, extraterrestres con tentáculos... Todo ello empieza a hacerse necesario para que un cuento de ciencia ficción sea reconocido como tal.

Pero hay algo que distingue a los escritores rusos por encima de todos los demás cultivadores del sci-fi: su enorme interés en la política.

De hecho, resulta interesante que la ciencia ficción rusa fue más o menos underground hasta principios del siglo XX, cuando empezó a adquirir una enorme popularidad a medida que se atrevía con cuestiones más políticas.

Tal vez, la ciencia ficción fuera entonces especialmente importante, tal vez entonces sus mecanismos de género dieran pie a hablar de muchas de las cosas que preocupaban a los rusos. Situados en un inestableequilibrio de la historia, con una monarquía anquilosada y opresora a sus espaldas, y ante una enorme indignación obrera catalizada por el genio político de Lenin, los rusos se preguntaban cómo sería su futuro.

Dostoievsky y Tolstói, cuyas poéticas realistas habían triunfado el siglo pasado, ya no eran suficientes para comprender la inminente sociedad soviética.

Y entonces surgieron una serie de obras de ciencia ficción que planteaban estos debates en términos metafóricos pero que todos podían entender. Narradores como Nikolái Fiódorov, Valeri Briúsov o el más conocido de ellos, Alexander Bogdánov mantuvieron claros posiciamientos políticos: Fiódorov (de cuya existencia real duda) se declaraba "cristiano y antisocialista", Briúsov fue un decidido defensor de las políticas bolcheviques y Bogdánov, antiguo amigo de Lenin, criticó muchos aspectos del sistema soviético desde un posicionamiento marxista.

Todo ello se muestra en sus relatos, en sus distintas distopías, en las que crean sociedades futuras en las que, sin embargo, los problemas parecen muy actuales. El de Fiódorov, por ejemplo, se imagina un mundo en el que la familia tradicional ha sido sustituida por la promiscuidad y la reproducción controlada por el gobierno; Briúsov desarrolla una ciudad asediada por la misteriosa enfermedad de la contradicción; Bogdánov, estudia los conflictos que llevaría intrínsecos la realización completa del proyecto comunista.

Esta múltiple expresión de preocupaciones sociales, políticas y, en el fondo, humanas, hizo de la ciencia ficción "el modo literario más importante de la literatura en lengua rusa" en los primeros años de la Unión Soviética, según afirma James Womack en su prólogo.

Cuentos como "Justicia mecánica", de Alexander Kuprín — que, por cierto, parece un borrador algo tosco del relato de Kafka "En la colonia penitenciaria", al que precede en varios años— son joyas que hubieran permanecido desconocidas para el lector en español si no hubiera sido por la edición de Nevsky.

Por ello, por volver a sacar a la luz el pasado, el presente y el futuro de la Madre Rusia y de la URSS, la publicación de Ciencia ficción rusa y soviética: desde el siglo XIX a la Revolución es importante. Porque su pasado, su presente  y su futuro son, en cierta medida, también el nuestro.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar