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Este escritor se ha hecho famoso criticando a sus vecinos

Scott McClanahan: “Lo único que sé sobre la vida es que si vives demasiado empiezas a perder cosas”

No hay lugar para el chovinismo en la escritura de Scott McClanahan, uno de los escritores estadounidenses del momento.

Retratos crudos, párrafos cargados de oscuridad y rabia e imágenes grotescas sobre West Virginia, el estado en el que se ambientan sus historias, son algunos de los elementos más reconocibles de su escritura.

Es difícil imaginar un futuro en el que Beckley, el pequeño pueblo en el que vive, se llene de placas conmemorativas en las que ponga “Aquí nació Scott McClanahan”, “En esta casa se crio Scott McClanahan” o “En esta cafetería se tomó un Frappuccino Scott McClanahan”.

No sorprende entonces que la pregunta relativa a esa condición sea una constante en el inicio de casi todas sus entrevistas. Y no sorprende tampoco que sus respuestas sean ofensivas para los casi dos millones de habitantes de este estado: “No conozco a nadie de esta tierra que haga arte”.

“Esto va a sonar fatal, pero una vez le preguntaron a George Bernard Shaw donde le gustaría estar cuando llegase el fin del mundo y él respondió que le gustaría estar en la casa de su pueblo de Irlanda, porque está cincuenta años atrás en el tiempo. Tengo la misma sensación sobre West Virginia”, dijo McClanahan en otra ocasión.

Y nosotros también tenemos esa sensación: las noticias más recientes sobre West Virginia hablan de asesinatos, casos de racismo, un caballo que muere por tirar de un turista o un servicio funerario que está al borde del colapso por el aumento de las sobredosis.

Sea como sea, la ambientación, el menoscabo a uno de los estados más rezagados del país, supone una tesela más en el mosaico que hace de Scott un escritor influyente y atractivo para la crítica y los lectores.

Un escritor… y también un productor, y un músico, y un experto en artes marciales, y un cineasta. McClanahan no entiende cómo un escritor puede dedicarse sólo a escribir.

De hecho, su carácter ecléctico también le ha llevado a escribir una colaboración con el ilustrador español Ricardo Cavolo: The Incantations of Daniel Johnson es una biografía sobre un músico con raíces en West Virginia.

Como si le quemase el tiempo o como si necesitase que su personalidad se desbordase hacia más expresiones —culturales, deportivas o administrativas—, McClanahan está siempre en movimiento.

Y este movimiento es la fuente de la que beben sus novelas y sus relatos. De carácter moderadamente autobiográfico —no solo por el lugar en el que se desarrollan— sus obras acostumbran a tener algo de vivencias personales.

El ejemplo más inmediato es su última novela, The Sarah Book, el libro que le ha valido el elogio de los grandes medios en forma de creencia de que le ha servido para consagrarse como autor ya casi de culto.

The Sarah Book es la narración del epílogo del matrimonio con su exmujer tras quince años de relación y, como la mayor parte de su obra, está contado a través de un estilo simple y cautivador: “Sólo hay una cosa que sé sobre la vida: si vives demasiado empiezas a perder cosas”.

Simple y cautivador no sería la definición más compleja, ni la más precisa que ha recibido el estilo de McClanahan: “Es como sentarte con un amigo para que te cuente historias que son demasiado grandes, tristes o extrañas como para ser ciertas, pero que sabes que están basadas en hechos reales”.

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