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China Miéville, un guerrillero de ciencia ficción para derrotar al fascismo

Una entrevista con China Miéville, político radical y autor británico de ciencia ficción y fantasía que acaba de publicar 'Los últimos días de Nueva París'

Si prestas atención a lo que se dice en algunos de los círculos más periféricos del mundillo literario, es posible que oigas susurrar su nombre: China Miéville.

No muy conocido entre el fandom hispano de la ciencia ficción, y casi ignorado por completo entre el público de la Literatura (con L mayúscula), la figura de China Miéville es, no obstante, una de las grandes responsables de la renovación del género en los últimos años.

Rapado, musculoso y con las orejas cubiertas de pendientes, Miéville parece un héroe cyberpunk que ha salido de la ficción para sacudirnos del letargo en que vivimos: y es que, además de un enorme creador de historias de fantasía —de monstruos, máquinas y ciudades—, Miéville es uno de los escritores más políticos que ha dado la ciencia ficción.

Alineado con el movimiento crítico del New Weird, China Miéville construye mundos complejos que le permiten hablar de temas que interesan a todos. Para él, arte y política son casi indistinguibles, una materia continua que se vuelve sobre sí constantemente.

Esto quizá se vea con más claridad en su última novela corta, Los últimos días de Nueva París (Nova), que tiene lugar en un París distópico ocupado por los nazis y en el cual ha habido una explosión de arte surrealista que ha transformado las enloquecidas creaciones de Max Ernst, Leonora Carrington o André Breton en seres vivientes.

En mitad de esta guerra entre el Surrealismo encarnado y las tropas nazis, Thibaut, el protagonista de la novella, tratará de salvar la ciudad a la vez que se salva a sí mismo.

Thibaut pertenece a los Main à plume —un grupo de artistas surrealistas, que existió históricamente, vinculado a la resistencia francesa— y junto a algunos miembros del movimiento tratará de derrotar a los nazis, aliados con el Infierno y sus demonios.

PlayGround ha viajado hasta Londres, ciudad en la que vive Miéville (y por la que se presentó a las elecciones en 2001), para hablar con él de Surrealismo, política, clase obrera, críticos estalinistas y videojuegos.

Los últimos días de Nuevo París es una novela surrealista y una novela sobre el Surrealismo. ¿Por qué?

Yo siempre he sido un gran admirador del Surrealismo, y de hecho ha sido mi principal interés artístico desde que era un adolescente. Ya hay referencias a él en mi primer libro, cuyo protagonista se llama Max Ernst.Este proyecto en particular —usar el Surrealismo como narrativa integral— nació como una idea para un videojuego ambientado en una guerra entre los nazis y la “encarnación real” de objetos surreales. Es una idea tonta y jugetona que nació de un juego que ni siquiera existe.

No creo que haya técnicas surrealistas, es más bien una ambientación y un homenaje. La narrativa es bastante lineal, no puro Surrealismo con collages y recortes. No sé si es posible seguir escribiendo Surrealismo.

Te iba a preguntar después por el parecido de la novela con los videojuegos, pero ya que ha surgido… ¿Habrá finalmente videojuego?

Quién sabe. A mí me encantaría, pero es muy difícil desarrollar un videojuego. La novela surgió de la biblia de un videojuego que yo escribí, con su ambientación y su historia. Lo literario vino luego. Me parecía una idea divertida, construir algo a partir del proyecto de un juego y con su misma estructura: batallas con jefes, subidas de nivel, cartas que se juegan, logros desbloqueados…Una de las facciones que más aparecen en videjuegos son los demonios y los nazis, y eso me permitió el placer de enfrentarlos con los surrealistas y así poder hacer un homenaje a los surrealistas que combatieron históricamente contra los nazis cuando el Reich invadió París.

Se llamaban los main à plume, ¿no?

Sí. Alguna gente pensó que yo me había inventado a ese grupo, pero los main à plume fueron un movimiento real. A mí me parece terriblemente conmovedor, porque buena parte de la resistencia estalinista se cagaba en sus propuestas: “estáis escribiendo poemas estúpidos y hay tareas más importantes que hacer”.Pero la cosa es que la resistencia surrealista hacía cosas importantes, los surrealistas eran miembros activos de la resistencia; ponían sus vidas en juego y, al mismo tiempo, escribían revistas y creaban arte. Estaban absolutamente comprometidos con la liberación. Yo no veo ninguna contradicción ahí, y me resulta muy poderoso y muy emotivo.Así que por un lado yo tenía la estructura ligera del videojuego, y por el otro la posibilidad de hacerlo como homenaje.

¿Qué relación hay entre los videojuegos y la literatura? ¿Son los videojuegos literatura?

La discusión acerca de si los videojuegos son arte o no me parece estúpida. Como si hubiera una “cosa” a la que puedas llamar arte. Creo que los videojuegos son un producto cultural muy importante. Ahora mismo estamos en un momento temprano del desarrollo artístico de los videojuegos, pero va a haber una enorme evolución posterior (sobre todo en el campo de lo interactivo, aunque no tanto como alguna gente cree).Son un tipo nuevo de cultura, y muy interesante. Yo no me siento cualificado para decir que son literatura, pero desde luego pienso que son arte en el mismo sentido en que lo son la literatura y la música. Muchos videojuegos serán una mierda, pero es que la mayoría de los productos culturales son una mierda.

No sé si conoces la polémica entre Julio Cortázar y el crítico marxista Óscar Collazos. La discusión surgió porque (simplificando mucho) Collazos afirmó en una revista que la revolución estética es contraria a la revolución política. ¿Qué piensas de esto?

Desconozco la polémica, pero apostaría dinero a que se trataba de un crítico estalinista. Hay una fuerte tradición que afirma “eso es demasiado difícil, no tiene sentido, es exclusivo y daña a la clase obrera”. Y yo respondería que, para empezar, ese punto de vista está radicado en un elitismo increíble y asqueroso.

Cuando alguien me dice: “yo te entiendo, pero la clase obrera no” me dan ganas de mandarlo a tomar por culo. Buena parte de la clase obrera es capaz de entender muchas más cosas de las que tú te piensas.En segundo lugar, afirmaciones como esa ignoran totalmente la tradición de la vanguardia obrera. Es una experimentación fantástica, maravillosa y honrada. Esta mañana, de hecho, estuve hablando con alguien sobre The Fall, la banda inglesa de postpunk, que son un ejemplo claro de esto.Decir que experimentar con la forma o con el lenguaje es preservar la burguesía es declararte derrotado desde antes de empezar. Y especialmente pensando en estos días, con Internet y demás. El argumento de que algo es demasiado difícil o demasiado indulgente solo revela una visión empobrecida de la cultura. Leer y aprender nunca ha sido tan fácil: con el plug-in correcto puedes pasar tu puto ratón por la pantalla del ordenador y obtener la definición instantánea de una palabra. ¿De qué se quejan, entonces?

[Spoiler] Al final de la novela, se revela que el verdadero peligro no viene de los demonios que controlan París sino del arte conservador (animado) que desata Hitler. ¿Deberíamos preocuparnos más por la literatura retrógrada que por el Infierno?

Me gusta cómo está formulada la pregunta, pero es un poco tramposa: creo que el placer de las metáforas literalizadas es que te permiten plantear ciertos juegos. A un nivel, yo no soy un lunático, no quiero sugerir que lo más peligroso a lo que nos enfrentamos es una mala acuarela. No soy idiota, es una metáfora literalizada. Pero sí que pienso que es verdad que hay una conexión importante entre la política y ese tipo particular de kitsch que hay en el art fascista. No creo que sea casualidad.Yo tenía otro final pensado para la novela y no estaba mal, pero de pronto encontré en Google las acuarelas de Hitler y, aunque ya las había visto antes, me quedé aterrorizado. Todo el mundo dice que Hitler era un muy mal artista. Y por supuesto, lo era. Pero hay muchos peores.No obstante, la forma concreta en que él reproducía la realidad y quería reconstruir el mundo me fascinaron. Desde luego, no puedes ver las pinturas sin pensar en todo lo que vendría después, así que yo intenté jugar con esto. En resumen, no es como si yo pudiera contestar a tu pregunta diciendo “sí, deberíamos estar asustados de los malos artistas”. La cuestión es que el arte nazi y su política están complejamente relacionados. La discusión estética del final del libro es una discusión política. Así que en cierta manera, en mi cabeza ambas cosas no son contradictorias.

1984 se ha convertido en un bestseller en EEUU después de que Donald Trump accediera al poder. ¿Estamos viviendo ya en una distopía?

Desde luego, yo creo que nos estamos aproximando a una época nueva y terrible. Aunque también creo que ya ha habido muchos elementos distópicos antes de Trump. Algo está cambiando: nos estamos deslizando a un tipo particular de catástrofe. Es importante medir la escala en que sucederá esto. Yo creo que va a ser gigante.Pero por otro lado, no estoy totalmente cómodo con la idea de que un interruptor acaba de ser encendido. Nos ha llevado 20 o 30 años llegar a esta situación, y si miras al pasado puedes ver cómo. Ahora mucha gente piensa que está viviendo una distopía, pero muchos ya han estado viviendo en un estado distópico. Y de ahí viene el poder de Trump.A pesar de todo, una de las cosas que más ha cambiado para mí es la ecología y el calentamiento global. Hace tres años tenía la sensación de “si no paramos esto será demasiado tarde”. Ahora pienso que ya es demasiado tarde. No significa que nos tendamos que rendir, pero la naturaleza ya ha cambiado. Estamos luchando por unos escombros, aunque hay maneras mejores y peores de vivir en ellos.

¿Qué debería hacer un escritor para cambiar las cosas? ¿Es suficiente con escribir?

No. Pero eso no se aplica solo a los escritores. Algunos escritores piensan que ya están haciendo un trabajo muy importante como escritores, y no digo que no lo hagan. Pero si eres alguien con intereses políticos radicales y quieres comproterte a cambiar las cosas, no hay sustitución posible para el activismo.

Para mí, la clave ahora mismo posiblemente sea la defensa de los migrantes y de los refugiados. Tanto en el Reino Unido como en toda Europa. No es un deber estar interesado en política, pero si lo estás, intervenir en movimientos ciudadanos y activistas como estos es indispensable. Escribir es importante, pero no lo es todo.

¿Es posible ser un escritor revolucionario y también una estrella pop, un escritor exitoso? Estoy pensando en perfiles como el de Slavoj Zizek. ¿Hay una contradicción ahí?

No lo creo. John Berger, por ejemplo, fue un activista y escritor profundamente radical. También intervenía en la televisión y gozaba de mucho éxito. Me parece un argumento poco convincente, una especie de nostalgia por lo underground que sugiere que por convertirte en alguien conocido pierdes diente político.Pero lo que sí es verdad es que la cultura y la industria cultura domestican a los radicales. Yo no digo que no haya presiones. Hay presiones evidentes: para que seas más comercial, para hacerte más “accesible”, para que seas “educado”… En cierto sentido, es la misma presión que cualquiera sufre cuando se hace mayor y gana algo más de dinero. Pero si tienes un perfil público esto se multiplica.Mantener una actitud política es agotador. Y cuanto más exitoso eres en un campo, mayores son las presiones. Pero no hay un umbral a partir del cual no puedes ser radical. Yo no pienso que haya un nivel concreto de éxito a partir del cual no puedas. Pero ¿tú qué crees?

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