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Sexo tremendamente tierno para romper tabúes tremendamente dolorosos

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'Un extraño a la orilla del mar', de Kanna Kii, es una lectura breve e intensa sobre el tabú de la homosexualidad en la sociedad japonesa

Luna Miguel

03 Julio 2017 16:08

La escena es preciosa.

Mio pide permiso a Shun para introducirle uno de sus finos y largos dedos por el ano. Los dos suspiran. Gimen. Uno está encima del otro y Shun, algo molesto, le dice a Mio que no quiere dedo, que lo que quiere es tener su polla dentro.

La escena es preciosa, decía, porque es realista.

Porque desvela un momento íntimo y único que es ese en el que una pareja folla por primera vez. Un momento entre la delicadeza y la pasión del amor. Entre el cariño y el miedo de no saber si lo están haciendo bien. Entre la rapidez de las pulsaciones y la lenta ternura de no querer terminar nunca.

Mio y Shun se acarician los penes, y el dibujo de la mangaka Kanna Kii se muestra nuevamente sencillo y suave. Entre las manos de ellos, hay pequeños bultos que son sus prepucios, y que se escapan de entre sus dedos como si fueran animales o estuvieran hechos de agua.

La escena, además de realista y bella, también tiene algo de ensoñación.

Y si las páginas en las que se desarrolla tuvieran olor, este no sería el de la tinta del trazo de Kii, sino más bien el del salitre de esa playa que tanto protagonismo tiene en el cómic Un extraño a la orilla del mar.

Recientemente publicado en Milky Way, este manga es un nuevo asalto de la editorial española un género como el BL (Boy’s Love), que tan lentamente ha desembocado en las librerías de nuestro país, pero que tanta importancia tiene en Japón.


Quizá por la delicadeza y la ternura ya mencionadas, el manga debut de Kanna Kii, publicado originalmente en su país en 2013, se convirtió rápidamente en un éxito y la autora preparó una secuela publicada recientemente en Japón.

Muchos amantes del BL, además, han caído rendidos a los pies de la escurridiza Kii, y en 2015 la revista Ramen Para Dos consideró este primer tomo como una de las historias del género más interesantes del año.

Una primera lectura rápida de Un extraño a la orilla del mar desvela el por qué de este rotundo éxito.

Por un lado, su trazo es irresistible. Hay detalles en el dibujo que pueden dejar al lector absorto en algunas escenas. Como por ejemplo esa en la que sus protagonistas se besan por primera vez y entonces una mariposa se posa en el pelo de Mio.

Por otro, la historia, que aunque es dramática, carece de tremendismo y consigue presentar un lado de la sociedad japonesa que a veces es difícil de entender.

El manga de Kanna Kii presenta la historia de dos chavales que por la sola casualidad de toparse cada día en el mar acaban conociéndose y enamorándose. Uno de ellos, Shun, es aspirante de escritor y está en ese pueblo costero después de haber huido de su familia y de un padre que no aceptaba su homosexualidad.

El otro, Mio, es huérfano y tiene que marcharse del pueblo porque no soporta a la familia de acogida con la que vive. La única pena que siente por dejar ese lugar es que tendrá que abandonar a Shun. Mio cree que se ha enamorado de él, incluso si nunca se había planteado que un hombre le pudiera gustar.

Con toda su sencillez, Un extraño a la orilla del mar se convierte en un retrato un poco más complicado de lo que significa ser homosexual en las zonas rurales de Japón. Incluso si su cultura es abierta y permisiva con toda orientación sexual, también es cierto que en lugares que no son su capital, los japoneses son más reticentes a aceptar “lo diferente”.

En un vídeo bastante popular de los también populares administradores de Nekojitablog, esta pareja de youtubers trata de explicar por qué la sociedad nipona a veces es tan cerrada con la homosexualidad. Después de asistir a un curso de sexualidad en un centro LGTBIQ+ de Shibuya, llegan a la conclusión de que en Japón lo que molesta no es una orientación, sino el hecho de que esta se “airee”.

Por eso, cuando alguien en una oficina desvela sus gustos “privados” puede ser mal visto, porque a la oficina se viene a hablar de trabajo, y no de amor o de sexo.

Sin embargo, en el manga de Kanna Kii las tensiones son otras. Sus protagonistas el miedo lo llevan por dentro, y el tabú de reconocer su homosexualidad se palpa en el aire puro de la Okinawa que habitan.


Tanto es así, que incluso después de haberse declarado su amor, las dudas asaltan a Mio cuando aparece en la isla la que fue la antigua prometida de Shun —a quien éste nunca quiso—, una chica preciosa que sigue enamorada de él y que llega a su pueblo para contarle que su padre está enfermo. ¿Pero cómo preocuparse por un padre enfermo si este te ha rechazado previamente por ser quien eres? ¿Cómo querer regresar a tu lugar de origen si allí no queda absolutamente nada de ti?

Con dudas, pero también con la certeza de estar enamorados, los jóvenes deben decidir si lo mejor será dejar la isla y enfrentarse a una nueva vida con sus verdades por delante.

Es en ese momento, en las páginas finales de este tomo, cuando los cuerpos de Mio y Shun vuelven a juntarse en el mar. Y no hacen el amor, sólo se miran. Y Kii no dibuja sus sexos, sólo se les intuyen felices bajo la ropa.

Mio y Shun.

Shun y Mio.

Las gotas de mar que les salpican.

La escena que vuelve a ser preciosa.



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