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¿Se puede distinguir el sexo de alguien mirándole tan sólo una pupila?

3 poemas que explican el amor a quienes aún no han entendido nada

Erika Martínez ha publicado Chocar con algo (Pre-Textos) un libro en el que la reflexión sobre el feminismo, la intimidad, la confianza, el dolor y el sexo está presente en cada uno de sus poemas. Casi como si fueran ensayos en los que la emoción y la inteligencia van totalmente de la mano, estos textos de Martínez dan cuenta de que la poeta granadina ya es una de las firmas más importantes de su generación, por si no había quedado claro en anteriores libros como El falso techo o Lenguaraz. A continuación hemos seleccionado 3 poemas que explican el amor a todos los que quizá no sabemos si sabemos algo acerca de él:

CONDICIONANTES GENÉTICOS

Los predadores tienen pupilas verticales para pedir mejor las distancias.

Las presas las tienen horizontales para ganar en campo de visión.

Una oveja tumbada tiene algo de gato que camina. Una persona

Que corre tiene algo de presa tumbada.

¿Se puede distinguir el sexo de alguien mirándole tan sólo una pupila?

Somos pancromáticos, somos estereoscópicos y tenemos los ojos muy lejos del suelo.

EL CUIDADO

Los lápices que dejas de usar ruedan bajo los escritorios de las oficinas

sin que nadie se agache a recogerlos.

Cada vez que te agachas, aparece un burócrata que corre a darte un abrazo.

Los niños y los burócratas saben leer el aura. El abrazo de un niño te deja más sola.

Tienes tanta suerte que el trabajo y la familia te reclaman el

cumplimiento de la ley por medio del amor. Pero eres mala.

Soy mala. Descuidaría todo para cuidar de las palabras.

LUGARES QUE SE INVENTAN DE CAMINO

Nos gustaba impulsarnos de la mano

y salpicarnos todo el eros de política.

Como en aquella foto movida y entusiasta

que nos hicieron saltando en multitud.

Sólo después supimos adónde:

cada salto inventaba su lugar.

¿Y si rompemos esto —nos decíamos—

y luego lo volvemos dulcemente a construir?

Estábamos desnudos, estábamos furiosos

y queríamos llevarnos las sobras a casa.

Con el paso del tiempo

nuestros cuerpos detenidos

transparentaron el paisaje,

o nos caímos de la fotografía

por un agujero que nadie esperaba.

De lo que hicimos

queda el lugar, un aire eufórico

y algo hecho añicos que aún respira.

La historia cruje. Y la hostigamos.

Amor es una escala de violencia.

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