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Como un tigre ejerciendo de cirujano, así es el realismo alucinatorio de Mo Yan

La editorial Kalias acaba de recuperar su novela 'El mapa del tesoro escondido'

Sería digno de tesis indagar en la tradición literaria para ver si es cierto que aquello de “somos lo que comemos” también se extiende a la ficción. Porque, en caso negativo, los escritores habrían estado esquivando una cuestión relativa a la esencia humana.

Pero en caso afirmativo -como en El mapa del tesoro escondido, el último libro publicado del nobel chino Mo Yan-, el autor estaría contestando a la pregunta planteada y su respuesta acercaría al ser humano a la verdad sobre la identidad.

Mo Yan se sirve de la tradición gastronómica china para ambientar y vehicular una conversación entre dos amigos de la infancia. El autor sitúa el diálogo en un bar tradicional de Beijing en el que ofertan jiaozi, raviolis chinos taxonomizados en la categoría de los dumplings.

El diálogo lo componen el narrador, de quien no sabemos el nombre, y Maeke, poseedor de una verborrea a ratos irritante. Maeke desmenuza el contenido de los jiaozi y lo analiza desde un prisma histórico y anecdótico. Así, la conversación se convierte casi en un monólogo.

Un monólogo en un viaje por la China más tradicional.

En este aspecto, el libro es una sucesión de nombres, lugares y personajes de ficción que fueron concebidos en sinogramas y no en grafemas.

También se incluyen elementos contemporáneos, como esta readaptación de una cita de Richard Nixon: “Si no has estado en Beijing, no puedes decir que has estado en China; y si no has probado el pato horneado a la pekinesa, no puedes decir que has estado en Beijing; y, por lo tanto, si no has probado el pato horneado a la pekinesa, no puedes decir que has estado en Beijing”.

Si bien es cierto que la lectura de Mo Yan resulta incomprensible si no es con un sólido aparato de notas a pie de página: los nombres y datos sonarán a chino a aquellos que no tengan referencias de una literatura que no ha penetrado en el mundo hispano.

Aunque, claro, esto es como el que viaja a Marruecos y sigue comiendo en el McDonalds -o como el que para conocer la literatura japonesa lee a Murakami-. Si la intención es empaparse de la cultura china, leer a Mo Yan es buena opción y El mapa del tesoro escondido una buena introducción a su universo.

Lo es porque las razones por las que recibió el Nobel de literatura en 2012 están aquí presentes: “un realismo alucinatorio que combina la historia, los cuentos populares y lo contemporáneo”.

"Realismo alucinatorio" es el nombre que recibe el estilo de Mo Yan. El nombre, indudablemente, bebe del realismo mágico, la técnica de escritura a la que se aproximaba el autor chino cuando era joven. En algunas entrevistas asegura, de hecho, que copiaba a García Márquez.

De este modo, el autor toma elementos de cuentos populares -en el caso de este libro un mito sobre bigote del tigre- y los combina con la realidad sociopolítica del país. A pesar de haber sido acusado de autor afín al régimen, su literatura incluye un componente crítico. Prueba de ello es que su novela Grandes pechos amplias caderas está vetada en su país.

Otra prueba, más velada, aunque presente en la novela, es la anécdota de un veterinario especializado en castrar cerdos que acaba trabajando como doctor. Mo Yan pone en boca de Maeke lo siguiente: “si tuviéramos tres cirujanos como él la población descendería a mínimos históricos y habría que suprimir la norma del hijo único”.

Mo Yan transgrede el estilo instaurado por los autores del boom latinoamericano. Y lo hace saltando de tema en tema sin abandonar la idea base, dotando de vida a cualquier elemento: todas las cosas tienen alma y son susceptibles de tomar decisiones propias. La alucinación ha vencido a la magia.

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